New York Times Syndicate

Los refrigeradores alemanes para compartir las sobras de comidas

El documental “Taste the Waste”, fue la punta de lanza para que el portal web Foodsharing naciera. Y esa iniciativa se unieron otros con un sólo fin: evitar el desperdicio de toneladas de alimentos. La regla es que la comida no esté caduca y compartir lo que las personas desearían comer. 
Sally Mcgrane
05 diciembre 2014 18:25 Última actualización 07 diciembre 2014 5:0
Refrigeradores

A través de refrigeradores y anaqueles en sitios abiertos al público, es como se evita el desperdicio de comida. (NYT)

BERLÍN. Fresco después de una agotadora rutina en el gimnasio, Anton Kaiser miró hambriento un refrigerador, considerando arúgula, mermelada de piña, mantequilla salada y dos bolsas de uvas verdes antes de estirar la mano para tomar un rol de pan blanco, horneado esa mañana. “No he comido en todo el día”, dijo, “así que es genial”.

Quizá lo mejor de todo, no costaba nada, disponible en medio de un patio lleno de grafiti en el distrito Kreuzberg de Berlín. Al igual que el resto de lo ofrecido en este denominado refrigerador para compartir comida, el rol de pan de Kaiser, bajo circunstancias normales, habría ido directamente a la basura.

Pero en Alemania, donde la inquietud sobre la comida desperdiciada ha crecido en los últimos años, ese tipo de refrigeradores - repletos de sobras de fiestas privadas y restaurantes, y abiertos a la población general - son tan solo una de varias iniciativas enfocadas a mantener los comestibles fuera de la basura. Hay casi 100 de estos sitios para compartir comida en Alemania. Alrededor de 50 tienen refrigeradores, y el resto son solo anaqueles.

Son una pequeño rama fuera de línea de Foodsharing.de, plataforma de Internet desde hace dos años que les da a sus miembros la oportunidad de conectarse en línea con otras personas que comparten comida, si terminaran en posesión de una col adicional o, como leía un comentario de Foodsharing, “fueran demasiadas papas orgánicas deliciosas para que las comiera una sola persona”.

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REFRIGERADORES PÚBLICOS

“A veces, la gente sale de vacaciones, y se dan cuenta de que tienen el refrigerador lleno de comida que no pueden terminar, dijo Valentin Thurn, de 51 años de edad, quien fue uno de los fundadores del sitio, el cual tiene actualmente 55 mil usuarios que visitan con regularidad.

“O tienen una fiesta, y sobra demasiada comida". Cineasta y periodista, Thurn no había planeado lanzar una revolución alimentaria, o siquiera un sitio web para compartir. Pero, mientras filmaba un segmento sobre dar un clavado al basurero, quedó impactado por lo que encontró.

“Cuando vi la gran montaña de comida comestible en los botes, el sentimiento que me sobrevino fue ira”, dijo. Su documental, “Taste the Waste” (“Prueba el desperdicio”), que fue divulgado en 2010, tocó una fibra sensible en Alemania. Con sus imágenes de lechuga descartada, botes de brillantes tomates rojos y bodegas enteras de pan viejo, así como emotivas entrevistas con agricultores alemanes sobre las papas que - ya sea demasiado grandes, demasiado pequeñas o con formas demasiado extrañas para anaqueles de supermercados - simplemente se pudren en los campos, el filme se convirtió en una piedra angular para el creciente movimiento enfocado a la reducción del desperdicio de comida.

La idea de compartir comida en línea llegó poco tiempo después. “Yo soy cineasta”, dijo Thurn. “Sin embargo, personas en nuestro equipo me dijeron: 'Ellos están compartiendo todo en Internet. ¿Por qué no compartimos comida?'” Por seguridad, Thurn y su equipo establecieron unas cuantas reglas básicas.

No se puede compartir nada con fecha de expiración; no se permite carne o pescado frescos; está bien comida preparada, pero no así ensaladas que han quedado afuera todo el día bajo el sol. Como regla general, las personas deberían compartir comida que ellas mismas desearían comer.

Bajo leyes alemanas que regulan la distribución de alimentos, compartir comida entre individuos está permitido. Sin embargo, los refrigeradores y anaqueles para compartir comida operan en su mayoría debajo del radar. Si bien se han dado problemas con miembros que son descorteses o codiciosos, dijo Thurn, hasta ahora nadie se ha quejado de haber enfermado.

