New York Times Syndicate

Miles de millones contra el opio afgano y las amapolas siguen floreciendo

La guerra contra la producción de amapola en Afganistán ha costado miles de millones de dólares y miles de vidas; pero hoy diversas señales evidencian un narco-estado administrado directamente por funcionarios gubernamentales.
Azam Ahmed
© 2016 New York Times News Service
26 febrero 2016 19:56 Última actualización 28 febrero 2016 5:0
Un campo de amapolas en la provincia de Garmsir. (NYT)

Un campo de amapolas en la provincia de Garmsir. (NYT)

GARMSIR, Afganistán. Estados Unidos invirtió más de 7 mil millones de dólares en los últimos 14 años para combatir la descontrolada producción de amapola que ha hecho del opio afgano el más conocido del mundo. Decenas de miles de millones de dólares más fueron a programas de gobierno enfocados a acabar con la corrupción y entrenar a una creíble fuerza de policía. Incontables dólares más y miles de vidas se perdieron en el impulso principal de la guerra: poner al gobierno afgano a cargo de centros de distrito e infundir el estado derecho.

Pero aquí, en uno de los únicos rincones de la provincia de Helmand que está en paz y bajo el firme control del gobierno, los tallos verdes e inflamados bulbos de opio crecieron en abundancia y altura, a plena vista de edificios oficiales durante la pasada temporada de amapola… señales de un narco-estado administrado directamente por funcionarios gubernamentales.

En el distrito de Garmsir, el cultivo de amapola no solo se tolera, sino que el gobierno local depende de ello. Los funcionarios impusieron un impuesto a diversos agricultores que es prácticamente idéntico a que usa el talibán en lugares que controlan. Una parte de los ingresos asciende por la cadena, llegando hasta oficiales en Kabul, la capital, garantizando que las autoridades locales mantengan el apoyo de altos mandos y manteniendo en crecimiento el opio. Además, Garmsir es tan solo un ejemplo de participación oficial en el narcotráfico.

Múltiples visitas a la zona del opio afgano durante el año pasado, aunado a extensas entrevistas con cultivadores, ancianos locales, así como oficiales afganos y occidentales, expusieron de lleno la realidad en el sentido que, incluso si tiene éxito el gobierno respaldado por Occidente, todo parece indicar que el opio llegó para quedarse.

Más que nunca, funcionarios del gobierno afgano se han involucrado directamente en el tráfico del opio, expandiendo su competencia con el talibán más allá de la política y hasta una lucha por el control del narcotráfico y los ingresos. En el ámbito local, la lucha en sí puede parecer a menudo algo similar a una lucha por el dominio entre pandillas del narcotráfico, incluso a medida que tropas estadounidenses están siendo atraídas de nuevo a la batalla en nombre del gobierno, particularmente en Helmand, en el sur de Afganistán.

"Hay fases de complicidad gubernamental, empezando con el acuerdo de los agricultores y después siguiendo con la cooperación con ellos", dijo David Mansfield, investigador que condujo más de 15 años de trabajo de campo sobre opio afgano. "La última es la depredación, donde el gobierno esencialmente asume el control de todo el negocio".

PROCESO ENQUISTADO

La administración del Presidente Ashraf Ghani ha hecho del combate a la corrupción una promesa central. Un portavoz de su gobierno, cuando fue interrogado sobre involucramiento oficial en el tráfico de opio, incluido en Garmsir, insistió en que había "cero tolerancia" hacia dicha conducta. "El presidente ha sido decisivo para actuar con base en información que indica participación de funcionarios del gubernamental en actos ilegales, incluida la imposición de un impuesto al opio", dijo el portavoz, Sayed Zafar Hashemi.

Pero, en Garmsir y otros lugares del cinturón del opio en Helmand, el sistema está operando con firmeza y es de una consistencia notable.

Se apoya en una red de líderes de la comunidad y personas empleadas por agricultores para administrar el suministro del agua, hombres conocidos como mirabs. Estos hombres sondean la tierra bajo cultivo y cobran dinero a nombre de funcionarios, tanto en el gobierno municipal como en Kabul.

Las conexiones son profundas dentro del gobierno nacional, reconocen funcionarios en privado. En algunos casos, el dinero es transmitido a senadores o miembros de la asamblea que tienen conexiones regionales. En otros, empleados de la Dirección Independiente de Gobierno Local la dependencia que supervisa gobiernos provinciales y de distrito, se embolsa los pagos ilegales, dijeron oficiales. Algunos de los comandantes de la policía regional y de seguridad de mayor importancia, incluyendo aliados de oficiales militares y de inteligencia de Estados Unidos, están identificados estrechamente con el tráfico de opio.

Sin embargo, el verdadero dinero a menudo se queda en la localidad, con oficiales de provincia y de distrito. En el caso de Garmsir, el gobernador de distrito y jefe de policía cosecharon el mayor porcentaje de las recompensas, con base en funcionarios y agricultores locales. La policía local también fue incluida en las ganancias.

Los agricultores dijeron que habían pagado alrededor de 40 dólares por cada acre (4 mil 45 metros cuadrados) de amapola bajo cultivo. En 2015, eso equivalió a casi 3 millones de dólares en pagos tan solo del distrito de Garmsir, según oficiales familiarizados con el proceso.

