New York Times Syndicate

Ocho años después, ¿cómo ven los europeos a Obama?

En 2008, el entonces candidato demócrata llamo la atención a los europeos por su juventud, herencia multirracial y optimismo; ahora, en su última visita a Europa, llega con un legado menos contundente del que se tenía expectativa.
New York Times
11 noviembre 2016 20:58 Última actualización 13 noviembre 2016 5:0
Obama y los europeos (NYT)

Obama y los europeos (NYT)

Cuando un candidato presidencial demócrata llamado Barack Obama se paró en la Columna de la Victoria de Berlín en 2008 para exponer su visión de esperanza y cambio, estuvo rodeado por 200 mil europeos exuberantes, ansiosos de darle una oportunidad.

Se sentían cautivados por su juventud, herencia multirracial y optimismo (su lema de campaña fue “Sí podemos”). Lo veían como alguien más parecido a ellos mismos, un gran cambio en comparación con George W. Bush y la arrogancia estadounidense cristalizada por la guerra en Irak, a la cual Alemania y Francia siempre se opusieron.

Aun cuando sale con índices de aprobación crecientes en Estados Unidos, el legado de Obama en Europa es mucho menos definitivo, según muestran entrevistas con una variedad de europeos comunes y analistas de política exterior.

Su popularidad está manchada por la decepción por sus fracasos y la melancolía por el optimismo que defendió.

Está también la dura realidad de que los problemas que enfrenta Europa --más notablemente una Rusia más agresiva y una crisis de migración imparable-- son más complicados que cuando Obama cautivó por primera vez a la multitud en Berlín hace ocho años.

Y algunos ven la cautela y pasividad de Obama como una causa que contribuyó a ambos.

Moni Schneid, que visitaba la Columna de la Victoria en su viaje desde Stuttgart, donde opera los comedores de 13 escuelas, sigue siendo su fan.

“Fue realmente grandioso que un tipo negro pudiera ser elegido presidente, y tengo mucho respeto por lo que ha logrado”, dijo. “Pero ningún presidente puede lograr lo que quiere. Hay muchas piedras en el camino. Y en cada esquina hay alguien diciendo: ‘No, no podemos’”.

Dieter Boesche, de 71 años de edad, dijo que él se había asombrado por la efusión de esperanza que recibió a Obama, a quien se le concedió, y aceptó el Premio Nobel de la Paz con base en expectativas, no logros.

“Siento pena por él, estoy decepcionado”, dijo Boesche. “Los hilos políticos le impidieron cumplir sus esperanzas y las nuestras, quizá. Se volvió más claro para nosotros ahora en la campaña presidencial estadounidense”.

Obama, dijo, “fue una luz dorada, esa es la razón de que sea tan triste”.

Boesche, quien nació en Hamburgo cuando los Aliados derrotaron a los nazis en 1945, dijo: “Los estadounidenses hicieron de Alemania lo que es hoy, con su ayuda. Esa es la razón de que haya tanta decepción ahora, que yo no pueda ver con admiración a Estados Unidos hoy”.

Por supuesto que Obama cometió errores, dijeron los entrevistados, especialmente en Medio Oriente y en los tratos con su contraparte rusa, Vladimir Putin. Y muchos se sienten descontentos con que la prisión de la Bahía de Guantánamo no haya sido cerrada, como había prometido Obama.

Pero también elogian el acuerdo nuclear con Irán, la apertura hacia Cuba y la renuencia de Obama de ir a la guerra.

Están esperando con ansia la que muy probablemente sea su última visita como presidente, cuando regrese a Berlín a mediados de noviembre para tener una sesión más con su colaboradora europea más cercana, la canciller Angela Merkel, ella misma debilitada por un largo mandato y la crisis de los migrantes.

Sus opiniones se ven reflejadas en sondeos de opinión en 10 países de la Unión Europea realizados en la primavera por el Centro de Investigación Pew.

