New York Times Syndicate

Los Romeo y Julieta de Afganistán

Zakia Ali y Mohamad Ali se eligieron como pareja y provocaron el enojo de sus familias que insisten en separarlos, por lo que han buscando asilo con el apoyo de la Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, sin conseguirlo. Y siguen luchando para continuar juntos enfrentando amenazas y cargos penales.
Rod Nordland
13 marzo 2015 16:23 Última actualización 15 marzo 2015 5:0
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Pareja afgana

La pareja vive escondida ante las amenazas de muerte que recibieron de la familia de ella. (NYT)

BAMIYAN, Afganistán – Después de casi un año de estar huyendo, una desventurada pareja de jóvenes amantes está de regreso en la aldea afgana donde comenzaron su romance y sus problemas.

La joven pareja, Zakia y Mohamad Ali, habían enfrentado cargos penales y amenazas de muerte después de fugarse y huir de su aldea en las montañas altas del centro de Afganistán el año pasado. Ahora, han resuelto sus problemas legales y se reconoció legalmente su matrimonio.

Sin embargo, si bien la familia de él ha recibido bien su regreso, la de ella es otro asunto.

Cuando Mohamad Ali, de 22 años, trabaja en las parcelas en la granja de la familia, usa la camisa por fuera del pantalón y una pistola negra sostenida al cinturón se asoma por debajo. Un perro guardián está amarrado frente a su casa de adobe, una de varias pequeñas edificaciones dentro de un patio amurallado, en la aldea, en las afueras de la ciudad de Bamiyán.

Zakia Ali, de 19 años, nunca sale, para nada, por temor a que pueda toparse con alguien de su propia familia. Su padre y sus hermanos prometieron públicamente matarlos, a ella y a Mohamed Ali, cuando se fugaron. Lo acusaron de haberla secuestrado y dijeron que ella había estado casada con un hombre al que no conocía, que su padre había elegido para ella.

“Sé que todavía corremos riesgos, pero no teníamos opción”, dijo Mohamad Ali la semana pasada. Está contento ahora que estaban de vuelta entre las accidentadas montañas que rodean al valle de Bamiyán. “Tú patria es un lugar que siempre vas a querer, y cada paso montañoso en mi país es precioso para mí”.

Desde que se fugaron el 21 de marzo del año pasado, la pareja se ha topado con muchos obstáculos. Hubo meses de estar huyendo, seguidos por la captura de Mohamad a manos de la policía en Kabul, quien contó que lo golpeaban a diario. Zakia Ali se acogió a un refugio operado por la beneficencia Mujeres por las Mujeres Afganas. Los abogados de la organización lograron obtener la libertad de Mohamad Ali, se pudieron reunir y se reconoció como válido el matrimonio.

APOYO EN REDES SOCIALES


Aun cuando se convirtieron en tema controvertido – en particular, entre los afganos jóvenes, muchos de los cuales organizaron campañas en Facebook y Twitter elogiándolos como los modernos Romeo y Julieta, que tuvieron el valor de escoger a su pareja, desafiando las normas sociales afganas _, la pareja desapareció de la vista pública.

Retornaron brevemente a su aldea, pero muy pronto uno de los hermanos de Zakia Ali, armado con una pistola y un cuchillo, persiguió a Mohamad por los campos de papas. Logró escapar, pero él y Zakia, ya embarazada, huyeron a protegerse en aldeas montañosas distantes, en el distrito de Yakawlang.

No obstante, el embarazo de Zakia Ali era difícil y había pocos servicios médicos en Yakawlang, así es que volvieron a esconderse en Kabul, en agosto.

ASILO, UNA OPCIÓN PARA LA PAREJA

“Viven en un estado de temor constante”, comentó Aziza Ahmadi, la directora en funciones de asuntos de las mujeres en la provincia de Bamiyán. Estuvo entre los funcionarios que trataron de negociar un arreglo amistoso con la familia de Zakia Ali, pero se seguían oponiendo con vehemencia a la unión porque ellos son tayikas y sunitas, mientras que Mohamad Ali es hazara y chiita. “Realmente están en riesgo si se quedan aquí”, dijo Ahmadi. “Es mejor para ellos abandonar el país”.

Intentaron eso también. Funcionarios de la embajada estadounidense, así como en las de varios países europeos en Kabul, les dijeron que solo podrían considerar su solicitud de asilo, si primero huían a un país vecino en calidad de refugiados.

