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Sufres dolor de piernas, lee esto

La enfermedad arterial periférica o EAP es un padecimiento que millones de adultos mayores sufren, pero no lo saben; se caracteriza por un dolor en piernas al caminar, aun distancias cortas y puede provocar ataques al corazón o apoplejía.
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22 abril 2016 15:48 Última actualización 24 abril 2016 9:14
Millones de personas con dolor de piernas padecen la enfermedad arterial periférica.

Millones de personas con dolor de piernas padecen la enfermedad arterial periférica. (NYT)

Más de ocho millones de estadounidenses mayores tienen una condición que puede causar dolor de piernas al caminar, aun distancias cortas. No obstante, la mitad de ellos no lo sabe y, en consecuencia, no reciben tratamiento para ella, lo que los coloca en riesgo de un ataque al corazón, una apoplejía o algo peor.

La condición, llamada enfermedad arterial periférica o EAP, está marcada por arterias enfermas o bloqueadas en las piernas. Más de la mitad de quienes la padecen tales problemas circulatorios en las extremidades también tienen enfermedad coronaria o de la arteria cerebral, notó el doctor Iftikhar J. Kullo, un especialista cardiovascular en la Clínica Mayo, en “The New England Journal of Medicine” en marzo. El no diagnosticar y tratar las arterias bloqueadas en otras partes del cuerpo puede tener como resultado problemas más graves o hasta fatales, si afectan al corazón o al cerebro.

Podría parecer extraño que la gente que tiene dificultades serias para caminar distancias normales no se dé cuenta de que algo anda mal y lo atienda. No obstante, como notó Kullo, la EAP no se diagnostica bien, ni se trata bien. Y solo es factible que aumente la cantidad de casos de EAP, a medida que envejece la población, notó.

“Muchas personas limitan su actividad por otras razones, como problemas en la cadera, dolor de espalda o dificultad para respirar, y es posible que no se exijan lo suficiente para provocar los síntomas de la EAP”, comentó el doctor Paul W. Wennberg, un cardiólogo y especialista en enfermedades vasculares en la Clínica Mayo. O pueden pensar que es de esperar su limitada capacidad para el ejercicio dada su edad avanzada. Otros más, dijo Wennberg, “pueden tener solo una mínima enfermedad en las piernas o adaptan su estilo de vida a algo en lo que ya no notan los síntomas”.

En otras palabras, dado que caminar provoca dolor, es típico que las personas encuentren formas mil de evitar hacerlo.

Sin embargo, esta respuesta _ seguir siendo sedentarios _ es contraproducente, dijo Wennberg, porque el mejor tratamiento para la EAP es el ejercicio: caminar hasta el punto del dolor, luego descansar hasta que aminore, luego volver a caminar y repetir la secuencia hasta que se hayan caminado unos 20 a 30 minutos (sin contar los descansos) cada día.

Con este enfoque, Wennberg explicó, aumenta gradualmente la tolerancia al ejercicio mientras se forman vasos sanguíneos colaterales en las piernas que puedan compensar los bloqueos en las arterias principales.

Tal como es frecuente que los maestros tengan alumnos estrellas, Wennberg habla cariñosamente de un hombre que fue su paciente estrella. Cuando lo atendió por primera vez, el paciente, de 76 años, de Minnesota, presentaba la enfermedad arterial periférica tan grave que no podía caminar mucho más allá de su patio trasero. Aunque no era fumador, el hombre padecía enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que también limitaba qué tan lejos podía caminar.

No obstante, desesperadamente quería poder recorrer el sendero natural atrás de su casa, lo que lo motivó a seguir religiosamente las indicaciones del médico: caminar hasta que duela, descansar, luego caminar un poco más. Repetir varias veces al día.

“Consiguió una caminadora para usarla en su casa y caminaba afuera cada vez que podía”, recordó Wennberg. “En solo tres meses, había duplicado la distancia que caminaba, como se midió en una caminadora en el laboratorio, y pronto pudo caminar el sendero natural de una milla de longitud”.

La recta de hacer ejercicio no solo redujo el dolor en la pierna, sino que también mejoró su respiración. Juntos, estos beneficios le permitieron caminar la distancia deseada sin dolor ni fatiga.

Otro de los pacientes de Wennberg, Donovan Merseth, de 76 años, de Zumbrota, Minnesota, dijo que saca a pasear a sus dos perros cuatro o cinco veces al día, por lo que acumula caminatas diarias de cinco a 5.6 kilómetros. “Entre más activo estoy, mejor me siento”, dijo Merseth en una entrevista. “Camino a un paso moderado”, notó y llamó a su ejercicio “caminata de poder sénior”.

Diversos síntomas presentan otro bloqueo más para tener el diagnóstico correcto de una EAP. La incomodidad que causa “es más frecuentemente atípica que típica”, escribió Wennberg en la revista “Circulation”. “Se hacen descripciones como ‘cansado’ con mayor frecuencia que la de ‘calambres’, lo cual puede desafiar la capacidad del médico que examina para sospechar de una EAP como la causa de la incomodidad de un paciente.

Sugirió que los médicos pregunten: “¿Qué es lo más agotador que hace usted en una semana típica? ¿Hace algún ejercicio rutinario, como caminar? ¿Le duele cuando camina?

Una sencilla prueba no invasiva que se puede hacer en el consultorio de cualquier doctor, llamada índice tobillo brazo o ITB, puede revelar la probabilidad de la EAP. La prueba, que se lleva solo unos minutos, compara la presión sanguínea medida en el tobillo con la tomada en el brazo. La presión más baja en la pierna es un indicador de la EAP.

Se calcula el índice dividiendo la presión sanguínea sistólica (el número de arriba) en las arterias cercanas a los tobillos entre la presión sanguínea sistólica en los brazos. Un número bajo indica claramente un estrechamiento o un bloqueo en las arterias que suministran sangre a las piernas.

También se pueden realizar pruebas de seguimiento, como ultrasonidos de las arterias que llegan al cerebro. “Si existe un bloqueo en una zona del organismo, es factible que también lo haya en otra”, notó Wennberg.

No sorprende que los factores de riesgo de la EAP encajen muy cercanamente con los de la enfermedad cardiaca coronaria: fumar (actualmente o haberlo hecho), diabetes, presión arterial alta y colesterol elevado. Considere pedirle al médico que le haga la prueba ITB, si tiene 50 años o más, y presenta alguno de los factores de riesgos antes señalados, aun si no ha notado todavía algún problema al caminar (aunque es posible que el seguro no cubra el costo, si no presenta los síntomas).

No obstante, escribió Wennberg, es posible que la prueba ITB que se hace en descanso no registre la enfermedad arterial periférica en casi un tercio de los pacientes; es posible que requieran una ITB después de haber hecho ejercicio en una caminadora, para revelar el problema. Se debe tomar la presión sanguínea al minuto de haber dejado de hacer ejercicio.

Dados los mismos factores de riesgo, es más probable que los negros desarrollen la EAP que los blancos.

La edad promedio en la que la gente desarrolla la EAP es de 70 años, dijo Wennberg, y agregó que se presenta una década antes en personas con diabetes y hasta antes en los diabéticos que fuman.

Fumar incrementa cuatro veces el riesgo de desarrollar EAP y más de 80 por ciento de las personas con la condición son fumadores actuales o lo fueron.

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