New York Times Syndicate

Si no lo encuentras en el centro comercial, házlo tú mismo

Al darse cuenta que la industria de ropa interiror ha olvidado” al grupo niñas de edad de 11 a 15 años, Megan Grassell, a sus 18 años, ha dado los primeros pasos en fundar su empresa de brasieres para ese sector. 
Claire Martin
16 mayo 2014 21:38 Última actualización 18 mayo 2014 5:0
A sus 15 años lanzó lo que sería su primera empresa. (NY Times)

A sus 15 años lanzó lo que sería su primera empresa. (NY Times)

Como alumna de tercero de bachillerato, a Megan Grassell no le gustaban las opciones disponibles de brasieres para niñas y adolescentes. El mercado, creía, estaba dominado por los estilos para levantar con rellenos y varillas. Así es que el año pasado, Grassell fundó su propia compañía, Yellowberry, y empezó a hacer brasieres de colores vivos y apropiados para su edad.

A Grassell, ahora con 18 años, no solo le interesa unirse a las filas de emprendedores adolescentes. Sino también se inclina a cambiar la industria de los brasieres y empezar un movimiento social con su clientela. “No debería haber tanta prisa por crecer tan rápido”, comentó.

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OPCIONES INCÓMODAS

Su misión comenzó después de que, la primavera pasada, hiciera una expedición de compras con su hermana Mary Margaret, entonces con 13 años, en el centro comercial cercano a su casa, en Jackson Hole, Wyoming.

“Al momento de entrar en el probador, dije: 'Por Dios, no puedes usar eso”, contó Grassell que le dijo a su hermana, quien había ido por su primer brasier. Las opciones parecían incómodas y subidas de tono.

Grassell se sintió suficientemente frustrada como para actuar. Decidió diseñar un sostén para Mary Margaret que le inspirara confianza y que no fuera sexual pero sí cómodo. Grassell dijo que el nombre Yellowberry se refiere a una ciruela que todavía no está madura, lo que comparó con una adolescente.

Expresó que después de la experiencia descubrió que la industria de los brasieres “ha olvidado” al grupo de edad de 11 a 15 años. Aunque las compañías como Maidenform y Hanes sí fabrican sostenes de copa pequeña, para Grassell las opciones seguían siendo limitadas. “Uno puede encontrar un brasier que no tenga relleno ni levante, pero son pocos y muy espaciados unos de otros”, comentó.

Sin saber coser y mucho menos crear prototipos y muestras, Grassell empezó a investigar telas y bosquejar diseños. Pidió ayuda a su madre para ordenar los materiales y contrató a una costurera local que colaboró en los prototipos, y pagó todo con el dinero que ganó trabajando en los veranos.

Yellowberry empresa de brasieres. (NY Times)
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NO PERDIÓ LA OPORTUNIDAD

Grassell también buscó mentores en los círculos empresariales en Jackson Hole para que la asesoraran en tareas que todavía desconocía. Así, evitó lo que Sara Blakely, la fundadora de Spanx, una empresa de ropa interior, llamó una dificultad común para los jóvenes emprendedores.

Existe una ventaja real en ser vulnerable y pedir ayuda”, notó Blakely. “Muchas personas pierden esa valiosa oportunidad al tratar de ser más grandes de lo que son. Piensan: 'Tengo que hacer que parezca que de verdad sí sé lo que estoy haciendo’”.

Uno de los mentores de Grassell ha sido Stephen Sullivan, el cofundador de Cloudveil y fundador de Stio, que son empresas de ropa para el aire libre. Sullivan conocía la destreza de Grassell como esquiadora de carreras – actualmente es la campeona en eslalon y eslalon gigante del estado de Wyoming – y dijo que poco después de su primera reunión, pudo percatarse de que había diseñado una solución a un problema real. Si la idea se ejecuta bien, “realmente podría agarrar alguna parte del mercado”, comentó.

No obstante, Sullivan no doró la píldora en cuanto a los retos que enfrentaría Grassell para hacer que despegue su compañía. “Le di la versión de las cosas del abogado del diablo”, contó. “Le hablé de la administración del flujo de caja, los márgenes y todos esos detalles”.

Típicamente, a la industria del vestido la impulsa el volumen, y es difícil encontrar un fabricante dispuesto a hacer lotes reducidos de productos. Grassell reconoce que Sullivan la alentó a perfeccionar su prototipo hasta que fue una muestra pulida y lista para la producción.

Yellowberry la fundó una niña de apenas 15 años. (NY Times)
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EL MAYOR OBSTÁCULO

Cuando le contó a su madre, Lyn Grassell, que quería transformar la compra de brasieres de una experiencia estresante en una de empoderamiento para las chicas, se quedó atónita, inicialmente.

“Se acercó a mí y dijo: 'Quiero cambiar a la industria del brasier’”, dijo Lyn. “Pensé: '¿Estás loca? ¿Qué hay con las grandes tiendas, Victoria’s Secret y todo eso?'. Todos son tan poderosos y aquí está esta chiquilla”.

Que los tomen en serio en el mundo empresarial puede ser el mayor obstáculo para los jóvenes inventores y empresarios. Y si bien los rechazos abruptos son un hecho de la vida para los nuevos dueños de negocios de todas las edades, suenan pocas veces como los que Grassell contó que recibió unas cuantas ocasiones cuando buscó ayuda externa. Una reacción típica fue: “Oh, querida, ¿por qué no terminas el bachillerato primero y luego piensas en eso?”.

Grassell estaba resuelta. Cuando diseñó los sostenes, utilizó a Mary Margaret y a sus amigas como un grupo focal informal, y les pidió que intervinieran en cuanto a los colores y retroalimentación sobre cómo les quedaban.

En febrero, llegó el primer lote de brasieres Yellowberry a la casa de Grassell procedente del fabricante en Los Ángeles. Ella empezó a venderlos por internet en entre 29.95 y 42.95 dólares. Declinó revelar las ventas totales, y solo dijo que se agotaron los primeros tres lotes de pedidos que le hizo al fabricante.

Yellowberry ofrece una línea de brasieres para niñas de entre 11 y 15 años. (NY Times)
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EXPANDIENDO EL MERCADO

En marzo, en el último semestre de su último año en el bachillerato, Grassell decidió empezar a expandir el negocio. Realizó una lluvia de ideas sobre recaudación de capital con su padre, Chopper, un agente inmobiliario quien tuvo una gasolinera en la que ella trabajó en verano.

Estableció una meta de recaudación de 25 mil dólares y decidió hacerlo mediante Kickstarter, el sitio web de financiamiento colectivo. Tras un inicio lento, la campaña finalmente produjo 42 mil dólares. A Grassell la aceptaron en el Colegio Middlebury en Vermont para iniciar clases en febrero, pero está considerando posponer la universidad para guiar a Yellowberry en la siguiente fase.

Sus retos de corto plazo incluyen seguirle el ritmo a la demanda estableciendo canales de distribución y creando sistemas para administrar el negocio, lo que son tareas duras hasta para emprendedores experimentados.

Es muy factible que otro obstáculo sea la competencia. Sin embargo, la experiencia personal de Grassell podría brindarle una ventaja sobre nuevos rivales potenciales. Muchas compradoras conocen la frustración de no encontrar exactamente lo que buscan, y ella tiene un sofisticado conocimiento del producto. “No hay mejor inventor que un consumidor frustrado”, comentó Blakey. “Puedes ser un consumidor frustrado a cualquier edad, y ver una oportunidad de hacer algo mejor y llenar el vacío”.

Fundadora de Yellowberry. (Tomada de NY Times)
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