New York Times Syndicate

Ségolène Royal, la ‘vicepresidenta’

La expareja del Francois Hollande “es la vicepresidenta imaginaria y la primera dama imaginaria”, según un cineasta. Pero Ségolène acompaña al presidente francés, durante actos públicos e incluso viaja con él, una relación más allá de los 4 hijos y las aspiraciones políticas de ambos.
Elaine Sciolino
07 agosto 2015 16:41 Última actualización 09 agosto 2015 5:0
Ségolène Royal, expareja de François Hollande

Ségolène Royal, ministra de Ecología, Desarrollo Sustentable y Energía de Francia. (NYT)

PARIS.- François Hollande, el presidente de Francia, y Ségolène Royal, un ministra del gabinete que contendió alguna vez por la presidencia, tienen una relación excepcionalmente complicada.

Vivieron juntos durante 25 años y criaron a cuatro hijos. Después, se separaron en 2007, luego de una infidelidad que Royal hizo pública un mes después de haber perdido las elecciones presidenciales de ese año.

No obstante, ella hizo campaña por Hollande, de 60 años, cuando él contendió exitosamente por el cargo en  2012, aun cuando la otra mujer en ese triángulo romántico, la periodista Valérie Trierweiler, era la compañera oficial.

Royal, de 61 años, también conservó la “sang-froid” cuando, según se informó, Trierweiler exigió que la que fuera pareja política y personal de Hollande durante mucho tiempo, no formara parte del gobierno. Como escribió posteriormente Trierweiler en sus memorias: “La presencia de Ségolène Royal en la arena política hizo que las cosas fueran mucho más complicadas para François y para mí”.

Sin embargo, ahora, Royal está de regreso en los corredores del poder. Durante una restructuración del gabinete en abril de 2014, la nombraron ministra de Ecología, Desarrollo Sustentable y Energía, el tercer rango en el gabinete, después del primer ministro y el ministro de Relaciones Exteriores. Y, extraoficialmente, cubre otras tareas.

El cargo de vicepresidente no existe en Francia; tampoco una función comparable a la de la primera dama en Estados Unidos. Sin embargo, armada con ambición, verdadera intuición política y grandes dosis de encanto, Royal parece haberse deslizado a ambas funciones.

“Es la vicepresidenta imaginaria y la primera dama imaginaria”, dijo Gérard Miller, un psicoanalista y cineasta cuyo documental sobre Royal se exhibió en el canal de televisión France 3. “A veces, lo imaginario puede convertirse en realidad. Es perfecta en ambas funciones porque no le cuesta a los franceses ni un céntimo extra”.

Cada vez más se la ve como reemplazo de Hollande en algunas importantes ocasiones de Estado y como su compañera en otras.

Cuando Francisco llegó a tierras francesas por primera vez en su papado para una visita al Parlamento europeo en Estrasburgo, en noviembre de 2014, Royal fue la funcionaria francesa de mayor jerarquía que estuvo allí para recibirlo. Después de los ataques letales contra el periódico satírico y el supermercado kósher en enero, ella viajó a Israel en representación de Francia para asistir a las exequias.

Acompañó a Hollande en un viaje oficial a Cuba y el Caribe en mayo. Cuando el rey y la reina de España llegaron a París en visita de Estado en junio, ella estaba junto a Hollande al recibirlos en la escalinata del Elysée Palace, parada en el sitio que correspondería a la primera dama.

¿Y Trierweiler? Ya se salió tanto del Elysée como de la vida de Hollande, y la reemplaza la actriz Julie Gayet.

Gayet, quien tiene dos hijos y es 18 años menor que el presidente, ha actuado en papeles cinematográficos tan diversos como peinadora, estafadora, burócrata en el ministerio de Relaciones Exteriores y drogadicta. La revelación de que ahora son pareja se produjo mediante fotografías que se publicaron del presidente con un casco de motociclista con visera oscura para ocultar el rostro, cuando se escabulle para encontrarse con ella cerca del Elysée Palace (lo delataron sus zapatos negros de gala.)

Pareciera que la partida de Trierweiler y la llegada de Gayet le dieron a Royal la apertura que necesitaba para retornar a la vida de Hollande (al menos profesionalmente).

