New York Times Syndicate

Placenta, un misterioso árbol de la vida

Pese a su vital papel, se sabe muy poco sobre la placenta. El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de Estados Unidos la llama “el órgano humano menos comprendido”.
Denise Grady
© 2014 New York Times News Service
01 agosto 2014 21:48 Última actualización 02 agosto 2014 5:0
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Doctores examinando una placenta, el sistema de soporte vital del feto- (NYT)

Doctores examinando una placenta, el sistema de soporte vital del feto- (NYT)

SAN FRANCISCO – Minutos después de que nació una niña en una mañana reciente en el hospital de la Universidad de California, su placenta, un órgano que es una especie de masa informe pulposa y que regularmente se tira, fue empacada y llevada como un tesoro a través de un laberinto de corredores al laboratorio de Susan Fisher, profesora de obstetricia, ginecología y ciencias de la reproducción.

Ahí, científicos se abalanzaron sobre el tejido con escalpelos, fórceps y una variedad de productos químicos para extraer sus células extrañamente poderosas, las cuales toman el útero como un ejército invasor y dominan el cuerpo de una mujer durante nueve meses para mantener vivo a su feto. La placenta, el sistema de soporte vital del feto, es un tejido pegado al recubrimiento uterino por un lado y al cordón umbilical por el otro, crece a partir de las células del embrión, no de la madre.

Suministra oxígeno, nutre y dispone de los desechos, haciendo el trabajo de los pulmones, el hígado, los riñones y otros órganos. Si algo sale mal con la placenta, pueden resultar problemas devastadores, incluidos el aborto involuntario, la muerte fetal, el parto prematuro, un bajo peso al nacer y preeclampsia, un padecimiento que eleva la presión sanguina de la madre y puede matarlos a ella y al feto. Una placenta mucho más pequeña o mucho más grande que el promedio a menudo es signo de problemas. Cada vez más, los investigadores piensan que los trastornos de la placenta pueden alterar permanentemente la salud de la madre y del hijo.


Pese a su vital papel, se sabe asombrosamente poco sobre la placenta. Apenas recientemente, por ejemplo, los científicos empiezan a sospechar que la placenta pudiera no ser estéril, como se pensaba antes, sino que pudiera tener su propio microbioma, una población de microorganismos, que pudieran ayudar a dar forma al sistema inmunológico del feto y afectar su salud mucho más adelante en su vida.

“Comparado con lo que deberíamos saber, no sabemos casi nada”, señaló Fisher, quien junto a otros investigadores ha estudiado la placenta durante décadas.

El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano llama a la placenta “el órgano humano menos comprendido y se puede decir que uno de los más importantes, no solo para la salud de la mujer y su feto durante el embarazo sino también para la salud de ambos durante toda la vida”.
En mayo, el instituto reunió a unos 70 científicos en su primera conferencia dedicada a la placenta, con la esperanza de iniciar un Proyecto de la Placenta Humana, con el objetivo final de encontrar maneras de detectar anormalidades en el órgano más temprano, y atenderlas o evitarlas.

LA COMPLEJIDAD DE UN INVASOR

La placenta establece un suministro sanguíneo a las 10 o 12 semanas del embarazo. Finalmente, invade entre 80 y 100 vasos uterinos llamados arterias espirales y crece para tener 51 kilómetros de capilaridades. Las células placentarias forman ínfimas proyecciones similares a dedos llamadas vellos, que contienen capilaridades fetales y entran en contacto con la sangre materna, para suministrar oxígeno y nutrientes y deshacerse de los desechos.

Extendido, el tejido formado para intercambiar y nutrientes cubriría entre 11 y 14 metros cuadrados. Cada minuto, un 20 por ciento de la sangre de la madre suministra fluidos a través de la placenta.

La línea del frente de la invasión es una célula llamada trofoblasto, de la capa externa del embrión. Al inicio del embarazo, estas células se multiplican explosivamente y salen a raudales como una columna de soldados.

“Las células del trofoblasto son muy invasivas desde el principio”, dijo Fisher. “Simplemente acribillan el recubrimiento uterino para sepultarse ahí”.

