New York Times Syndicate

Sudáfrica, la tierra de los apagones perpetuos

La empresa sudafricana de servicio público, Eskom, realiza apagones para prevenir un colapso de la red nacional de electricidad debido a su baja capacidad de generar energía.
New York Times Syndicate
10 julio 2015 17:9 Última actualización 12 julio 2015 5:0
apagones en Sudáfrica (NYT)

La demanda de electricidad en África se ha convertido en un importante problema internacional (NYT)

JOHANNESBURGO - En el oscuro y frío estacionamiento de un centro comercial, una familia suburbana apiñada alrededor de un carrito de compras compartía un bocadillo en una salida por la noche del viernes. Después de encontrar su restaurante favorito cerrado debido a un apagón, Buhle Ngwenya, con sus dos hijos y dos sobrinos, se conformaron con pasteles de carne de una de las pocas tiendas abiertas en el centro comercial.

“Es como la muerte, deshacerse de esta carga”, dijo Ngwenya, de 45 años de edad, refiriéndose a los apagones impuestos por la empresa de servicio público de Sudáfrica para prevenir un colapso de la red nacional de electricidad.

Con el invierno aquí en Sudáfrica, los peores apagones en años están sumiendo en la oscuridad tanto a residentes en distritos pobres como en suburbios acaudalados. Los cortes del suministro han enfriado la economía de Sudáfrica, la segunda mayor del África, y se prevé que sigan durante otros dos a tres años.

A pesar de una década de firme expansión económica, el África subsahariana sigue muy detrás en su capacidad de generar algo fundamental para su futuro - electricidad -, obstaculizando el crecimiento y frustrando sus ambiciones de ponerse al nivel del resto del mundo.

Toda la capacidad de generación de energía del África subsahariana equivale a menos de la de Corea del Sur, y una cuarta parte de ella es improductiva en cualquier momento dado debido a la vieja infraestructura del continente. El Banco Mundial estima que los apagones por sí solos redujeron el producto interno bruto de países subsaharianos en 2.1 por ciento.

El efecto paralizante sobre el África subsahariana estuvo de manifiesto hace poco en Nigeria, que superó a Sudáfrica como la mayoría economía del continente el año pasado.

La red de electricidad de Nigeria produce tan poca electricidad que el país funciona mayormente con generadores privados. Así que cuando una escasez de combustible se presentó repentinamente esta primavera, rápidamente siguió una crisis nacional, interrumpiendo el servicio de telefonía celular, cerrando temporalmente sucursales bancarias y dejando aviones en tierra.

La escasez de electricidad y apagones han proyectado una dura luz sobre funcionarios electos, causando creciente ira entre electores para quienes electricidad confiable supuestamente era un dividendo de la democracia y el crecimiento económico.

Los expertos dicen que el nombramiento de funcionarios que tienen conexiones políticas con escasa experiencia en la industria en la empresa sudafricana de servicio público, Eskom, ha dado origen a malos manejos justamente de la forma que lo ha hecho en otras empresas pertenecientes al estado.

“No es solo un símbolo de fracaso cuando las luces se apagan”, dijo Antón Eberhard, experto en energía y catedrático de administración en la Universidad de Ciudad del Cabo. “Es experimentado directamente por personas. Si estás a punto de cocinar o si tu hijo está estudiando para un examen al día siguiente y se va la luz, la gente siente esto de manera muy directa. Hay una expresión muy concreta y dramática del fracaso”.

La demanda de electricidad en África se ha convertido en un importante problema internacional. China ha tomado la delantera para financiar muchos proyectos de electricidad a lo largo del continente: en su mayoría, presas hidroeléctricas, pero también plantas de energía solar y granjas eólicas. Empresas privadas de Asia, Estados Unidos y Europa también están suministrando energía a un número cada vez mayor de países.

China también ha salido a la cabeza en el financiamiento de muchos proyectos de electricidad a lo largo del continente, al tiempo que productores de electricidad independientes ahora le están suministrando electricidad a algunos países.

Sin embargo, inversiones y cambios en el sector de electricidad en el continente aún deben producir ganancias considerables, y expertos pronostican que harán falta décadas antes de que el África subsahariana goce de acceso universal a la electricidad.

En su mensaje inaugural el mes pasado, el nuevo presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, dijo que los intentos de su nación por reformar su sector de electricidad “solo han traído oscuridad, frustración, miseria y resignación entre nigerianos”. Él destacó el servicio de electricidad poco confiable como el mayor lastre sobre la economía de su país.

Los dirigentes de Nigeria han prometido una oferta estable de energía desde el final del gobierno militar en 1999, gastando alrededor de 20 mil millones de dólares y desmantelando la Autoridad Nacional de Energía Eléctrica del estado, mejor conocida como NEPA; y ampliamente ridiculizada como “Nunca Esperes Electricidad Siempre”, en inglés.

Sin embargo, la capacidad generadora del país ha seguido prácticamente sin cambios, aproximadamente seis gigavatios para un país de 170 millones de personas. Estados Unidos, con 310 millones de personas, tiene una capacidad de más de 1,000 gigavatios.

