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Tragedia siria se combina con Shakespeare

La guerra en Siria ha dejado millones de refugiados en todo el mundo, muchos de ellos niños que hoy ven destrozado su destino. Sin embargo, el teatro y Shakespeare buscan enderezar el camino de estos pequeños que viven en un centro de refugiados en Jordania. 
The New York Times
12 abril 2014 18:46 Última actualización 13 abril 2014 5:0
Niños sirios durante la obra "El Rey Lear". (NYT)

Niños sirios durante la obra "El Rey Lear". (NYT)

CAMPO DE REFUGIADOS ZAATARI, Jordania.- En un tramo rocoso de tierra en esta extensa ciudad de casas de campaña y remolques prefabricados, el rey, vestido con vaqueros sucios y una capa hecha en casa, elevó su cetro de madera y anunció su intención de dividir su reino. Sus hijas mayores, usando coronas de papel y joyería de plástico, le prodigaron falsos elogios, al tiempo que la más joven habló con la verdad y perdió su herencia.

Así empezó una reciente adaptación aquí de “El Rey Lear”, una de las tragedias más populares del escritor inglés William Shakespeare
Éste fue el primer acercamientos de los 100 niños sirios con el elenco, son embargo, ya estaban profundamente familiarizados con la tragedia.

Todos eran refugiados que habían huido de la guerra civil en Siria.
Algunos vieron la destrucción de sus hogares. Otros habían perdido a familiares en la violencia. Muchos aún tienen dificultades para dormir y son paranoicos. Y ahora su casa es este campo de refugiados, un sitio de pobreza, incertidumbre y aburrimiento.

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 CUANDO EL ARTE INTENTA CURAR LA GUERRA

 

Siria

En un reflejo de la demografía de la mayor crisis  de refugiados de Siria, más de la mitad de los 587 mil refugiados registrados en Jordania son menores de 18 años, según informes de la ONU. Aproximadamente 60 mil de esas jóvenes personas viven en el campo Zaatari, donde menos de una cuarta parte asiste a la escuela con regularidad.

Padres de familia y trabajadores humanitarios temen que la guerra de Siria amenace con crear una generación perdida de niños que están marcados por la violencia y pierdan vitales años de educación, y que esas experiencias y desventajas los acompañen hasta la adultez.

La puesta en escena de “El Rey Lear”, la conclusión de un proyecto que se extendió durante meses, fue un intento por combatir esa amenaza.

“El proyecto de Shakespeare sirve para devolver la risa, la alegría y la humanidad a todos estos jóvenes”, afirmó el director de la obra Nawar Balbul, actor sirio de 40 años, conocido en casa por su papel en “Bab al-Hara”, drama histórico de enorme popularidad que fue transmitido a lo largo del mundo árabe.

En buena medida, la obra debe su producción a Bulbul. Mientras fumaba cigarrillos liados a mano y hablaba con el rostro animado de un actor teatral que nunca deja de interpretar un personaje, Bulbul describió su travesía de estrella de la televisión a director de niños.

Cuando estalló la insurrección siria en 2011, él se unió gustoso, presentándose en protestas en contra del gobierno, encabezando cánticos y atrayendo la ira de los servicios de seguridad. Prohibieron una obra que él produjo, al tiempo que un colega actor que apoyaba al gobierno le informó que él podía aparecer por televisión para rectificar su postura o esperar que lo arrestaran.

“Le dije que lo pensaría, y una semana más tarde yo estaba fuera del país”, recuerda Bulbul.

El año pasado, él y su esposa francesa se mudaron a Jordania, donde algunos amigos lo invitaron a él a que ayudara a distribuir ayuda en Zaatari. La visita lo expuso a lo que él llamó “la gran mentira” de la política internacional que no había logrado detener la guerra.
“Hay personas que desean volver a casa, y ellas son las víctimas mientras las grandes potencias pelean por encima de ellos”, señaló.

Niños que conoció en el campo le hicieron prometer que regresaría, y así lo hizo con un plan para demostrarle al mundo que los refugiados sirios menos afortunados podían producir el teatro más noble.

