New York Times Syndicate

Otrora reclutador de
Al Qaeda, ahora es una voz en contra de la yihad

Quien alguna vez trabajara como reclutador para Al-Qaeda y operara un sitio web a favor del fundamentalismo islámico, actualmente es parte de un experimento para contrarrestar la atracción que ejercen organizaciones como el Estado Islámico.

New York Times
09 septiembre 2016 20:17 Última actualización 10 septiembre 2016 20:11
jesse morton

Morton enseñó a los reclutas que su lealtad tenía que estar exclusivamente con sus compañeros musulmanes. (NYT)

WASHINGTON _ En los cuatro años que operó el sitio web Revolution Muslim desde su departamento en un edificio sin elevador en Brooklyn, Jesse Morton se convirtió en uno de los reclutadores más prolíferos de Al Qaeda porque atraía a numerosos estadounidenses hacia la violenta ideología de esa organización.

A los hombres y a las mujeres a los que él inspiró en sus entradas y sus guías en internet, los acusaron de confabulaciones que incluían volar un avión a control remoto con explosivos atados hasta el Pentágono y tratar de matar a un cartonista sueco que satirizó al profeta Mahoma. A uno de sus colaboradores lo mataron en un ataque con drones en Yemen, en donde se había unido a Al Qaeda en la Península Arábiga. Varios ahora están peleando por el Estado Islámico.

“Estábamos buscando a los leones”, dijo y explicó cómo era frecuente que reclutara justo afuera de las mezquitas, “y los dejábamos unos corderos”.

Morton, de 37 años, está ahora en la línea del frente de un experimento para contrarrestar la atracción de organizaciones como el Estado Islámico y Al Qaeda. Después de un periodo como informante de la FBI y su liberación de prisión en el 2015, a Morton lo contrataron como investigador del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington, donde estudiará la mismísima ideología que propagó alguna vez.

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Si bien, desde hace años, países como Gran Bretaña han estado poniendo a quienes fueran extremistas a trabajar en grupos de expertos para proporcionar voces auténticas en contra de la ideología radical, Morton es el primer exyihadista en asumir este papel tan público en Estados Unidos.

Eso ha conllevado que su nuevo empleador tenga cierta ansiedad, comentó Lorenzo Vidino, el director del programa de extremismo en el Centro para la Seguridad Cibernética e Interna. Vidino se reunió con Morton después de que lo liberaron en febrero del 2015, con lo que se inició un proceso de indagaciones que duró un año y que implicó entrevistar a siete funcionarios de las agencias del orden directamente involucradas en su caso.

“No hubo una sola voz que disintiera”, dijo Vidino.

En una entrevista con The New York Times en agosto, después de que se le preguntó por qué habría que creerle que de verdad había cambiado, Morton insistió en que estaba tratando de redimirse.

“Tantas personas como pueden haber viajado o pueden haber cometido actos criminales a causa de mis palabras, yo espero poder desalentar a la misma cantidad”.

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HACERSE RECLUTA
El sitio web Revolution Muslim atrajo a un conjunto de reclutas dispuestos. “Una vez que ves que están iniciando sesiones constantemente, en realidad no necesitas llevarlos todo el camino”, señaló Morton.

“Lo que tienes que hacer es enmarcar sus agravios personales”, añadió, “haciéndolos pensar que pueden contribuir a una causa más grande. Y haces eso por medio de la ideología porque, créase o no, el islam se puede enmarcar en una forma en la que es increíblemente revolucionario”.

Morton notó que infundir un tipo inflexiblemente literal de islam es crítico. El primer concepto es que Dios es el único legislador. “Luego, utilizas ese principio para decir que todos los gobernantes musulmanes, debido a que no implementan la sharia en su totalidad, no son musulmanes para nada, así es que nos podemos rebelar en su contra”.

Después, enseñó a los reclutas que su lealtad tenía que estar exclusivamente con sus compañeros musulmanes, buscando separarlos de las amistades y de la familia. Una vez que esos principios estaban incorporados, dijo Morton, “esencialmente, podías hacer cualquier cosa que quisieras con ellos”.

Todo el tiempo, Morton estaba calibrando cuán lejos podía ir y su asociado consultó a un abogado para estudiar los límites externos de la libertad de expresión. “Y llegábamos justo al límite”, notó.

