New York Times Syndicate

Un pútrido olor a oportunidad millonaria

Rubicon Global, no sólo actúa como un centro que conecta a empresas con camiones de basura y a las recicladoras que manejan sus desechos sino que también los empuja hacia la responsabilidad ambiental para convertir a la basura en productos reciclados.
David Zax
07 noviembre 2014 16:57 Última actualización 08 noviembre 2014 5:0
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Basura

Nate Morris es el dueño de Rubicon Global, empresa que conecta a camiones de basura y a recicladoras para que manejen sus desechos. (NYT)

NUEVA YORK – Nate Morris estacionó su Toyota Prius rentado en un espacio de estacionamiento afuera de Bavarian Waste Services, una compañía de manejo de desechos en la localidad rural de Walton, Kentucky. Al descender del auto, inhaló el olor pútrido que se desprendía del relleno sanitario de Bavarian. “¿Huele eso?”, dijo con una sonrisa. “Huele a oportunidad”.

En un elegante saco deportivo azul marino, estaba demasiado atildado para una visita al depósito de basura. Pero Morris, de 33 años, se mueve entre dos mundos. Su compañía, Rubicon Global, actúa como un centro que conecta a empresas con camiones de basura y a las recicladoras que manejan sus desechos.

Morris podría estar visitando un relleno sanitario en la mañana, pero podría tener una cita con un ejecutivo de una empresa de la lista Fortune 500 posteriormente en el día. Incluso podría tener una reunión con un amigo, el senador estadounidense Rand Paul, un republicano de Kentucky, para quien Morris funge también como importante recaudador de fondos.

Los dueños de Bavarian saludan a Morris como si fuera un dignatario de visita. En los años transcurridos desde la fundación de Rubicon en 2008, ha conseguido el control de los contratos de manejo de desechos de importantes corporaciones, incluidas varias incluidas en Fortune 500.

Supermercados, cadenas de abarrotes y hospitales usan a Rubicon. Under Armour, la compañía de ropa, es su cliente, así como 7-Eleven. A través de una combinación de “big data” y subastas en línea de contratos de transportación, Rubicon dice que reduce las cuentas de manejo de desechos de los clientes en entre 20 y 30 por ciento.

Y, dice Morris, ayuda al medio ambiente en el proceso. Para comprender lo que hace Rubicon, ayuda entender un poco la industria de la basura. En todo Estados Unidos, millones de compañías están creando basura, incluidos desechos alimentarios, cartón, plásticos y varios materiales más. Estas compañías contratan a empresas de manejo de desechos para que recojan la basura y la transporten a un relleno sanitario.

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RUBICON, CONSULTOR DE DESECHOS

Dos grandes compañías nacionales, Waste Management y Republic Services, dominan el mercado, siendo dueñas de flotas de camiones y cientos de rellenos sanitarios. Miles de transportadores de basura regionales más pequeños llenan los huecos. Rubicon, con sede en Atlanta, no está en el negocio del transporte de basura. Rubicon no posee un solo camión o depósito de basura. Más bien, las compañías contratan a Rubicon como una especie de consultor de desechos.

Empieza realizando un proceso de licitación en línea para los contratos de desechos de sus clientes, fomentando la competencia entre las empresas de manejo de basura y reduciendo sus precios. Rubicon también estudia los desechos de sus clientes en busca de novedosas oportunidades de reciclaje, conectando a las empresas con recicladores que ven el valor oculto en la basura.

Para una cadena de pizzas nacional, Rubicon determinó que gran parte de su masa sobrante podía ser procesada como etanol. Para un supermercado regional, Rubicon descubrió que 400 mil uniformes viejos de la compañía podían ser despedazados y revendidos como relleno para camas de mascotas.

Los contenedores sellados que transportan mariscos para una empresa fueron reutilizados para transportar semen de toro para otra. Así que, más allá de ahorrarles dinero a sus clientes, Rubicon puede empujarlos hacia la responsabilidad ambiental al desviar los desechos de los rellenos sanitarios para convertirlos en productos reciclados.

Las posibilidades para ganar dinero son enormes, según algunas estimaciones. Un reporte de As You Sow, un grupo que promueve el reciclaje, calculó que solo en 2010, en la categoría especifica de materiales de empaque, se perdieron materiales con valor de 11 mil 400 millones de dólares en los rellenos sanitarios. Según un informe publicado por Waste Business Journal en 2012, la industria de la basura en general tenía un valor de 55 mil millones de dólares.

Cifras como éstas explican cómo, donde otros arrugan la nariz, Morris huele oportunidades. Morris fue criado por una madre soltera y sus abuelos maternos en Louisville, Kentucky. Su abuelo era un líder local del sindicato United Automobile Workers.

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MORRIS, POLÍTICAMENTE ACTIVO

En bachillerato, una columna fracturada hizo descarrilar la prometedora carrera de Morris en el fútbol americano, y empezó a enfocarse en otros intereses, como la política. En la Universidad George Washington, esa política empezó a girar hacia la derecha. Fue becario de la representante estadounidense Anne Northup (quien ya ha dejado el Congreso) y del senador Mitch McConnell, ambos republicanos de Kentucky, y trabajo en lo que entonces era la nueva Oficina de Seguridad Interna de la Casa Blanca. (Morris organizó recientemente una colecta para McConnell, quien se estaba postulando para la reelección.)