Funcionarios de la ciudad en Berlín, que tiene 12 de estos sitios, efectivamente cerró uno el año pasado porque ni un grupo o persona lo estaba supervisando y documentando el origen de la comida, para garantizar que fuera seguro, como lo exige la ley.

Refrigeradores
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AHORRADORES DE COMIDA

En diciembre, Foodsharing.de incorporará otro sitio alemán de Internet, Lebensmittelretten.de. Dedicado a ahorrar comida, este sitio fue fundado por Raphael Fellmer, de 31 años de edad quien era un universitario tan molesto por un artículo que leyó sobre comida desperdiciada que decidió dejar de comprar abarrotes por completo.

Trabajando directamente con abarroteros orgánicos, panaderías y otros establecimientos, los ahorradores de comida salen en equipos a recoger comida, ya sea chirivía ligeramente marchita, toronja manchada o aguacates pasados, justo antes de que terminen en la basura.

“En verdad te da un sentido de valor de la comida”, dijo Lilo Brisslinger de Berlín, uno de los 9 mil ahorradores de comida que hay, con base en estimados, en Alemania, Austria y Suiza. A fin de calificar como ahorrador de comida, Brisslinger, de 26 años, quien tiene una maestría en estudios islámicos, tuvo que presentar un examen. La puntualidad es uno de los principales requisitos, con preguntas sorpresa sobre qué hacer en caso de vacaciones o haber olvidado recoger a una cita.

“Nuestro objetivo es 100 por ciento confiabilidad”, dijo Fellmer. “De lo contrario, los gerentes de tienda siente algo como: 'Ajá ¿de nuevos esos hippies?'” Cuando menos una vez por semana, Brisslinger recoge todo desde sopas de lenteja hasta dulces de panadería de un pequeño local orgánico cerca de su apartamento.

Lo que ella no puede comer lo deja en una esquina donde se comparte comida en una tienda cercana que vende té, o se la da a personas que piden dinero en trenes. Dos vecinas, otras mujeres solteras de veintitantos, siempre aceptan gustosas esos extras. “Siento que puedo hacer feliz a la gente”, dijo Brisslinger. “No es mucho trabajo, solo un poco de tiempo para ir a la tienda”.

Georg Kaiser, de 47 años de edad, el director ejecutivo de Bio Co., cadena de modernos mercados orgánicos que están entre los mil establecimientos alemanes que trabajan con los ahorradores de comida, dijo que daba la bienvenida a la oportunidad de reducir el desperdicio de su empresa. “Para mí, en lo personal, es una cuestión de respeto a la gente y la tierra”, dijo. “Incluso si no es vendible, sigue siendo comida buena”.

MIL TONELADAS APROVECHADAS

A lo largo del año pasado, ahorradores y compartidores de comida impidieron que alrededor de mil toneladas de comida fueran a la basura, destacaron organizadores.

“Por supuesto, si lo comparamos con todo el país, esto no es nada”, dijo Thurn. “Yo no consideraría que la solución está en compartir comida. Lo que reviste mayor importancia que los kilos rescatados es cambiar la manera de pensar de la gente”.

Sandra Teitge, una de las fundadoras de Intercambio de Comida Berlín, proyecto que provee comidas usando productos que sobraron en tiendas o mercados de agricultores al final de un día, dijo que ella creía que la sobreabundancia no solo había llevado al desperdicio, sino también a una falta de creatividad y flexibilidad.

“Estamos acostumbrados a comer y comprar lo que queremos, exactamente cuando lo queremos”, dijo. “Yo crecí en el oriente de Berlín, y en Alemania Oriental, realmente no tenías mucho. Sin embargo, aun así lográbamos comer buenas cosas”.

Culinary Misfits, café que abrió en Berlín hace cuatro meses, espera abordar el problema de los desperdicios de comida desde otro ángulo. Trabajando directamente con agricultores para procurar zanahorias de tres patas y papas bulbosas que son rechazadas por supermercados, los dos diseñadores detrás de Culinary Misfits esperan enseñar que una remolacha del tamaño de un balón de futbol es justamente tan deliciosa como uno estándar.

“Todas estas zanahorias de supermercado, son como soldados en sus bolsas de plástico” dijo Lea Brumsack, una de las propietarias del café. “Lo que compra la gente, no es natural. Y eso conduce a que puedas comprar una manzana de forma perfecta de Nueva Zelanda en la tienda, pero justo afuera de Berlín, los árboles se cuelgan por las manzanas que nadie está recogiendo”.

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