New York Times Syndicate

Para tu startup no necesitas capital riesgo (necesariamente)

Conoce diversas empresas que crecen y se desarrollan sin el dinero de inversionistas, logrando que sus fundadores mantengan el control.
Janet Morrissey
© 2016 New York Times News Service
10 junio 2016 21:42 Última actualización 11 junio 2016 5:0
Ron Rudzin, un emprendedor de Queens, tomó 350 mil dólares de su propio dinero para lanzar Saatva, su compañía de colchones en línea, en 2007. (NYT)

Ron Rudzin, un emprendedor de Queens, tomó 350 mil dólares de su propio dinero para lanzar Saatva, su compañía de colchones en línea, en 2007. (NYT)

NUEVA YORK. El mundo de los negocios está lleno de emprendedores soñadores que esperan que las bendiciones de los inversionistas ángeles y de los capitalistas de riesgo transformen sus sueños de empresas emergentes en compañías con valuaciones de miles de millones de dólares.

Sin embargo, algunas startups exitosas van contra corriente, al crecer y expandirse sin tomar un centavo de los grandes inversionistas de capital.

Ron Rudzin, un emprendedor de Queens, con una larga historia en el negocio de los muebles, tomó 350 mil dólares de su propio dinero para financiar el plan de negocios para formar Saatva, su compañía de colchones en línea, en 2007.

 
 

 

Ron Rudzin, un emprendedor de Queens, tomó 350 mil dólares de su propio dinero para lanzar Saatva, su compañía de colchones en línea, en 2007. (NYT)


“La gente que recauda dinero en lugar de autofondearse tiende a gastar alocadamente porque es el dinero de otras personas, y lanzan un montón de cosas contra la pared para ver qué se pega. Yo no hago así las cosas”, comentó Rudzin. “Yo soy mucho más meticuloso y eficiente. Puedo ir un poco más lento, pero, al final, yo creo que gano”.

A los 16 años, aceptó un empleo en Jennifer Furniture, una compañía joven que después se convirtió en una cadena nacional que vendía sofás convertibles y otros muebles. Pasó más de 20 años abriéndose paso de ser representante de ventas a gerente de tienda y a vicepresidente de ventas nacionales. Tuvo intereses de capital en cuatro de sus tiendas cuando la compañía se expandió a ser una cadena nacional.

Cuando salió de Jennifer Furniture, invirtió en diversas empresas, pero siempre tenía el ojo puesto en empezar su propia empresa de comercio electrónico.

“Sentí que el mundo se movía en esa dirección”, comentó.

La visión de Rudzin era vender colchones de fabricación estadounidense, de alta calidad, de resortes, en internet, a una fracción del precio que cobraban los minoristas por las marcas para las tiendas. Añadió el servicio a la ecuación porque los entregaban y colocaban a domicilio. Funcionó.

“Fuimos los primeros”, notó.

Saatva, que quiere decir verdad en sánscrito, rindió ganancias después de los primeros tres meses en el negocio, en el 2010, contó.

La compañía dijo que las ventas, que sumaron dos millones de dólares en su primer año completo en el 2011, aumentaron a 76 millones de dólares en el 2015. Rudzin está proyectando ventas por 180 millones de dólares este año y por lo menos de 275 millones de dólares en el 2018.

Son raras las personas que van en contra de las probabilidades “empujando” sus propias empresas, dicen los expertos.

“Es una gran anomalía”, dijo Mark Walsh, el jefe de innovación e inversión en la Administración de Pequeños Negocios de Estados Unidos. Estimó que algo así como una de cada 50 compañías tradicionales podría generar negocios para construir empresas de 50 millones o 100 millones de dólares por su propia cuenta.

Sin embargo, aceptar capital de riesgo puede ser peligroso. En su premura por conseguir financiamiento, es frecuente que los fundadores de empresas emergentes no lean la letra chiquita y después descubran que han autorizado la entrega de enormes proporciones de las ganancias. En algunos casos, es posible que los consejos de administración quiten a los fundadores de su propia compañía para cuando las actividades están creciendo rápidamente o cuando planean empezar a cotizar en bolsa. Por estas razones, algunos fundadores optan por tomar capital deuda de bancos e inversionistas, en lugar de regalar acciones ordinarias.

