New York Times Syndicate

Los primeros empleados en el nuevo WTC de NY

De las cenizas de lo que fueron las Torres Gemelas surgió el imponente edificio One World Trade Centrer, que el pasado 3 de noviembre recibió a sus primeros inquilinos. 
The New York Times
14 noviembre 2014 13:21 Última actualización 17 noviembre 2014 11:10
Wold Trade Center, en Nueva York

La construcción del 1 World Trade Center empezó en el 2006. (New York Times)

Más de 13 años después del ataque terrorista que destruyó a las torres gemelas – símbolos enormes del poderío financiero y estructural de la Ciudad de Nueva York -, los primeros empleados del primer inquilino del edificio que se levantó para tomar su lugar, llegaron el 3 de noviembre en su primer día de trabajo.

“El edificio está abierto a los negocios”, dijo Jordan Barowitz, un ejecutivo de la Organización Durst, que desarrolló el edificio 1 World Trade Center, junto con la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. “Es un edificio hermoso, es un edificio histórico, pero es un edificio de oficinas y está abierto para hacer negocios”.

De 541 metros de altura, el edificio se encuentra a pasos de donde estuvo la torre norte hasta el 11 de septiembre del 2001. Sin embargo, si bien en esa mañana soleada tenía una promesa todavía veraniega hasta que el primer jet laceró al 1 World Trade Center y el humo llenó el cielo azul joya, este lunes de noviembre estaba frío y ventoso cuando llegaron los empleados de la editorial que publica la revista Conde.

Caminaron bajo de los altos techos del vestíbulo, adornado con mármol blanco de la misma cantera que las viejas torres; uno de los muchos detalles que les recordarán que su nuevo centro de trabajo tiene una conexión inevitable con ese día, así como las promesas de renovación que hicieron, por igual, funcionarios elegidos y ciudadanos comunes.

Había una conciencia, también, de la aprensión, reforzada por el comediante Chris Rock en “Saturday Night Live” menos de 36 horas antes. Al referirse al 1 World Trade Center como la Torre de la Libertad, dijo: “Deberían cambiarle el nombre de Torre de la Libertad al de 'Torre Nunca Voy a Entrar’, porque yo nunca entraré. No hay ninguna circunstancia que vaya a hacer que yo me meta en ese edificio”.

“Puedo entender el miedo que hay detrás”, comentó Vijay Ramcharitar, un empleado de Conde Nast, de 25 años de edad, cuya oficina está en el piso 21.“Si vives con temor”, dijo, “no puedes hacer nada en tu vida”. Llamó al edificio “una inspiración” y dijo que era “genial” tener un sitio ahí.

Margo Coble, de 42 años, quien trabaja en márquetin en Conde Nast, dijo que su madre había mencionado que se sentía “un poco nerviosa” por el lugar al que iba Coble.

“Le dije: 'Se trata, probablemente, del edifico más seguro en Nueva York’”, comentó Coble.

El director ejecutivo de Conde Nast, Charles H. Townsend, llegó a la entrada sur en una limusina Mercedes Benz, mientras entraban caminando sus subordinados. Si hubieran llegado en coches con chofer, no habrían podido dar vuelta sobre la calle Vesey, porque se instalaron bolardos metálicos retráctiles en el pavimento para bloquear el acceso.

Estaban en su lugar ese lunes por la mañana y había policías alrededor del edificio. Los empleados que entraban por la puerta de la calle Vesey mostraron un pase de identificación; lo volvieron a enseñar cuando llegaron a los torniquetes que controlan el acceso a los elevadores.

Austin D. Parker, quien trabaja para una compañía de instalaciones audiovisuales, a la que contrató Conde Nast, dijo que se empapó a los empleados en los protocolos y procedimientos de seguridad. Comentó que lo instruyeron en las rutas de escape.

“Al principio empiezas a penasr: '¿qué están haciendo aquí?'”, dijo. “Luego, llegas a conocer el edificio y rindes homenaje a su historia”.
La llegada de la compañía fue un momento extraordinario que transcurrió en las formas más comunes cuando los empleados simplemente entraron caminando y se subieron a los elevadores hasta sus pisos. No se cortaron listones, no hubo bandas de música que tocaran, ni algún funcionario elegido que pronunciara un discurso, en parte porque el gobernador neoyorquino Andrew M. Cuomo tenía actividades de campaña en otras partes.

Los trabajadores son lo que la compañía llama empleados corporativos, lo cual quiere decir que no trabajan en ninguna de sus revistas en particular. Algunos laboran en recursos humanos, algunos en contabilidad.

¿Glamur? Ya vendrá después, al igual que Vogue, Vanity Fair, The New Yorker y las otras revistas de Conde Nast.

Fue la culminación de 13 años de insólitas riñas públicas por los arquitectos y los diseños; de maniobras política y disputas burocráticas, y un complejo trabajo de construcción.

La construcción del 1 World Trade Center empezó en el 2006, y eran monumentales las estadísticas. El revestimiento exterior del edificio tiene suficiente vidrio como para cubrir 20 canchas de futbol americano profesional. El edificio tiene tanto acero como el que hay en 20 mil automóviles y suficiente concreto para una acera de 10 centímetros de grosor que vaya de Nueva York a Chicago.

El edificio nuevo está a unos pasos del monumento que honra a quienes murieron en los ataques. Hay un museo con una imagen enorme de las torres gemelas en una ventana contra la que los turistas presionan la cara. Más cerca todavía, está el estanque norte, rodeado, por encima de su muro de agua de nueve metros de profundidad, con los nombres de las víctimas.

Sin embargo, hay signos de resurgimiento en Lower Manhattan: una manta en un edificio promueve condominios en los pisos superiores de un hotel de lujo.

Conde Nast, que dijo en una declaración que se sentía “orgullosa de ser parte de este momento importante de renovación para la ciudad”, está rentando 24 pisos en el 1 World Trade Center. Los 175 empleados que se mudaron al edificio en noviembre fueron la primera oleada de la fuerza laboral de la empresa.

Si el primer día en las nuevas oficinas se trata de cuestiones cotidianas – ¿El trayecto es más largo o más corto? ¿Siquiera es bueno el café del carrito de la esquina? _, los empleados de Conde Nast vieron algo conocido cuando se dirigían al trabajo. Cerca de una de las entradas está una tienda que vende revistas, con los títulos de Conde Nast en exhibición.

La tienda también vende refrescos y bocadillos, y, por 24.99 dólares, algo que podrían poner sobre sus escritorios como recordatorio de dónde están: su edificio nuevo en miniatura.

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