New York Times Syndicate

Opositores venezolanos usan casas ‘chavistas’ para ganar simpatizantes

Hugo Chávez regaló casas a sus simpatizantes pero no entregó los títulos de propiedad; ahora la oposición, que criticó la medida, impulsa una ley para 'legalizarlas'. Julio Borges, el legislador que la elabora, dice que las casas darán capital a los pobres y ayudarán a aliviar la crisis económica.
Nicholas Casey y Patricia Torres
12 febrero 2016 14:58 Última actualización 14 febrero 2016 5:0
Venezuela

Las 'ciudades' chavistas no cuentan con escuelas, ni tiendas y son inseguras. (NYT)

CIUDAD MIRANDA.- Veinte mil personas viven en este bastión de concreto construido por el expresidente Hugo Chávez. Él les dio las llaves, y ellos le dieron sus votos.

Sin embargo, hubo una cosa que Chávez prometió pero nunca entregó a las masas: los títulos de propiedad que permitirían a sus simpatizantes vender sus casas y hacerse de efectivo.

Pero ahora que los antiguos adversarios de Chávez se han apoderado del Parlamento de Venezuela, están adoptando la táctica y mejorándola. Quieren entregar las escrituras de cientos de miles de hogares que Chávez y su movimiento construyeron, y ganarse la lealtad de los pobres de la nación durante los próximos años.

Esta entrega es tan grande como cualquiera de las dádivas de inspiración socialista que Chávez haya orquestado, y viene con un toque de incongruencia. Durante años, la oposición se quejó de la tendencia de Chávez a usar los botines de la riqueza petrolera para regalar viviendas, llamándolo un ardid obvio para comprar votos.

      
   

   

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Ahora, los nuevos líderes están recurriendo al mismo manual populista que tanto criticaron, un signo revelador de que la estrategia de ganarse la confianza a través de la generosidad del gobierno no ha desaparecido.

“La oposición está tratando de imitar los aspectos populares del chavismo”, dijo Francisco Rodríguez, un economista del Bank of America Merrill Lynch, refiriéndose al movimiento político de Chávez.

Tras asumir el poder en la Asamblea Nacional por primera vez en 16 años, los oponentes de Chávez rápidamente se deshicieron de los retratos del expresidente en el Capitolio, elaboraron una propuesta para liberar a los políticos encarcelados por el gobierno e incluso amenazaron con destituir al presidente Nicolás Maduro, sucesor leal de Chávez.

Pero la desastrosa economía del país está intensificando la presión para que los legisladores hagan algo popular. El Fondo Monetario Internacional espera una inflación de 720 por ciento anual en Venezuela, y la rampante escasez de alimentos crea filas de horas en las tiendas. El precio del petróleo, la savia del país, ha colapsado. Con Maduro en la presidencia, la legislatura no tiene control sobre la política económica.

Y por ello los legisladores han recurrido a los cientos de miles de casas que Chávez y sus seguidores construyeron.

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El interrogante de quién controla los títulos de propiedad de las casas va mucho más allá de un regalo extraordinario. Chávez, quien murió de cáncer en 2013, convirtió los petrodólares en concreto, desencadenando el experimento de sacar a los pobres de Venezuela de las barriadas y trasladarlos a rascacielos. Maduro ha seguido las huellas de su predecesor, pero incluso gobiernos anteriores al de Chávez cortejaron a los votantes con casas.

“Va al meollo de lo que debería ser el modelo económico en Venezuela”, dijo David Smilde, un sociólogo de la Universidad de Tulane que vive en Caracas, la capital. “¿Debería girar en torno a que la gente pobre decidiera qué hacer con su propiedad, o debería girar en torno a que sea el gobierno el que finalmente tome las decisiones?”

Julio Borges, el legislador que está elaborando la ley, argumenta que las casas darán capital a los pobres por primera vez, estimularán la actividad para ayudar a aliviar la crisis económica de Venezuela, y permitirá a los pobres decidir su propio destino a partir de ahora.

“El pueblo ha sido tratado como si fueran niños”, dijo. “Con esta ley, pueden hacer una venta o legar una herencia, algo que no pueden hacer ahora”.

