New York Times Syndicate

¿Qué no decir a un paciente con cáncer?

Muchas veces la pregunta '¿Cómo estás?' busca hacer sentir bien al enfermo de cáncer, pero de acuerdo con especialistas, hay que llevar las palabras a la acción y hacer sentir al paciente apoyado en esos momentos difíciles.
New York Times
09 diciembre 2016 19:49 Última actualización 10 diciembre 2016 5:0
Qué no decir a un paciente de cáncer (NYT)

Qué no decir a un paciente de cáncer (NYT)

¿Cuál piensas que es la pregunta más común que se le hace a una persona que tiene, o ha tenido, cáncer? Si supones que es “¿Cómo estás?”, estás en lo correcto.

Pero, aunque esas palabras parezcan de preocupación, a menudo no son útiles y quizá sean un tanto perjudiciales.

En una reunión familiar de celebración un año después de mi propio tratamiento oncológico, una pariente lejana me preguntó justo eso. Respondí: “Estoy bien”. Entonces insistió: “¿Cómo estás realmente?”

“Realmente” estaba bien, le dije. Pero ¿qué tal si no lo hubiera estado? ¿Habría querido lanzarme a una descripción de las malas noticias médicas en lo que se suponía sería un evento divertido? ¿Habría querido incluso que me recordaran el episodio del cáncer? Aunque mi pariente indudablemente tenía buena intención, la forma en que expresó su preocupación me pareció intrusiva.

Un diagnóstico de cáncer puede hacer enmudecer a amigos y familiares o hacerlos expresar comentarios inapropiados, aunque bien intencionados. Algunos que no saben qué decir y simplemente evitan por completo al paciente de cáncer, un acto que puede ser más doloroso que si dijeran o hicieran algo equivocado.

Un libro nuevo, “Loving, Supporting, and Caring for the Cancer Patient” (2016, Rowman & Littlefield), escrito por un hombre que ha recibido tratamiento para un cáncer que potencialmente amenazaba su vida y que ha aconsejado a docenas de otras personas que hacen frente a esta enfermedad, me hizo pensar en las mejoras formas de hablar con alguien que enfrenta el cáncer; su diagnóstico, tratamiento y consecuencias.

Resulta que el autor del libro, Stan Goldberg, es un especialista en comunicaciones, profesor emérito de trastornos comunicativos en la Universidad Estatal de San Francisco.

Goldberg se enteró a los 57 años de edad de que tenía una forma agresiva de cáncer de próstata. En una entrevista, dijo que los pacientes de cáncer se topaban con demasiada frecuencia con personas que asumían el papel de animadoras, diciendo cosas como “No te preocupes”, “Estarás bien”, “Daremos la batalla juntos”, “Encontrarán una cura”.

Sin embargo, observó, “las palabras optimistas quizá funcionen a corto plazo, pero a largo plazo pueden inducir a la culpa si el cáncer es más virulento y supera los mejores esfuerzos de la persona.

“Yo enfrentaba la posibilidad de que mi vida terminara pronto, o si no, que cambiara drásticamente. El falso optimismo devaluaba lo que estaba ocurriendo con mi cuerpo. La gente era insensible no por falta de compasión, sino por no saber qué es realmente útil”.

Lo que él y aquellos a los que asesoró han encontrado que es más útil no son las palabras sino las acciones, no un “Hazme saber qué puedo hacer para ayudar”, lo cual adjudica la carga al paciente, sino: “Traeré la cena para tu familia esta semana. ¿Qué día te parece mejor?”

Como un “tipo independiente”, según se describe, renuente a pedir la ayuda de alguien, Goldberg dijo que su hijo le enseñó esta importante lección.

“Vino a mi casa durante mi recuperación de la cirugía”, dijo Goldberg, “y dijo: ‘Deja de levantar esas cajas, papá. Yo lo haré por ti’”.

Otra autora de libros muy útiles sobre la vida con cáncer es la doctora Wendy Schlessel Harpham, que ha tenido un cáncer recurrente durante más de dos décadas, sugiere que la gente ofrezca formas específicas en las cuales puede ayudar.