En 2004, Morris se convirtió en uno de los recaudadores de fondos jóvenes más exitosos de George W. Bush. La política es una parte importante en la vida de Morris, pero sabía que quería ganarse la vida en los negocios. Especialmente se deleita con las historias emprendedoras como la del Coronel Harland Sanders, quien construyó su imperio KFC a partir de un modesto restaurante a orillas de la carretera.

“Me encanta la historia del empresario artífice de su propio éxito porque esperaría que fuera mi historia”, dijo Morris. Mientras estudiaba en la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales en Princeton, se acercó a un viejo amigo, Marc Spiegel, para explorar ideas de negocios. Era poco después del desplome del mercado en 2008, y Morris temía que sus perspectivas de empleo fueran limitadas.

Spiegel, cuya familia había estado transportando basura por generaciones, procedió a dar a Morris una educación en la industria de los desechos. Aprendió que las compañía de transporte más grandes, como Waste Management, también eran dueñas de rellenos sanitarios; de hecho, cosechaban muchas de sus utilidades de las tarifas que cobraban por el uso de estos depósitos de basura.

“Todos los incentivos”, dijo Morris, “se centraban en rellenar los depósitos de basura para crear ingresos”. Se dio cuenta de que si trabajaba a nombre de las empresas para encontrar ingresos desviando desechos de los rellenos sanitarios, alinearía las utilidades con resultados pro ambientales. “Sentimos que el mercado podía guiar en el tema ambiental”, dijo.

Morris usó sus tarjetas de crédito personales para reunir para un sitio web y pagar los trámites legales básicos, luego contactó a otro amigo de Kentucky: Hank Dudgeon, un exitoso agente inmobiliario en Washington que es ahora el director de desarrollo de negocios de Rubicon. Dudgeon usó sus conexiones para presentar a Morris con el director ejecutivo de la importante cadena de pizzas nacional mencionada arriba (a la cual Morris declinó mencionar a petición de la compañía).

“Dije algo como: 'Quiero su contrato de basura’”, recordó Morris, y el intrigado ejecutivo de la cadena de pizzas respondió: “Nadie me ha pedido eso antes”. Morris explicó al ejecutivo las diversas maneras en que pensaba que Rubicon podía reducir la factura de manejo de desechos de la compañía, y salió con el contrato. Una inversión crucial provino de John Ashcroft, quien era procurador general de Bush.

La inversión abrió las puertas para hacer negocios con un importante minorista, y eso, a su vez, atrajo la atención de un hombre al que Morris llama “el Michael Jordan de la basura”: Perry Moss, quien estaba trabajando para un intermediario de la basura llamado Oakleaf Waste Management. La industria de la basura ha tenido desde hace tiempo intermediarios que trabajan para reducir los costos de transporte para los clientes. Pero cuando Oakleaf entró en la escena a mediados de los años 90, modernizó este segmento de la industria, introduciendo un sistema de facturación en línea y guiando a los clientes hacia el reciclaje.

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LA EXPANSIÓN DE RUBICON

Oakleaf se volvió tan explosivo que captó la atención de Waste Management, que lo compró en 2011. Pero Moss, cuya pasión era el reciclaje, sintió que sus valores no se alineaban con una compañía que invertía tan fuertemente en los rellenos sanitarios como Waste Management. Así que se unió a Rubicon como presidente en mayo de ese año.

La contratación de Moss puso a Rubicon en el camino de atender a clientes en los 50 estados de Estados Unidos, así como Canadá y Puerto Rico. Además de grandes marcas como 7-Eleven, compañías menos conocidas con enorme impacto han contratado a la compañía.

Un cliente es Martin-Brower, que entrega 520 millones de cajas de productos a 18 mil restaurantes anualmente y es un importante distribuidor de McDonald’s. Steve Kinney, vicepresidente de Martin-Brower, dijo que la experiencia de Rubicon le había ayudado a deshacerse más eficientemente de desechos orgánicos, cartón y película transparente.

Al proclamarse ambientalista, Morris sabe que no encaja en el estereotipo. Pew Research encontró el año pasado que aun cuando 69 por ciento de los demócratas llamaba a la protección del medio ambiente una prioridad, solo 32 por ciento de los republicanos coincide. Morris dijo sobre el ecologismo: “Sentí que era un tema que muchas personas dentro de mi propia convicción política han perdido, y que siento que debería ser nuestro tema”.

Añadió: “El principal motor del cambio ambiental no deberían ser el gobierno o las ONGs; debería ser el mercado”. Eso, al menos, es con lo que Morris está contando mientras trata de aplicar las elegantes herramientas de Silicon Valley a los montones de basura putrefacta de la zona rural de Kentucky y otros estados.

Es una visión improbable, y sigue descubriendo que requiere una extensa explicación. Conduciendo desde el relleno sanitario de Bavarian Waste, recordó la reacción de su madre cuando le habló de su naciente negocio. “No te imaginaba como el hombre de la basura”, recordó que dijo suspirando. “Podías haber hecho eso saliendo del bachillerato”. Eso fue hace años. “Se ha convencido”, dijo.

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