Los sondeos indican que Obama restableció sentimientos más positivos entre los europeos después del profundamente impopular presidente George W. Bush.

Más de la mitad de los encuestados sigue expresando confianza en Obama, e índices de aprobación radicalmente más altos que los de Bush.

Norbert Roettgen, presidente del comité de política exterior del Bundestag, dijo que, para los europeos, el legado de Obama seguiría siendo en gran medida positivo. Señaló en particular los logros del presidente con Irán y Cuba y el seguro de salud nacional.

“Ante los ojos de europeos y alemanes, él es un recordatorio de que sigue habiendo un Estados Unidos al que podemos admirar y que aún desea desempeñar un papel destacado en el mundo”, dijo Roettgen. “Él seguirá siendo la incorporación del ‘Estados Unidos bueno’, lo cual pudiera ser ingenuo, pero es importante sicológicamente para apuntalar las relaciones trasatlánticas”.

Varios analistas de política exterior europeos comparten una visión más negativa.

Ven una pérdida de la credibilidad estadounidense en el mundo, a medida que Rusia y China parecen estar ejerciendo más influencia y rechazando los intereses y demandas estadounidenses con desdén a veces franco.

John Kornblum, exembajador de Estados Unidos en Alemania y quien vive en Berlín, ve un “Amerexit” (alejamiento estadounidense) de la responsabilidad mundial bajo el mandato de Obama, lo cual ha conducido a más agresividad rusa y china y permitido a los rusos regresar a Medio Oriente como una potencia diplomática y militar.

“El estilo de mínima intervención de Obama ha dañado a la postura de Estados Unidos en el mundo”, dijo Kornblum. “Los estadounidenses siempre tienen problemas al manejar el poder. Siempre es demasiado o muy poco. En los últimos 10 años, nos hemos retirado. Obama y Estados Unidos olvidaron que somos el pegamento necesario para mantener a Europa en el camino recto”.

George Robertson, ex secretario de defensa británico y secretario general de la OTAN, acompañó su elogio a Obama con cierta crítica punzante.

“Obama trajo una bienvenida sensación de calma y estabilidad a la relación con Europa después de la turbulencia de la era de Bush”, dijo Robertson. Pero el presidente “podía haber trabajado más duro en cuanto a Rusia, porque mantener a Putin en el redil era importante”.

En vez de ello, dijo, Obama “permitió que Putin saltara de nuevo al escenario mundial y pusiera a prueba la resolución de Occidente”, tanto en Ucrania como en Siria, “lo cual ha sido un desastre y el legado de eso perdurará”.

Como muchos, Robertson dijo que el fracaso de Obama a apegarse a su “línea roja” de 2013 en cuanto al uso de armas químicas por parte de Siria y emprender la prometida acción militar había perjudicado gravemente a su credibilidad y la de Estados Unidos con Putin, los árabes sunitas y el líder israelí, Benjamín Netanyahu.

Obama ha enmarcado su decisión de trabajar diplomáticamente con Rusia para retirar la mayoría de las armas químicas sirias como un ejercicio de restricción responsable.

Robertson dijo que la decisión de Obama no era vista de esa manera.

“El presidente de Estados Unidos nunca debería ser un espectador”, dijo Robertson. “El mundo necesita liderazgo”. Por supuesto, la intervención tiene costos, dijo. “Pero la cautela tiene un precio también, así como consecuencias, y puede ser nefasto, como comprobó Neville Chamberlain en los años 30. En ocasiones, es necesario intervenir”.

La tendencia de Obama a aleccionar también pudiera ser molesta.

Un exministro británico bajo el gobierno del primer ministro David Cameron recordó a Obama girando su silla y pareciendo aleccionar al gabinete británico, como si estuviera instruyendo a estudiantes de seminario.

François Heisbourg, un exfuncionario de defensa francés y presidente del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, elogió la decencia y buen talante de Obama. Pero se preguntó “si estas son las cualidades para operar en un mundo que se está volviendo muy brutal, en parte debido al legado de Obama”.

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