New York Times Syndicate

Un restaurante icónico de Londres (a pesar de su comida)

Por décadas, el Gay Hussar, en el distrito Soho en Londres, ha sido el favorito de los políticos laboristas, ahora alrededor de 60 políticos de ellos se han unido para comprarlo.
New York Times Syndicate
06 marzo 2015 17:46 Última actualización 08 marzo 2015 5:0
restaurant castle Londres (NYT)

El restaurante húngaro Gay Hussar es el preferido de políticos ingleses del Partido Laborista (NYT)

LONDRES.-Hasta los seguidores más leales del Gay Hussar, un restaurante preferido durante décadas por la izquierda política londinense, reconocerán sus fallas.

Unos cuantos admiten que ellas incluyen a la comida.

Legisladores de la oposición al Partido Laborista se emocionan cuando los llevan al Gay Hussar, contó Kevin Maguire, el editor adjunto del Daily Mirror, de inclinación izquierdista, y parroquiano, “pero, por lo general, cuando nunca antes habían ido”.

No obstante, Maguire contó, al igual que muchos, que hace poco invitó a comer a una política, quien le respondió: “En ese caso, primero me comeré un sándwich”.

Sin embargo, ahora, el Gay Hussar está en venta y, de pronto, sus partidarios forman una legión. Alrededor de 60 políticos y periodistas se han juntado en la Cooperativa Goulash para tratar de comprarlo.

Cuando se inauguró en 1953, el restaurante húngaro era una adición exótica al distrito Soho en Londres, y muchos todavía disfrutan su cocina sustanciosa. Sin embargo, no es una buena opción para los vegetarianos ni para quienes siguen una dieta baja en carbohidratos.

Los “dumplings”, panqueques y gulasch son una característica prominente en el menú; los vegetales, bastante menos (excepto por la col roja). Y también está la especialidad de la casa, sopa fría de cereza silvestre, un aperitivo que sabe a una malteada dulce y afrutada.

Durante décadas, ha sido la comida con la cual personajes del Partido Laborista y los sindicatos han debatido, intrigado y chismeado. La mayoría de las más grandes figuras del movimiento laborista han comido en este restaurante y fue un favorito de varios de los que fueron dirigentes laboristas, incluidos Michael Foot y Neil Kinnock.

Henry Kissinger estuvo entre las luminarias visitantes. Personajes literarios como T.S. Eliot cenaron en el Gay Hussar. Y, cuando se hizo un esfuerzo fallido por tentar a un joven Mick Jagger para integrarse a la política laborista, fue aquí donde trataron de seducirlo.

Sin embargo, el Gay Hussar cayó de la gracia en los 1990, cuando Tony Blair llevó al Partido Laborista hacia la derecha y a sus seguidores “fashionistas” de la comida los atrajeron restaurantes más lustrosos, más elegantes y algo más sanos.

El Gay Hussar también ha sufrido por la desaparición de una tradición en el periodismo político británico: las prolongadas comidas avivadas con el licor. “La gente no tiene tiempo”, dijo Maguire, “y los periodistas tienen que estar sobrios por más tiempo en el trabajo”.

Sin embargo, las comidas políticas todavía no han muerto del todo, y quienes luchan para salvarlas incluye a Tom Watson, el presidente honorario de la Cooperativa Gulasch y promitente legislador laborista, conocido por sus campañas en contra de las escuchas de los periódicos de Rupert Murdoch y por ser campeón de casos de víctimas de abuso sexual infantil.

Menos conocido es su apodo, “Tommy Two Dinners” (Tommy el dos cenas) que se acuñó después de una comida en la que se bebió mucho y, de alguna forma, se fusionó con la cena. Bebiendo vino húngaro color rubí, Watson recordó cómo, entre ambas comidas, durmió una siesta de una hora en un piso arriba del restaurante, y luego lo revivieron con “menta fresca y una copa de champán”.

