New York Times Syndicate

Un poblado siberiano se atribuye ser la cuna de la humanidad

La cueva Denísova, anclada en un valle de las profundidades de Siberia, es el único sitio de la Tierra donde se han descubierto huevos de tres tipos de humanos primitivos, hecho que sus habitantes esperan impulse la fortuna de su pueblo.
New York Times
29 octubre 2016 20:48 Última actualización 30 octubre 2016 5:5
poblado

(NYT)

El humo de la madera pende como una niebla sobre este poblado, anidado en un valle de las profundidades de Siberia. Las casas de troncos se inclinan en ángulos desgarbados, los perros ladran en el patio y las vacas recorren las calles polvosas en medio del tañido de sus cencerros.

Pintoresco y pobre al mismo tiempo, Soloneshnoye, al igual que gran parte de la Rusia rural, fue pasado por alto por el auge y la caída del petróleo en el lejano Moscú.

Sin embargo, a pesar de todos sus males, el pueblo quizá encontró su boleto en otra forma de combustible fósil: la prehistoria humana, vinculada con el descubrimiento de antiguos huesos en la región.

Según un modelo de evolución que está surgiendo, y que cuenta con amplio apoyo de los científicos, varios tipos de humanos primitivos, el neandertal entre ellos, se cruzaron y dejaron sus huellas genéticas en muchos hombres contemporáneos. Es una teoría conocida en la bibliografía científica como “la mezcla de humanos arcaicos y anatómicamente modernos”.

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Pieza por pieza, el hueso de un dedo de la mano por aquí, el hueso de un pie por allá, la cueva Denísova de las cercanías ha estado entregando pistas que han fundamentado esta narrativa científica. Y ha dado origen a la esperanza de que la industria turística y las conferencias científicas le den un impulso a la fortuna del pueblo.

“Cada año encontramos algo interesante”, afirma Aleksandr S. Voronov, el alcalde del pueblo. Precisamente el verano pasado, la cueva produjo un nuevo hallazgo: la aguja más antigua que se conoce en el mundo. “Mientras más encontramos, más interesantes se ponen las cosas”, aseguró.

Los descubrimientos representan lo que los científicos dicen que hace único a este lugar: este es el único sitio de la Tierra donde se han descubierto huevos de tres tipos de humanos primitivos, neandertales, el homínido de Denísova y el homo sapiens. Eso, no obstante, no significa necesariamente que todos hayan vivido ahí al mismo tiempo.

La región todavía tiene un largo camino por recorrer para representar un desafío significativo a las cavernas de Lascaux, en el sur de Francia. Hasta ahora, el pueblo ha abierto un ala de paleoantropología en su museo y el gobierno regional planea pavimentar el camino a la cueva Denísova.

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A lo largo del camino brotó una atracción con tema cavernícola. Llamada “Cuna de la humanidad”, muestra varios tipos de habitantes de las cavernas _ peludos, de dientes salidos y de grandes ojos _ con información sobre su transformación de criaturas simiescas a humanos más reconocibles. La exhibición capta el extraño traslape de la evolución que permitió la cruza.

Cerca de la cueva se abrió una hostería para visitantes y científicos. A unos kilómetros de distancia, otra hostería ofrece un retiro para remojarse en una tina con un baño medicinal tradicional mongol, en agua con astas de venado fermentadas. Y se está construyendo una hostería más.

En los meses de verano, los vacacionistas llegan en camión procedentes de toda Rusia. Recientemente llegaron unos turistas holandeses en una furgoneta.

La aguja que se encontró hace unos meses tiene 50 mil años de antigüedad y es un ejemplo fascinante del ingenio humano. Pero ese no es el principal atractivo de la cueva Denísova.

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La caverna _ de 269 metros cuadrados _ se ha convertido en un centro de estudio sobre la cruza entre homínidos antiguos.

El genoma de neandertal más completo que se ha decodificado a la fecha provino del hueso del dedo de un pie encontrado ahí. Y los huesos de un nuevo tipo de homínido, el de Denísova, hasta ahora solo se han encontrado en esta caverna, la cual les dio su nombre.

En 2010 se hizo la secuencia del genoma de la falange de una niña, lo que reveló que el homínido de Denísova se apareó con humanos modernos, aunque no necesariamente en ese lugar. Los melanesios y los aborígenes australianos modernos tienen un pequeño porcentaje del genoma de Denísova.

Todos los humanos modernos que no descienden de africanos tienen de 1 a 2 por ciento de genes de neandertal. Aunque es probable que sea el resultado de encuentros en el Medio Oriente o alguna otra parte, el genoma del hueso del dedo del pie encontrado en la caverna Denísova arrojó más luz sobre esta cruza.

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“Es un sitio en extremo importante”, comentó en entrevista telefónica Svante Paabo, genetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, que hizo la secuencia del genoma de Denísova.

“Una lección es que los grupos humanos siempre se reunieron y se mezclaron entre sí”, indicó. “Desde un punto de visto de la antropología molecular, este es el sitio más importante del mundo.”

La evidencia genética en los humanos modernos no es concluyente sobre los detalles, según Paabo, pero la ausencia de rastros neandertales en el ADN mitocondrial materno apunta a que los neandertales masculinos se aparearon con las mujeres humanas.

“Nadie mira con horror estos antecedentes” de la historia humana, afirma Voronov. “Así es como debió de haber sido. Ese es nuestro orgullo en esta región.”

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Rima Botukayeva, cosmetóloga, parece ofendida de que se planteen dudas sobre la evidencia genética de la cruza entre homínidos hace tanto tiempo.

“Si entre ellos existía el amor, han de haberse sentido atraídos uno al otro”, afirmó.

La caverna en sí ofrece pocas indicaciones de lo que realmente ocurría en su interior. Es mohosa y fría, aunque quizá una fogata y algunas pieles pudieron mejorar la atmósfera.

Visitarla es ver la historia humana descarnada: las excavaciones arqueológicas a través de casi 6.5 metros de sedimento revelan 22 capas culturales distintas a lo largo de 282,000 años de ocupación.

En una cálida tarde, los rayos del sol bañaban las salientes rocosas cercanas con un brillo dorado. El aroma de los pinos llenaba el aire y una corriente de agua murmuraba a unos cien metros de distancia. En esa tranquilidad, era fácil imaginar el atractivo de este lugar para aquellos que vivieron aquí en el pasado distante.

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