Quitan del camino a otras células y las destruyen con enzimas digestivas o sustancias secretas que inducen a las células a suicidarse. Michael McMaster, profesor de biología celular y de tejidos en la Universidad de California en San Francisco, dijo que probablemente ocurran con mucha frecuencia fallas en este proceso temprano. La gente a menudo supone que los abortos involuntarios y otros problemas surgen del feto mismo, pero “probablemente en esta etapa temprana, muchos malos funcionamientos de los trofoblastos sean la causa de la pérdida del embarazo o enfermedades futuras”.

Los trofoblastos son tan invasivos que formarán una placenta casi en cualquier parte, aun cuando caigan en tejido que no sea el útero. Ocasionalmente, hay embarazos que comienzan fuera del útero, en las trompas de Falopio u otras partes del abdomen, y el rápido y penetrante crecimiento de la placenta puede rasgar órganos. Las placentas que se forman sobre una cicatriz en el útero, donde el recubrimiento es delgado o inexistente, como por una cesárea previa, pueden invadir tan profundamente que no pueden ser retiradas de manera segura tras el nacimiento, y la única manera de evitar que la madre muera desangrada es retirar el útero.

Los trofoblastos son un importante centro de atención de la investigación del equipo de Fisher, y su laboratorio también actúa como banco, ofreciendo muestras de células y tejido a otros investigadores en todo Estados Unidos. Un miembro del personal es un reclutador, encargado de la delicada tarea de pedir a las mujeres en trabajo de parto que donen sus placentas para investigación.

El laboratorio de Fisher descubrió que conforme los trofoblastos invaden, alteran ciertas proteínas en sus superficies, llamadas moléculas de adhesión, para volverse más móviles. Los investigadores posteriormente encontraron que las células cancerígenas hacen lo mismo conforme propagan un tumor para invadir otras partes del cuerpo.

Los trofoblastos cambian en otras formas, imitando a las células de los vasos sanguíneos que invaden. Las arteras espirales, que alimentan al recubrimiento del útero, se cubren de trofoblastos en vez de las propias células de la mujer. Este proceso de “remodelación” dilata las arterias de manera considerable para verter sangre en la placenta y nutrir los vellos.

LO QUE PUEDE SALIR MAL

La invasión y remodelación son esenciales: si no ocurren, la placenta no puede adquirir suficiente suministro sanguíneo para desarrollarse normalmente, y los resultados pueden ser desastrosos.

Una consecuencia puede ser la preeclampsia, que afecta a entre dos y cinco por ciento de las mujeres embarazadas en Estados Unidos; las tasas son más altas en países pobres, particularmente los de África. El padecimiento produce alta presión sanguínea y otras anormalidades en la madre.

La mayoría de las mujeres con la enfermedad tienen placentas anormalmente pequeñas y cuando los patólogos las examinan después del parto, a menudo encuentran coágulos sanguíneos, descoloraciones y un suministro sanguíneo mal desarrollado.

No se comprende por completo cómo y por qué ocurre el problema. Por razones desconocidas, la placenta no se forma adecuadamente y no puede satisfacer las demandas del feto en crecimiento. Los trofoblastos no pueden convertirse por completo en células arteriales y comienzan a producir una variedad anormal de moléculas que elevan la presión sanguínea de la madre y pudieran dañar a sus vasos sanguíneos.

La creciente presión sanguínea quizá sea un intento de compensarlo forzando más circulación a la placenta, pero resulta contraproducente. El único tratamiento es dar a luz al bebé, lo cual probablemente funciona porque también se retira la placenta.

La doctora Drucilla J. Roberts, patóloga placentaria en el Hospital General de Massachusetts, dijo que relativamente pocos hospitales tenían patólogos placentarios o la capacidad para prepararlos. En todo Estados Unidos, hay menos de 100, según su estimación. Se necesitan más, dijo. Ella y una colega, la doctora Rosemary H. Tambouret, a menudo examinan especímenes enviados desde otros hospitales no equipados para realizar la labor ellos mismos.

“La placenta da la respuesta en muchos partos con feto muerto”, dijo Roberts. La mitad de esas muertes nunca se explican, pero muchas de ellas involucran anormalidades en la placenta, incluidas infecciones o padecimientos inusuales en los cuales el sistema inmunológico de la madre parece haber rechazado la placenta.

“No puedo decirle cuán importante es para la familia simplemente tener una respuesta”, dijo. Saberlo puede ayudar a aliviar la culpa que muchos padres sienten cuando un niño nace muerto. La información también puede decir a los médicos qué deben observar con cuidado en embarazos futuros.

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