“La mayoría de las compañías no tienen cuatro horas de energía al día de la red nacional”, dijo Akpan Ekpo, el director general del Instituto de Administración Financiera y Económica del Oeste Africano en Lagos, la capital comercial de Nigeria. "Si lo hacen, son afortunados’'.

Se cree que la mayoría de los 20 mil millones de dólares invertidos para reformar el sector de electricidad fueron a los bolsillos de funcionarios corruptos, dijo Ekpo.

''Con la llegada de la democracia, nos prometieron electricidad constante, o cuando menos mejor electricidad’', agregó. ''Pero, para nuestra gran sorpresa, la situación solo ha empeorado. En algunas partes de clase media de Lagos, la gente es afortunada si ahora tiene 30 minutos de electricidad al día’'.

La reciente historia de Sudáfrica de electrificación es más complicada, y ha sido tema de feroz debate a medida que la presente crisis de apagones se ha prolongado durante varios meses.

En los últimos años del apartheid, antes de que fuera elegido un gobierno democrático en 1994, la electricidad solo llegaba a un tercio de los hogares sudafricanos, pocos de ellos negros.

Bajo el Congreso Nacional Africano - cuya dirigencia ha gobernado desde esos días, a menudo prometiendo electricidad sin costo y otros servicios como parte de la nueva democracia del país -, 85 por ciento de los hogares ahora tiene electricidad, notable logro bajo cualquier parámetro.

El Presidente Jacob Zuma ha rechazado vigorosamente cualquier responsabilidad por la crisis de energía. La presión sobre la red, dijo, resultaba de la carga de llevarles luz a millones de hogares negros sin electricidad bajo el dominio de la minoría blanca.

''Es un problema del apartheid, mismo que estamos resolviendo’', dijo este año.

Sin embargo, expertos del sector de energía dicen que estos hogares, muchos de ellos de bajos ingresos, consumen poca electricidad. Más bien, dijeron, la escasez resulta de frecuentes descomposturas en viejas plantas y, de manera más crucial, la construcción demorada de dos nuevas instalaciones.

Incluso hasta 1998, un informe gubernamental advertía que sin nueva capacidad, el país enfrentaría serias carencias de electricidad para 2007. Un año más tarde, en 2008, Sudáfrica sufrió su primera serie de apagones escalonados.

Sudáfrica, que tiene la única planta de energía nuclear del continente, tiene alrededor de la mitad de la capacidad generadora de electricidad que el África subsahariana, casi 44 gigavatios. De cualquier forma, los cortes al suministro contribuyeron a un reciente descenso en el crecimiento económico y un aumento en el desempleo a 26.4 por ciento, el peor nivel en una docena de años.

Los apagones escalonados han afectado a todos desde gigantescas empresas mineras dedicadas al oro, pasando por fabricantes, hasta pequeños negocios e individuos.

Los sudafricanos ahora están comprando generadores, luces recargables y quemadores de gas. Planean sus días y noches alrededor de apagones programados por la empresa de servicio público. Dominando la lista sudafricana de populares descargas de aplicaciones están las que alertan a usuarios de teléfonos inteligentes del inminente comienzo de un corte de luz en su vecindario o el riesgo de uno a medida que la descarga a lo largo de la nación aumenta de la Etapa 1 a la Etapa 2 o Etapa 3.

Para Ngwenya, quien estaba compartiendo pasteles de carne con su familia en el estacionamiento, deshacerse de la carga no era solo sobre electricidad. Ella responsabilizó al Congreso Nacional Africano, el partido que liberó a Sudáfrica y ha conducido su rumbo desde ese día.

''Yo siempre apoyé al CNA’', dijo Ngwenya, quien creció en Soweto, distrito negro en las afuera de Johannesburgo, pero vive actualmente en un suburbio acaudalado. ''Sin embargo, cuando se trata de deshacerse de la carga, no lo sé. No es normal venir a un centro comercial y cargar una antorcha* como este hombre aquí’', dijo, apuntando a otro consumidor envuelto en la oscuridad.

''Para mí, este el mayor fracaso del CNA’', agregó. ''Incluso tenemos un nombre para eso, deshacerse de la carga. De una vez por todas, ¿por qué no dicen apagón?''

En Sandton, suburbio de Johannesburgo con comunidades cerradas y suntuosos centros comerciales, Junior Nji, de 38 años de edad, salió caminando de un Woolworth’s bien iluminado en un centro comercial por lo demás oscuro. Su esposa acaba de enviarle un mensaje de texto con la noticia de que su vecindario había quedado en sombras y no se molestara en hacer la compra.

''Deshacerse de carga buu’', le había escrito ella, usando un término cariñoso. ''Así no puede ser la vida’'.

Esa mañana, dijo Nji, él finalmente había decidido comprar un generador a diesel para su casa, y trabajadores habían venido a prepararse para la instalación. Pero Nji, arquitecto, estaba posponiendo planes para mudarse a una oficina más grande debido a los costos adicionales de equiparla con un generador. Él había estado planeando, dijo, contratar a otro arquitecto y un diseñador.

Le escribió un mensaje de texto a su esposa: ''Entonces vamos afuera a alguna parte. Ese restaurante chino pudiera estar bien’'.

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