Poco ha cambiado en las últimas décadas, excepto por la adición de docenas de caricaturas de políticos, elaboradas por Martin Rowson, un caricaturista en The Guardian y director de la Cooperativa Gulasch.

Watson, quien aparece en al menos tres dibujos, nombró a un puñado de legisladores laboristas que vienen aquí, pero no al dirigente, Ed Miliband. “Ha estado aquí, pero es parte de esa generación que no come, particularmente”, dijo Watson.

John Wrobel es el gerente de Gay Hussar desde 1988
  

   

Restaurant Castle Londres (NYT)

Durante una comida de “dumplings” de pescado, seguidos de panqueques de pollo, reconoció que la cocina puede ser pesada.
“Si alguna vez conseguimos el lugar, una de las cosas que vamos a poner en el menú es una opción más ligera”, comentó Watson.

Rowson dijo que los planes de la Cooperativa incluyen mayor uso de los pisos superiores del edificio para actividades literarias y políticas para capitalizar su historia única.

El fundador del Gay Hussar, Víctor Sassie, murió en 1999, cuando ya lo había vendido. Los dueños actuales, los Hoteles Corus, lo colocaron en el mercado porque tiene pérdidas y no es parte de su negocio central.

“Hemos mantenido funcionando a este pequeño restaurante icónico durante años”, comentó Andrew Clayton, el director administrativo de Hoteles Corus. “Y ha estado perdiendo dinero por un par de años, así es que creo que nos merecemos algo de crédito por ello”.

El precio inicial es de 500 mil libras (772 mil dólares) por una licencia que vence en el 2022. Corus ha rechazado el ofrecimiento de 225 mil libras que hizo la Cooperativa, por el momento, la única.

Clayton dijo que Corus quiere “un poco más” por el restaurante, pero no tiene “planes de cerrarlo”.

Según Watson, la oferta de la Cooperativa Gulasch “ya está por arriba del valor del mercado”. John Wrobel, el gerente de Gay Hussar desde 1988, lo expresó en forma más colorida: el precio inicial de 500 mil libras tendría mayor sentido económico solo “si el ayuntamiento también nos diera la licencia para burdel”, dijo.

Wrobel ha atendido a muchos políticos prominentes. Es famoso que una vez se apresuró a ayudar a un miembro de la Cámara de los Lores que se había derramado comida sobre los pantalones. Al estar dando palmadas sobre la prenda con una tela, desafortunadamente, Wrobel soltó algún elástico, dejando expuesto el trasero desnudo del cliente.

Algunos culpan del declive del Gay Hussar al gran personaje del odio hacia la izquierda laborista, Blair. A principios de los 1980, Blair habló de sus propios planes para contender para un escaño parlamentario con una legislador laborista sénior durante una comida aquí. Sin embargo, se lo vio pocas veces después de eso.

“Los blairistas querían ensaladas; la cocina húngara no es para ellos”, dijo Maguire. “Y a los blairistas no les gustaba beber. Una de las cosas del Gay Hussar es que puedes beber y no te sacan”.

Así es que el Gay Hussar, otrora tan popular en ambas alas del laborismo que a los comensales les preocupaba quién estaba escuchando en la mesa de junto, se convirtió en refugio de una izquierda asediada, “el antiguo laborismo”.

Los devotos que siguen siendo leales, incluso desde lejos, incluyen a Mark Seddon, el exeditor de Tribune, una publicación de izquierda. Comentó que llegar al restaurante era “como entrar en tu propia sala con tus mejores amigos y, a veces, con personas a las que habían invitado; que es probable que se hicieran amigas”.

Ahora que trabaja en Naciones Unidas en Nueva York, Seddon dijo que tiene fabulosas opciones para cenar en Manhattan, pero sigue añorando el gulasch y la col rellena. “Si tuviera la opción, iría a Gay Hussar”, comentó Seddon y añadió que hacía un llamado a “los comensales del mundo a unirse” para salvarlo.

“Tienes todo que perder”, agregó, “incluida tu sopa de cereza”.

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