Es como Frankenstein. Yo no lo creé, pero desde luego que contribuí a ello

Finalmente, cruzaron el límite el 15 de abril del 2010, cuando el irascible Zachary Adam Chesser, con 20 años de edad y un asociado de Morton, subió las direcciones particulares de los creadores del programa de dibujos animados, “South Park” después de la transmisión de un episodio en el que se parodiaba al profeta Mahoma.

Cuando aprehendieron a Chesser antes de abordar un vuelo internacional rumbo a Somalia para unirse a la organización extremista Al Shabab, Morton huyó a Marruecos. Un año después, también lo aprehendieron a él e, inicialmente, lo tuvieron en una prisión marroquí.

Los estadounidenses llegaron por él el 27 de octubre del 2011. Relató que lo llevaron a un aeropuerto desierto, donde se aferró a su Corán mientras un grupo de agentes estadounidenses lo esposaron, le pusieron grilletes y le colocaron una venda en los ojos. Antes de ponerle audífonos, le quitaron el Corán.

Se sorprendió cuando uno de los agentes le quitó la venda de los ojos a medio vuelo y le regresó el libro sagrado. Fue el primero de varios gestos que comentó que lo conmovieron, un paso en lo que describió como un camino largo, gradual, para salir de la radicalización.

De regreso en Estados Unidos, esperó que lo sentenciaran en aislamiento, donde una guardia violó las normas y le permitió salir de la celda y pasar el resto de su turno en la biblioteca.

El comentó que el primer libro que tomó fue el volumen 35 de los Grandes Libros del Mundo Occidental de la Enciclopedia Británica. Al paso de las siguientes semanas, se perdió en los escritos de la Ilustración, empezando con “La carta sobre la tolerancia”, de 1689, por John Locke. El filósofo argumenta que la fe no se puede obtener por medio de la violencia, lo que provocó que Morton reflexionara sobre cómo sus captores le habían regresado su Corán.

Por la noche, comentó, soñaba que estaba sentado frente a Osama bin Laden. “Le estoy haciendo preguntas: ‘¿Me estoy volviendo un descreído? ¿Me voy a ir al infierno?’”, dijo Morton. “El no habla. No tiene nada que decir”.

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CAMBIO DE POSICIÓN
Fue en la biblioteca de la prisión que un guardia llamó a Morton y lo llevó a un cuarto donde estaban esperando dos agentes de la FBI.

Se habían metido a su antigua cuenta de correo electrónico y habían rastreado a quienes fueron sus reclutas, varios de los cuales se habían unido al Estado Islámico. Ahora querían que él se convirtiera en informante. Luchando con la idea y cada vez más desilusionado del fundamentalismo, finalmente, estuvo de acuerdo.

Un ardiente día de verano del 2014, poco después de que el Estado Islámico había declarado su califato, Morton recibió una carta de Siria. Era de uno de sus exalumnos quien con entusiasmo describía cómo había pasado la mañana nadando en el Tigris, justo después de que el Estado Islámico había aplastado al ejército iraquí en Mosul y había colgado de una barda la cabeza de los enemigos a los que habían decapitado.

En lugar de compartir la emoción de su recluta, Morton vomitó dentro de su celda.

“Se trata de una persona que fue mi estudiante, literalmente, me hablaba para hacerme cada una de las preguntas que se le ocurrían y yo le decía: ‘Vete a siria?”, recordó. “Es como Frankenstein. Yo no lo creé, pero desde luego que contribuí a ello”.

Morton continuó trabajando encubierto hasta que The Washington Post lo descubrió como informante. Para entonces, el juez había reducido su sentencia de 11 a tres años y nueve meses. Salió el 27 de febrero del 2015.

Ahora vive en Virginia y los términos de su liberación evitan que viaje fuera de la zona del Distrito de Columbia. En agosto, cuando se reanudaron las clases en la Universidad George Washington, Morton también estaría allí, en su papel de investigador.

No obstante, dijo, por las noches, es presa del pánico. Los extremistas a quienes les dio la espalda podrían tratar de hacerle daño; el Estado Islámico considera al espionaje como una forma de apostasía, castigable con la muerte. En su mayor parte, no obstante, le preocupan las ideas que desató en el mundo.

“Tengo miedo; no porque vaya a regresar a eso, sino por lo que viene”, dijo. “Yo estaba tan comprometido a destruir el mundo en el que vivía y ahora, por razones lógicas, me doy cuenta que es necesario proteger al orden internacional”.

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