Por ejemplo, podrían decir que pueden hacer las compras de abarrotes, atender a los niños, sacar a pasear al perro o acompañar al paciente al médico, y luego asegurarse de cumplir el ofrecimiento.

Muchas personas ahora usan sitios en internet como caringbridge.com para mantener a la gente actualizada sobre su salud y necesidades, o plataformas de organización como mealtrain.com y lotsahelpinghands.com para pedir ayuda específica.

Harpham dijo que ella llegó a temer la pregunta “¿Cómo estás?” porque “sin importar la intención, que me preguntaran ‘¿Cómo estás?’ sacudía mi aguzada sensación de vulnerabilidad. Me encontré consolando a quienes me preguntaban y luego combatiendo el contagio de pesar y temor. Aun cuando las noticias fueran buenas, yo no tenía la energía para incluir a todas las personas que querían actualizaciones de información”.

Goldberg sugiere que cuando se visite a un paciente de cáncer, la gente hable menos y escuche más.

“A menudo el mayor apoyo proviene de atestiguar en silencio lo que una persona con cáncer está experimentando”, escribió. “En ocasiones, solo se necesitan una presencia serena y un oído compasivo. El silencio se convierte en el espacio en el cual las personas que viven con cáncer pueden empezar conversaciones difíciles”.

En un artículo en la revista Prevention, Melissa Fiorenza ofreció esta sugerencia útil sobre qué decir a alguien en quien está profundamente interesado: “Siéntete libre de llorar conmigo, de hablar, o no hablar. Yo tomaré mi pauta de ti”.

Al hablar, sugirió Goldberg, “involúcrese más en conversaciones y menos en interacciones de preguntas y respuestas”. Pero si se hacen preguntas, deberían ser abiertas, como “¿Quieres hablarme de tu cáncer y lo que estás pasando? Quizá yo pueda encontrar formas de ser útil”.

Entre los muchos “no” sugeridos están estos:

1. No tome a la ligera los cambios físicos del paciente diciendo cosas como: “Al menos finalmente perdiste ese peso extra”.

2. No hable sobre otros pacientes con cánceres similares, aun cuando hayan salido bien; no hay dos cánceres iguales. Está bien, sin embargo, preguntar si al paciente le gustaría hablar con alguien más que haya pasado por ello.

3. No diga al paciente que tiene suerte de tener un tipo de cáncer y no otro, lo cual resta importancia a lo que la persona está experimentando. No hay nada afortunado en tener cáncer, aun cuando sea un cáncer “bueno”.

4. No diga: “Sé cómo te sientes”, porque posiblemente no pueda saberlo. Es mejor preguntar: “¿Quieres hablar sobre cómo te sientes, cómo te está afectando tener cáncer?”

5. No ofrezca información sobre tratamientos no comprobados o referencias a médicos con credenciales cuestionables.

6. No sugiera que se debe culpar al estilo de vida del paciente por la enfermedad, aun cuando quizá haya sido una causa que contribuyó. Culpar no es útil. Muchos factores influyen en el riesgo de cáncer; incluso para los fumadores de toda la vida, contraer cáncer a menudo solo es mala suerte.

7. No sermonee al paciente sobre permanecer positivo, lo cual puede inducir sentimientos de culpa en el paciente si las cosas no salen bien. Mejor diga: “Estoy aquí para ti sin importar lo que suceda”, y cúmplalo.

8. No haga preguntas sobre el pronóstico. Si el paciente ofrece voluntariamente la información, está bien hablar más sobre sus implicaciones. De otro modo, es mejor suprimir su curiosidad.

9. No abrume al paciente con sus propios sentimientos de angustia, aunque está bien decir: “Siento mucho que esto te esté sucediendo”. Si usted se siente abrumado por la perspectiva de interactuar con una persona con cáncer, es mejor decir: “No sé qué decir”, en vez de no decir nada o evitar a la persona, quien podría entonces sentirse abandonada y pensar que a usted no le importa.

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