Los simpatizantes de Maduro ven cualquier propuesta de transferir los títulos de propiedad como un fraude, un intento flagrante de atribuirse el mérito por una enorme cantidad de casas construidas como propiedad pública.

“Dimos a la gente una vivienda digna”, dijo Darío Vivas, un legislador del Partido Socialista Unido de Venezuela de Maduro. “Julio Borges y la oposición no han construido una sola casa”.

Vivar argumentó que el gobierno ya había cumplido su promesa de entregar títulos de propiedad, una posición ampliamente sostenida por los izquierdistas. Pero muchos expertos respondieron que si el gobierno dio alguna vez escrituras de las casas, probablemente fue en pocos casos y que la mayoría de los residentes no tenían títulos.

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En un feroz discurso ante los legisladores, Maduro prometió hacer lo que pudiera para bloquear el trabajo de sus oponentes.

“Tendrán que derrocarme primero para aprobar una ley de privatización”, dijo ante el aplauso de los izquierdistas.

Aquí en Ciudad Miranda, a una hora en auto desde Caracas, Coromoto Carmona, de 40 años y desempleada, miró por una ventana enrejada. Contó la historia de cómo se hizo de la casa aquí y cómo se había vuelto un lugar donde se sentía atrapada.

Carmona perdió su primera casa en un fatal alud en 1999 y pasó cinco años saltando entre refugios operados por el gobierno. En 2004, recibió una emocionante llamada del gobierno: asistiría a una reunión en la mansión presidencial de Chávez, La Casona, donde personalmente le entregaría una casa nueva.

Se mudó a su casa de dos recámaras con nueve miembros de sus familia. Pero pronto surgieron los problemas. Carmona se dio cuenta de que no había lugares donde comprar abarrotes, había pocas escuelas y no había espacios públicos para los residentes. En estos días, hay agua solo cuatro horas a la semana.

El gobierno de Chávez les había prometido a ella y otros los títulos de sus casas. Pero Carmona solo recibió una hoja de papel laminada que decía que estaba autorizada para vivir ahí. Si se muda, es poco claro si podrá encontrar algún otro lugar para vivir.

“Es como la cárcel aquí”, dijo.

Franco Micucci, un arquitecto que trabajó en Ciudad Miranda, dice que los problemas sociales del lugar no son únicos y que serán tanto un desafío para los nuevos líderes de Venezuela como lo fueron para el movimiento de Chávez. Dice que él y sus colegas trazaron originalmente los planos de espacios públicos y servicios como escuelas y tiendas de abarrotes para los residentes de Ciudad Miranda. Pero el gobierno construyó solo las casas.

“No me sorprende que los residentes quieran dejar ese lugar”, dijo. “Yo y muchos arquitectos fuimos optimistas”, pero, al final, “Ciudad Miranda es como ‘Ciudad de Dios’”, añadió, usando el nombre de una película brasileña sobre las barriadas afectadas por las drogas en Río de Janeiro.

Los residentes de Ciudad Miranda dicen que el área es ahora gobernados por pandillas armadas, conocidas localmente como colectivos, que están alineadas al partido de Maduro. Pese a perder su mayoría en la legislatura, el partido del presidente ganó en Ciudad Miranda.

Marquesa Alcendra, de 68 años de edad, quiere vender. Después de perder su casa en un alud y saltar durante años entre refugios temporales _ e incluso por un tiempo en un rascacielos inconcluso llamado la Torre de David que estaba ocupado por paracaidistas _, le dieron una casa en Ciudad Tiuna, un proyecto de vivienda que Chávez erigió en una enorme base militar de Caracas.

A primera vista, los rascacielos parecen idílicos: torres nuevas de departamentos de dos recámaras, elevadores y áreas comunes. Afuera, los residentes jugaban un partido de fútbol improvisado con un grupo de obreros de la construcción originarios de China que están ejecutando contratos para un montón de nuevos edificios en construcción.

Sin embargo, Alcendra dice que el único lugar para comprar comida es una tienda del mercado negro que vende los productos básicos en mucho más que los precios controlados del gobierno. Ha colocado tablones de madera en sus ventanas, por temor a los robos. Y aunque los soldados de la base vigilan la entrada al complejo, dice que es a sus vecinos a los que teme.

“Mi vida era mejor antes”, dijo.

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