New York Times Syndicate

Se alquila aldea húngara
y título de alcaldía

Megyer, una aldea de 18 habitantes puede ser rentado por unos 700 dólares por noche y con ello se adquiere el título de vicealcade. Y de esta forma Kristof Pajer consiguió no sólo atraer al turismo sino subsidios y asignaciones gubernamentales, captando un total de alrededor de 700 mil dólares .
Rick Lyman
20 marzo 2015 16:21 Última actualización 27 marzo 2015 7:26
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Especial aldea húngara

Especial aldea húngara

MEGYER, Hungría - El plan de Kristof Pajer para transformar la aldea más pequeña de Hungría en un paraíso rural de vacaciones no habían marchado tan bien como se esperaba. Las reservaciones eran pocas. Las renovaciones eran lentas. El dinero escaseaba.

Pero en ese momento, él encontró un nuevo plan: En vez de alquilar el puñado de cabañas disponibles de Megyer una por una, ¿por qué no solo ofrecer la aldea entera?

“De cualquier forma, la gente estaba usando toda la aldea, ¿así que por qué no?” dijo Pajer, de 42 años de edad, quien empezó hace poco un tercer mandato como alcalde de Megyer, poblado de 18 habitantes, ganando 100 por ciento del voto (“¡Resultados Putin!” dijo, exultante).

Así que, por aproximadamente 700 dólares por noche, casi cualquiera puede convertirse en subalcaide de Megyer, controlando siete cabañas remodeladas y decoradas pintorescamente que dan cabida hasta 40 personas, el ayuntamiento, graneros locales llenos de gallinas, vacas y ovejas, un lanudo perro del pueblo llamado Csikas, una carpa, una parilla para barbacoa, una flota de bicicletas antiguas, pero renovadas, instalaciones para sacrificar cerdos, un aula para sesiones de capacitación y un bar y cantina privados, rodeado de aproximadamente 400 hectáreas de caminos vecinales, praderas, bosque y parches de vegetales.

Incluso hay un cancha techada de baloncesto en miniatura, pero para usarse sería necesario quitar estantes de salchichas ahumadas de pimentón, tubos de puerco curándose, cajas de polvorientas papas y una caja de pequeñas cebollas amarillas en un nido de crujientes pieles.

Como vicealcaldes, quienes alquilan el puesto pudieran cambiarle el nombre a las calles de la comunidad - las dos que hay - y reciben un letrero oficial de la vía, así como un certificado para llevar consigo.

PUBLICIDAD EN INTERNET, UN ÉXITO

“Realmente empezó como una broma”, dijo Bárbara Balogh, directora de marketing de Encantadores hoteles campestres de Hungría, consorcio de 10 pequeños hoteles familiares (y una villa) que reúne campañas publicitarias. “Es asombroso cuánta gente está mostrando interés en nuestra divertida aldeíta”.

La idea, anunciada el 23 de febrero en un sitio web certificado de publicidad, fue retomada por organizaciones informativas de Hungría, y se ha propagado a noticiarios a lo largo de Europa y unos cuantos sitos incluso más lejanos.

Pajer tan solo se encogió de hombros y meneó la cabeza mientras bebía una taza de café en un McDonald’s, junto a la carretera en el suburbio de Budapest donde administra un negocio de reparación de equipo pesado para la construcción.

“Esperábamos que nos notaran un poco, pero nunca previmos captar la atención que logramos”, dijo. “Seamos francos: está en medio de la nada”.

Hace un año, dijo, normalmente recibía entre dos y tres averiguaciones al día sobre alquileres de villas. “Tan solo ayer, recibí más de 400”, dijo. En los primeros 10 días, hubo 17 reservaciones, incluyendo un gran grupo de Holanda.

El camino a Megyer conduce al suroeste desde Budapest durante dos horas, a través del distrito vinícola de Somlo y sus empinados viñedos rocosos antes de sumirse al sur, cruzando el río Marcal y haciendo una curva dentro del pequeño racimo de pálidas cabañas que es la aldea.

EMBELLECIENDO LA ALDEA

Guztav Egly, de 62 años, cuidador del lugar, se desplazaba entre las viejas oficinas municipales y el sitio en construcción por un sauna nuevo, hacha en mano.