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INFANCIA TRÁGICA

 

Siria (NYT)


El sol brillaba intensamente el día de la representación, montada sobre un rocoso rectángulo de tierra rodeada por una valla de malla ciclónica coronada con alambrada de púas. Los 12 actores principales estaban parados en medio, en tanto el resto del elenco estaba parado detrás de ellos, un coro que suministraba comentarios y dramáticos efectos de sonido. El público estaba sentado en el suelo.

Cuando cada una de las primeras dos hijas de Lear lo engañó con falsos halagos en el elegante árabe formal, los miembros del coro gritaron “¡Mentirosa! ¡Hipócrita!”, hasta que las hermanas las hicieron callar.
Además, cuando la tercera hermana se negó a seguir el ejemplo, los miembros del coro gritaron “¡Honrada! ¡Justa!” hasta que el rey las mandó a callar.

En escenas posteriores, el rey fue interrumpido por el Bufón, quien llevaba puesta una peluca con los colores del arcoíris, al tiempo que ocho niños interpretaban una lucha coreografiada de espadas con tramos de tubos de plástico. Se incluyeron unas cuantas escenas de “Hamlet”, haciendo que fuera difícil seguir la trama. Además, en un punto dado, entró rugiendo una pipa de agua, sofocando las voces de los actores y cubriendo al público en una nube de polvo. Sin embargo, los espectadores no se incomodaron.

Tras el descenso de Lear a la locura y la muerte, el elenco rodeó al público, entonando triunfalmente “¡Ser o no ser!” en inglés y en árabe. Los concurrentes estallaron en aplausos y varias de las actrices principales rompieron en llanto. Bulbul dijo que se sentían abrumadas porque era la primera vez que alguien les había aplaudido.

Después de la puesta en escena, a medida que periodistas entrevistaban al elenco, los padres de familia hacían alarde del talento de sus hijos.

“Soy la madre del Rey Lear”, declaró Intisar al-Baradan cuando le preguntaron si había visto la obra. Ella había traído consigo alrededor de 20 parientes a la representación, dijo, agregando que su hijo también era un gran cantante.

Otros padres de familia describieron el proyecto como un inusual punto de luz en una sombría existencia en el campo.

Hatem Azzam, cuya hija Rowan de 12 años de edad interpretó a una de las hijas de Lear, señaló que la familia había huido de Damasco después de que fuerzas gubernamentales prendieran fuego a su carpintería.
“Éramos de un barrio rebelde, así que ellos quemaron todas las tiendas en la calle”, contó Azzam.

Él llegó a Zaatari hace un año con otros cinco familiares, pero uno de sus hermanos enfermó y murió al poco tiempo, y su anciana madre nunca se ajustó al clima del desierto y murió también.

Él dudaba en mandar a sus hijos a la escuela, temiendo que enfermarían en hacinadas aulas, impidiéndoles vagar por el campo porque no quería que ellos empezaran a fumar o aprender otros malos hábitos. Sin embargo, el proyecto teatral estaba cerca de casa y su hija estaba tan emocionada al respecto que él le permitió que fuera.

“La gente tiene oportunidades en la vida, y hay que aprovecharlas”, destacó Azzam. “Ella tuvo la oportunidad de actuar cuando era joven, así que eso pudiera facilitarle las cosas en el futuro”.

La madre de Bushra al-Homeyid, de 13 años, quien interpretó a otra de las hijas de Lear, dijo que la familia había huido de Siria luego que bombardeos del gobierno mataron a su sobrina y sobrino.

“El campo es una vida incompleta, una vida temporal”, dijo. “Nosotros esperamos que nuestro tiempo aquí sea limitado”.

Sin embargo, después de un año aquí, ella temía que su hija mayor, la cual cursaba el bachillerato, no estuviera preparada para asistir a la universidad.

Su hija menor, Bushra, sonriendo ampliamente y aún con su corona de papel amarillo puesta, afirmó que ella nunca antes había actuado, pero deseaba continuar.

“Me gusta creer que puedo cambiar mi personalidad y ser otra persona”, aseveró la pequeña.

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Siria (NYT)
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Siria (NYT)
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Siria (NYT)
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