New York Times Syndicate

¿Nueva Guerra Fría? Kaliningrado tiene las pistas

Tras la caída de URSS, Moscú buscó abrir Kaliningrado al mundo, ahora parece dar pasos atrás y la está equipando bases secretas con avanzados sistemas de misiles antiaéreos.
Neil MacFarquhar
© 2016 New York Times News Service
22 abril 2016 21:9 Última actualización 24 abril 2016 9:26
Cientos de militares rusos fueron trasladados para participar en el ensayo de una de las fechas más importantes para ese país. (AP)

Cientos de militares rusos fueron trasladados para participar en el ensayo de una de las fechas más importantes para ese país. (AP)

KALININGRADO, Rusia. El museo marítimo en este otrora clave ruso en el mar Báltico remata cada verano con su internacional Asamblea del Agua, un desfile excéntrico de pequeñas embarcaciones históricas de todo el Báltico, con sus tripulaciones vestidas con trajes de época mientras navegan por el río Pregolya.

Pero este año, dijo Svetlana G. Sivkova, directora fundadora del Museo del Océano Mundial de Kaliningrado, los participantes habituales de las vecinas Lituania y Polonia amenazaron con quedarse en casa.

“Dijeron que no podían venir porque los polacos y lituanos están siendo golpeados en las calles de Kaliningrado”, dijo Sivkova, consternada ante lo que llamó un cambio de humor abrupto e injustificado.

“Son personas inteligentes y educadas”, añadió. “Es propaganda horrible. Tuvimos que explicar que no es cierto, que somos un pueblo abierto”.


Kaliningrado, la ciudad y la provincia circundante comparten el nombre, estuvo alguna vez en el corazón de la Prusia oriental y fue un reducto alemán durante 500 años antes de que el Ejército Rojo lo capturara de manos del Tercer Reich en 1945. En los primeros 25 años después del colapso de la Unión Soviética, Moscú trabajó duro para enterrar la reputación de Kaliningrado como una guarnición armada cerrada a los extranjeros.

En estos días, el Kremlin parece decidido a hacer lo opuesto, y altos oficiales militares occidentales y otros expertos ahora consideran a la región báltica como una importante línea de falla en las revividas tensiones entre el Este y el Oeste.

Uno de los incidentes más polémicos en años tuvo lugar el 12 de abril a unos 130 kilómetros de Kaliningrado, cuando dos aviones Su-24 rusos sobrevolaron al destructor estadounidense de misiles guiados Donald Cook, simulando un ataque. Un avión pasó a nueve metros del barco, dijeron funcionarios del Pentágono, y provocó protestas de Washington.

En la era postsoviética inmediata, Moscú trató de reinventar a Kaliningrado, que está a más de 322 kilómetros de Rusia, como su propio Hong Kong libre de impuestos. Florecieron las fábricas que producían autos, aparatos electrónicos y muebles. Después de que el gobierno provincial negoció los viajes sin visa a áreas fronterizas polacas, la tienda de Ikea en la cercana Gdansk se convirtió en una colonia rusa.

“Más personas visitaban Europa que a la gran Rusia”, dijo Ilya Shumanov, el representante local de Transparencia Internacional, una organización anticorrupción con sede en Berlín.

En los últimos años, sin embargo, Moscú ha armado fuertemente a Kaliningrado, dicen analistas, equipando bases secretas con avanzados sistemas de misiles antiaéreos S-400 de largo alcance y misiles antimarítimos Bastion de mediano alcance. Rusia también ha realizado maniobras aquí desplegando Iskanders, un misil balístico de corto alcance capaz de portar ojivas nucleares.

Durante un testimonio ante el Congreso en febrero, el general Philip M. Breedlove, comandante de la OTAN, describió a Kaliningrado como un “territorio muy militarizado” y una “burbuja completa” capaz de repeler ataques por aire, tierra o mar.

Con las recientes aventuras militares rusas en Crimea, el este de Ucrania y Siria, el presidente Vladimir Putin ha hecho que el mundo se pregunte cuándo o dónde pudiera intervenir la siguiente vez.

Dada su política declarada de salvaguardar a los rusos étnicos que quedaron separados de la patria después de la desintegración de la Unión Soviética, algunos temen que el próximo blanco pudieran ser los Estados bálticos: Estonia, Letonia y Lituania. Las tres ex repúblicas soviéticas son integrantes de la Unión Europea y la OTAN.

Un ataque contra ellos activaría el tratado de defensa mutua de la OTAN. Cualquier intento de defenderlos tendría que pasar por Kaliningrado, ubicado entre Polonia y Lituania.

En los pocos conflictos donde la OTAN ha intervenido, siempre ha mostrado una fuerza abrumadora, dijeron expertos, pero Kaliningrado sería diferente.

“El balance general es muy hostil hacia la OTAN”, dijo David A. Shlapak, autor principal de un nuevo estudio de la RAND Corp. sobre el Báltico.