“A fin de que esto se convierta en una verdadera aldea de vacaciones, aún falta trabajo por hacer”, dijo, apuntando hacia una tambaleante valla de madera cerca de un gallinero sostenido por alambre y yerbas. “Este es mi proyecto para la próxima semana”.

La calefacción en la comunidad viene de leña, bolitas de biomasa y el ocasional calentador eléctrico. El propano alimenta la única estufa de gas. La única conexión a Internet es una débil señal Wi-Fi en las oficinas municipales; hay un televisor, y no hay teléfonos fijos.

Egly tiró de la puerta para abrirla y entrar al edificio municipal de 150 años, caminó hasta el escritorio de recepción y tocó la campanita. Eniko Bakonyi, de 52 años, el gerente de la oficina y único empleado adicional de tiempo completo, salió de un frío cuarto posterior.

Sin huéspedes por el momento, los edificios se mantenían sumamente fríos, obligando a Egly y Bakonyi a usar sus abrigos de invierno adentro.

El aire estaba perfumado con el humo de la madera. Cornamentas y otros trofeos de la caza decoraban las pequeñas habitaciones, separadas por gruesas puertas bajas que obligaban a Egly y Bakonyi a inclinarse cuando pasaban.

Las pinturas tendían a lo devocional, con eufóricos santos clavando la mirada en el cielo, o lo folklórico. Esculturas de paja pendían de las vigas de madera en lo que solía ser un granero para vacas, que ahora sirve de cantina y bar. Se vendía zumo de manzana producido localmente, mermeladas y jarabes, en tanto un destartalado piano descansaba contra un grueso muro de piedra.

PRIMERO AMENAZA DE DESAPARECER; LUEGO SUBVENCIONES

Megyer, oficialmente declarada por Hungría la aldea más pequeña que aún existe en términos de superficie y número de estructuras, estuvo bajo amenaza de desaparecer totalmente, al igual que docenas de otras remotas comunidades abandonadas por los jóvenes.

“Quería asegurarme de que no terminaríamos como esos otros lugares”, dijo Pajer.

De cualquier forma, hubo una dosis considerable de escepticismo cuando Pajer planteó la idea de alquilar algunas de las casas a huéspedes. Sin embargo, una vez que los residentes vieron que el dinero que el alcalde era capaz de conseguir de la Unión Europea y otras entidades para apoyar su proyecto, y la renovación gradual de un hogar tras otro, las quejas cesaron.

“Me sorprendió un poco el anuncio en el sentido que alquilarían toda la aldea”, dijo Lajos Ignacz, de 50 años, quien llegó a este lugar hace 16 años. “Sin embargo, me alegra, ya que eso solo atrae más huéspedes. Estoy suponiendo que en un punto dado, los residentes también estaremos en alquiler”.

Pajer llegó a Megyer por primera vez en 2004, para ver una propiedad que pertenecía a la familia de su esposa. Él habló con un amigo sobre comprar otra propiedad en la aldea, y después convenció a otro y otro. Tras unos pocos años, una red de conocidos tenía remotos sitios para descanso en Megyer.

Fan de música rock, Pajer también maneja a un par de bandas húngaras muy conocidas, Sex Action y Holywoodoo. Su primer proyecto en Megyer fue establecer un festival anual de música de una semana durante la última semana de junio, mismo que atrae a mil campistas. (Los boletos llegan hasta ese límite.)

En 2006, Pajer fue elegido alcalde y al poco tiempo se volvió diestro para solicitar subsidios y asignaciones gubernamentales, captando un total de alrededor de 700 mil dólares para la aldea.

“En 2010, tuvimos, per cápita, la mayor suma de subsidios de la UE en Hungría”, dijo orgullosamente.

Para este invierno, después de que se hubieran renovado 13 de 20 estructuras de la comunidad, él decidió que lanzaría el plan de alquilar la aldea. Se maneja como cooperativa, con los propietarios de las cabañas disponibles como miembros. En el improbable caso que haya una ganancia, dijo Pajer, cualesquier dinero que no sea reinvertido en la propiedad sería dividido entre los propietarios.

La gente ha preguntado sobre bodas en la aldea, así como celebraciones de cumpleaños, eventos corporativos de capacitación, incluso fiestas de disfraces con todo y máscaras y vestidos de noche.

“Ya nada me sorprende”, concluyó Pajer.

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