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Ségolène Royal, ministra de Ecología, Desarrollo Sustentable y Energía de Francia

Mientras que aquélla era abiertamente hostil hacia Royal, Gayet parece no tener esa animadversión, más o menos como la esposa de Víctor Hugo, Adèle, quien odiaba a la primera amante oficial del escritor, Juliette Drouet, porque la percibía como traicionera, pero aceptó a Léonie d’Aunet, la segunda, e incluso la usó en contra de la primera (invitó a Léonie a su casa de París y le envió a Juliette un montón de cartas que Hugo le escribió a aquélla).

ROYAL Y LA POLÍTICA

Royal habla de su vida en la política y su candidatura a la presidencia como evidencia de su posición internacional y aborda temas que van más allá de su “dossier”. En una pequeña cena en la residencia del embajador Gérard Araud en Washington, en mayo, la exsecretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright, la acribilló a preguntas sobre el presidente ruso Vladimir Putin, Ucrania y las negociaciones nucleares con Irán.

Mientras que otros ministros pudieron haberle pedido al embajador que se hiciera cargo, Royal no dudó en dar respuestas largas y diplomáticamente vagas.

Ha expandido su autoridad tan drásticamente que el semanario L’Obs la presentó sonriendo, con los brazos cruzados, en la portada de mayo bajo el título: “La Vice-Presidente”.

Al pedírsele un comentario al respecto durante una entrevista en su oficina, dijo: “No voy a decir que me desagradó porque sería absurdo. No voy a mostrar una falsa modestia”.

Sólo no hay que llamarla la primera dama de facto. “¡No, no soy la primera dama!”, dijo. “Tampoco soy la reina de Francia, aun si me apellido Royal”.

Hasta Trierweiler, de 50 años, ha reconocido el vínculo irrompible entre Hollande y Royal. “Comparten un gusto desenfrenado por la política”, comentó en una entrevista con el periódico Le Parisien. “El poder es su razón de vivir, su obsesión mutua”.

Entre tanto, ni Hollande ni Gayet han confirmado la naturaleza de su relación. Los tabloides han publicado fotografías de la pareja, tomadas subrepticiamente, mientras estaban sentados en un terraza privada del Elysée, y cuando caminaban por los jardines de La Lanterne, el retiro presidencial en las afueras de París.

Al preguntársele sobre las fotos en una entrevista transmitida por Canal+ de televisión, Hollande respondió: “Para mí, no existen”.

Gayet ha rechazado todas las solicitudes de entrevista, en tanto que Royal descarta por irrelevantes todas las preguntas sobre su vida personal.

“Todos los reveses personales, no me importan nada”, dijo Royal. “Lo que es importante es mi identidad política, no mi identidad como mujer”.

No se ve como una Hillary Clinton francesa, misma que sobrevivió a la infidelidad de su cónyuge, el presidente de Estados Unidos, para surgir como una figura política por su propio derecho. “No siento eso, no siento eso”, dijo.

“Hillary entró en la política porque su esposo estaba en la política. No es mi caso. Yo tenía mi propia identidad política desde un principio. Me siento más cercana a Al Gore en su lucha para salvar al planeta”.

Su reconciliación política con Hollande ha ayudado a reparar los vínculos de él con sus hijos, quienes tendían a culpar a Trierweiler por el rompimiento con su madre. (No pudo haber ayudado a la relación que después de que Hollande la despidiera, Trierweiler también escribiera el libro de intimidades Gracias por este momento, en el que revela que su amorío con Hollande comenzó en 2005, dos años antes de la separación).

Royal está ahora tan cerca de Hollande que es frecuente que evite al gabinete y le lleve sus peticiones directamente. Tiene tanta confianza en sus puntos de vista que a veces habla sin pensarlo dos veces, una costumbre que irrita a otros funcionarios.

En el documental de France 3 sobre Royal, se cita a varios analistas sobre si volverá a contender por la presidencia. Alain Duhamel, un importante comentarista político, dijo: “No me imagino para nada una nueva candidatura presidencial, pero como me equivoqué una vez, a la mejor me equivoco una segunda”.

Al preguntársele en le entrevista si se volvería a postular, ella respondió con un terso “no”.

¿Por qué no?, se le insistió.

“Porque para nada es mi intención”, dijo. “Ahora, quizás, usted ya no escriba un artículo”. Hizo una pausa y rió. “Ya veremos”, comentó. “Si su artículo es excelente, quizá cambie de opinión”.

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