Spokeo, un motor de búsqueda de personas en línea, ha podido generar decenas de millones en ventas sin respaldo de capital de riesgo.

“No lo necesitamos”, comentó Harrison Tang, un fundador de Spokeo. Sin embargo, Tang, de 34 años, no siempre opinó así. Cuando creó Spokeo con tres amigos de la Universidad de Stanford en el 2006, trató de conseguir financiación de capital, pero lo rechazaron más de seis inversionistas ángel y de capital riesgo. Hasta su padre, él mismo un emprendedor, le dijo a su hijo que nunca esperó que le devolviera el dinero que le había prestado.

“Esa era la confianza que la gente tenía en nosotros”, dijo Tang, riendo. Sin embargo, los tres cofundadores, Ray Chen, Mike Daly y Eric Liang, y él siguieron adelante con 300 mil dólares en préstamos que les hicieron los padres y otros familiares.

Al principio, Spokeo era un programa gratuito que agregaba información sobre personas, de sitios de redes sociales, como Facebook y Friendster.

Cuando los fundadores se quedaron sin dinero en el 2008, renovaron el sitio convirtiéndolo en un programa de búsqueda de personas que reúne datos con base en nombres, números telefónicos y direcciones de correo electrónico, y empezaron a cobrar una cuota por suscripción. La compañía dijo que sus ingresos aumentaron a 78.5 millones de dólares en el 2015, en comparación con 11 millones de dólares en el 2011. Tang espera ingresos que fácilmente excederán los 100 millones de dólares para el 2018.

Tang dijo que está orgulloso de que los cuatro fundadores sigan en la empresa, lo cual podría no haber sido el caso de haberse involucrado inversionistas en capital accionario.

“Hemos estado ganando”, dijo.

Dana Ehrlich también también financió su idea de la escuela de negocios de una compañía multimillonaria. En el 2004, a Ehrlich se le ocurrió la idea de crear Verde Farms, un negocio de importación de carne de reses orgánicas, alimentadas con pasto, cuando estaba de visita por las praderas de Argentina.

Así es que diseñó un plan de negocios en torno a la importación de ese tipo de carne de res de Uruguay, Nueva Zelanda y Australia para su tesis de maestría en la Escuela Tuck de Negocios en Dartmouth, en el 2005.

En el 2006, Ehrlich trató de encontrar inversionistas ángel, pero se negó a aceptar los términos.

“Querían entre 10 y 20 por ciento del patrimonio neto por un préstamo de seis meses”, contó.

Así es que utilizó 100 mil dólares de ahorros y créditos estudiantiles para asegurar el financiamiento de la deuda. Fue un trabajo duro en esos primeros días, y Ehrlich casi decide cerrar en el 2008. Sin embargo, todo cambió a principios del 2009, cuando logró contratos con dos minoristas nacionales, Wegmans y Costco.

La compañía, cuya sede está en Woburn, Massachusetts, dijo que vendió 4 mil 581 toneladas de carne de reses alimentadas con pasto en el 2015, en comparación con 109 toneladas en el 2008. Las ventas, que sumaron 665 mil dólares en el 2008, aumentaron a siete millones de dólares en el 2009 y a más de 50 millones de dólares en el 2015.

Ahora, los inversionistas accionarios se están acercando a él, y él es quien los está rechazando.

Walsh, de la Administración de Pequeños Negocios, dijo que es raro que una compañía cotice en bolsa sin por lo menos algunos tenedores accionarios externos.

“No recuerdo haber visto a una compañía que empiece a cotizar en bolsa con el Nasdaq, en los últimos 20 años, que llegara a la OPI cuando solo la administración es dueña de la compañía”, dijo. “Es casi un rito de iniciación”.

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