Además, el dinero que puede ganarse solo está aumentando. De hecho, destacan expertos, imágenes satelitales de la pasada temporada de cultivo a lo largo del sur de Helmand mostraron que el cultivo de opio se estaba dando abiertamente, a la vista de bases militares y de policía.

"Con el paso de los años, he visto el gobierno central, el gobierno locales y los extranjeros hablan en su totalidad muy seriamente con respecto a la amapola", dijo Hakim Angar, ex jefe de policía en dos ocasiones de la provincia de Helmand. "En la práctica, ellos no hacen nada, y tras bambalinas, el gobierno hace tratos secretos para enriquecerse".

ARREGLOS LUCRATIVOS

La complicidad del gobierno en el tráfico de opio no es nueva. Intermediarios del poder, a menudo trabajando con el gobierno, han operado largamente tras bambalinas, produciendo, refinando y traficando opio o heroína a través de una de las muchas y porosas fronteras de Afganistán. Ese tipo de corrupción se ha visto en todo el país.

Sin embargo, el cobro de impuestos en el ámbito distrital en los principales centros de cultivo de opio ha sido menos común. La mayoría de quienes hablaron al respecto lo hizo con la condición de mantenerse en el anonimato, temiendo represalias. Aquéllos que hablaron abiertamente, por lo general solían tener suficientes recursos para disuadir repercusiones oficiales.

"Por supuesto que eso ocurre aquí", dijo un comandante de la policía local en Marjá, Baz Gul, quien supervisa a unas cuantas docenas de hombres y fue uno de los primeros residentes que empuñó las armas en contra del talibán. "Sin embargo, ni el jefe de policía ni el comandante de la policía local toman el dinero directamente. Lo hacen a través de influyentes figuras".

INFORTUNIO Y TURBULENCIA

El distrito de Nad Ali, a corta distancia en auto desde la capital de la provincia, Lashkar Gah, al parecer está menos organizado que Garmsir o Marjá. En abril, en un recorrido a través de tierra agrícola abierta en áreas controladas por el gobierno, buena parte de la cosecha de amapola había sido recogida debido a una cosecha temprana o porque las plantas estaban tan plagadas de enfermedades.

Los cultivadores en Nad Ali dijeron que el cobro de impuestos dependía de diversos factores, incluyendo la propia relación con el comandante de policía local, proximidad al centro del distrito y el grado hasta el cual los cultivos hubieran sido lastimados por la enfermedad. En algunos casos, los equipos enviados por el gobierno para erradicar cultivos cobraron los fondos, en otros, fue la policía local o la nacional.

Los pagos iban de 90 a 100 dólares por cada acre, según lo dicho por seis agricultores.

"Toda nuestra amapola estaba afectada por la enfermedad", dijo un agricultor en el área Loy Bagh de Nad Ali. "Lo que la gente pagó dependió de cuánto habían cultivado y cuánto fue destruido por la enfermedad".

Sin embargo, el sistema en Garmsir da la impresión de haber dejado poco a la casualidad. Localizado más lejos de la capital provincial que Marjá o Nad Ali, el distrito goza de más autonomía que la mayoría bajo el control gubernamental.

Entrevistas conducidas a mediados de marzo, antes de que apareciera la plaga, revelaron un sistema de acomodo que se estaba asentando confortablemente. Aunque los agricultores no se alegraban de pagarle al gobierno, la mayoría consideraba que era inevitable y notó que el margen de ganancia del opio aún era considerablemente mejor que el del trigo o el algodón.

"Nosotros entendemos que los oficiales nos cobrarán dinero", dijo Juma Khan, cultivador de 35 años de edad en Garmsir, encogiéndose de hombros.

El sistema encontró turbulencia en la primavera, cuando dos miembros del Parlamento escucharon el rumor del arreglo. Una vez que su exigencia de una reducción a las ganancias fuera rechazada, hablaron en público, según oficiales afganos familiarizados con el caso.

Oficiales en Kabul despidieron rápidamente al gobernador de distrito, jefe de policía y director de inteligencia, quienes fueron acusados de dividir las ganancias. En una pequeña ceremonia, el vicegobernador de Helmand devolvió fajos de billetes a cultivadores que lanzaban vivas afuera de las oficinas del gobernador de la provincia, prometiendo aplicar duras medidas en contra de ese tipo de explotación.

Algunos oficiales dijeron que todo el dinero había sido devuelto a agricultores y que las partes responsables habían sido removidas del poder. Sin embargo, ninguna de las promesas era del todo cierta.

El gobernador de Garmsir, quien negó que hubiera creado o cobrado impuesto alguno, fue enviado discretamente a Washir, distrito vecino. Meses más tarde, regresó a Garmsir, donde ya tiene nuevamente su viejo puesto. Funcionarios del gobierno en Kabul dijo que él había sido exonerado de fechorías tras una exhaustiva investigación.

Una visita posterior a Garmsir sacó a la luz una segunda inconsistencia: los agricultores dijeron que solo les habían devuelto la mitad de su dinero. De cualquier forma, eso fue algo así como un reembolso. Después de todo, ellos habían perdido casi la mitad de su cosecha por la plaga.

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