En octubre, cruzaron a Tayikistán con visa, junto con Anuar, el padre de Mohamad Ali, con la intención de solicitar el estatus de refugiados, con la esperanza de después pedirlo en Occidente.

Funcionarios para los refugiados les dijeron que cualificaban por al menos cinco motivos, cualquiera de los cuales, normalmente, haría que alguien calificara para el asilo, incluida una grave amenaza a la vida basada en la discriminación debido al género, la raza, la religión, el origen étnico y la elección de cónyuge.

Poco después de que iniciaron el trámite para registrarse ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en Tayikistán, dos hombres, quienes se identificaron como policías, detuvieron en pleno día a Zakia y Mohamad Ali en una transitada calle de Dusambé, la capital de Tayikistán.

Les robaron los ahorros que tenían, unos 5 mil dólares, incluidas las alhajas que llevaba puesta Zakia y los teléfonos celulares, y luego los deportaron sumariamente de Tayikistán, de acuerdo con entrevistas con la pareja y Anuar, así como un testigo independiente que los acompañó en el viaje y al que la policía también le robó en Dusambé, cuyo nombre se oculta por su seguridad, para que pueda seguir trabajando en el país. No se les permitió regresar al hotel a recoger sus pertenencias.

Babar Baloch, un portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, dijo que no pueden hablar del caso específico de la pareja, pero que están conscientes de que “en algunos casos, quienes buscan asilo son víctimas del acoso, las detenciones arbitrarias y la deportación” en Tayikistán.

Tayikistán, limita al norte con Afganistán, fue una república soviética, con antecedentes de violaciones a los derechos humanos y una reputación de ser uno de los países más corruptos del mundo.

Defensores de las mujeres indicaron que la pareja trató de buscar asilo en India o Pakistán. Este también tiene una historia reciente de mal trato a los refugiados afganos, incluso los que están registrados ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, e India tiene pocas personas que hablen dari, el único idioma que habla la pareja. Ya que el embarazo de Zakia se aproximaba a término, mejor decidieron regresar a Bamiyán.

LAS MONTAÑAS, SU REFUGIO

“Ya estábamos cansados de huir”, dijo Mohamad Ali, sentado en su casa a finales del mes pasado, con Zakia y su bebita llamada Ruqia, la que nació a finales de diciembre. “Esta es nuestra prueba de que debemos estar juntos”, agregó e hizo un gesto señalando a Ruqia. “Nadie puede quitarnos esto ahora”.

Económicamente, su situación ha sido desesperada en su lugar de origen. Tenían poca comida y, hasta poco combustible en el invierno extremadamente frío aquí, por lo que quemaron arbustos y hasta estiércol, en lugar de los más caros madera o carbón para calentarse. La pequeña granja de Anuar produce papas, pero la competición de los campesinos paquistaníes hizo que fuera casi imposible para los afganos vender la cosecha del otoño. La de Anuar está almacenada porque no hay comprador y se echará a perder si no encuentran uno antes de que acabe el invierno.

Mohamad Ali dijo que la van pasando porque un benefactor anónimo en Estados Unidos que leyó sobre su situación difícil, les envió mil dólares por Western Union para ayudarlos a cuidar a la bebita. Utilizó la mitad para comprar alimentos y combustible para la familia que consta de 10 adultos y nueve niños que comparten la casa del padre, y con parte del resto adquirió la pistola que ahora porta.

Mohamad Ali Laqzi, el subjefe de la policía de Bamiyán, dijo que las autoridades están conscientes del riesgo de la pareja. “Desde el momento en que regresaron estamos pendientes de ellos”, expresó. “El trabajo de la policía es asegurarse de que cada ciudadano esté seguro”.

La pareja duda sobre qué tanta protección real les puede dar la policía en una comunidad rural donde la familia de Zakia tiene una casa a menos de media milla de distancia.

Si sobreviven, dijo Zakia, quieren ver que su hija reciba la educación que ninguno de ellos tiene. “No importa que sea una bebita”, notó. “Solo quiero que no crezca analfabeta como nosotros”.

Si viven para ver la adultez de Ruqia, Mohamad Ali añadió, algo es seguro. “No le vamos a escoger marido”, dijo. “Ella lo hará”.

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