Los rusos aquí tienden a estar de acuerdo, aunque principalmente se burlan de la idea de esa guerra. En Baltiysk, que alberga a la Flota del Báltico y la mayor parte del puesto de avanzada occidental de Rusia, canosos pescadores estaban formados ante el dique, apenas levantando la mirada hacia las modernas corbetas que se adentraban en el mar.

A las fuerzas de la OTAN que atacaran a Kaliningrado “les romperíamos los dientes”, dijo un pescador huraño. Veterano de la armada, estaba de pie debajo de un símbolo del poderío y la gloria de Rusia: una enorme estatua ecuestre de la emperatriz Isabel Petrovna que está de cara a Occidente.

Los residentes de Kaliningrado, que han visto a las fuerzas de la OTAN acercarse cada vez más a Rusia en los últimos años, generalmente parecen apoyar el reforzamiento de las fuerzas militares.

“Si usted es mi vecino y se sienta ahí con un hacha, yo también conseguiré un hacha”, dijo Sivkova, la directora del museo. “Es una tontería, pero la gente dice que se han movido armas hacia las fronteras de Rusia, así que debe haber cierta paridad”.

Sin embargo, la gente aquí encuentra que es desorientador ser proyectados como una fortaleza rusa. En el centro de Kaliningrado, la cafetería y galería Vorota llena la neogótica Puerta de Sackheim, un remanente de los muros de la ciudad del siglo XVII. Partes de la ciudad siguen pareciéndose a Alemania, incluidos algunos suburbios de villas de tejas rojas de la época Gründerzeit.

Los jóvenes fundadores de la cafetería querían un espacio de arte como los que hay en Ámsterdam o Berlín, y les sorprendió la pregunta sobre la vida en la nueva línea de falla entre el Este y el Oeste.

“Es una pregunta extraña, porque nos vemos como si fuéramos un puente, no una línea de falla”, dijo Eugene Makarkhin, de 26 años de edad, un ingeniero en computación.

Sin embargo, las consecuencias del deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente recaen en Kaliningrado.

BMW, uno de los mayores empleadores de la provincia, archivó recientemente sus planes de expansión ante una declinación del 40 por ciento en las ventas de autos en Rusia. Décadas de ayuda de desarrollo sueca están llegando a su fin. Los intercambios culturales han sido suspendidos en gran parte.

Hasta la crisis de Ucrania, la flotilla más peligrosa enviada desde Kaliningrado hacia Suecia eran las aguas negras arrojadas al Báltico.

“Kaliningrado es realmente uno de los últimos grandes puntos de conflicto”, dijo Anna Tufvesson, coordinadora de un proyecto ambiental regional para la Agencia Internacional de Cooperación para el Desarrollo de Suecia.

Kaliningrado, que alberga a casi la mitad del millón de habitantes de la provincia, era la última ciudad báltica importante sin una planta moderna de tratamiento de aguas. Suecia ha ayudado a construir unas 30 en la región sur del Báltico desde el colapso de la Unión Soviética. El sistema alemán de Kaliningrado, construido alrededor de 1928 y aún en uso, básicamente filtraba bicicletas viejas, perros muertos y no mucho más, dijo Tufvesson.

La moderna planta de aguas negras de Kaliningrado, retrasada por años, debería estar operando para fines de este año. Tufvesson espera que toda la ayuda sueca se suspenda para 2018.

La ayuda es otra víctima de las sanciones económicas impuestas debido al conflicto en Ucrania. Estas sanciones suspenden los préstamos bancarios europeos para el desarrollo aquí.

“La cooperación con los países europeos era una buena fuente de préstamos baratos, y ahora no tenemos esa posibilidad”, dijo Alexander N. Ivaschenko, quien opera el sistema de agua de la ciudad de Kaliningrado. “Debido a las sanciones, los proyectos futuros están congelados”.

La confrontación está eclipsando a la cooperación. Putin ha avivado las preocupaciones occidentales sobre un posible conflicto en el Báltico al ordenar ejercicios militares apresurados en el noroeste de Rusia y deliberadas violaciones del espacio aéreo de la OTAN. Aunque los oficiales militares y otros expertos en ambos bandos dicen que la guerra es improbable, sigue adelante la planificación de contingencia. Suecia y Finlandia, los vecinos rusos que alguna vez profesaron neutralidad, están considerando la anteriormente impensable perspectiva de unirse a la OTAN.

El colapsado rublo significa que los rusos han dejado de comprar en Polonia o de asistir a conciertos en Lituania. También temen ser menos bienvenidos.

“Si uno escucha a las noticias procedentes de Letonia y Lituania, son risibles”, dijo Albert Prokhorchuk, el director general de Baltma Tours, que el año pasado perdió una cuarta parte de sus visitantes anuales procedentes de Alemania. “El presidente de Lituania ha estado diciendo básicamente que la gente debería dirigirse a sus sótanos porque los rusos se aproximan”.

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