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Los obstáculos de Ucrania para restablecer su legado agrícola

Después de la desintegración de la Unión Soviética, la tierra agrícola en la recién independizada Ucrania se dividió entre los aldeanos, parte por parte, creando un mosaico de empresas agropecuarias, a menudo ineficientes y poco rentables.
Danny Hakim
06 junio 2014 22:55 Última actualización 08 junio 2014 5:0
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Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)

Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)

ZIBOLKY, Ucrania. Como muchos de sus vecinos en esta antigua granja colectiva soviética, María Onisko prefiere que le paguen por la modesta parcela que renta con granos en lugar de con dinero.

“Tengo dos vacas y cuatro cerdos, muchos pollos”, contó Onisko de 62 años. “Así es que lo usamos para ellos”.

Después de la desintegración de la Unión Soviética, la tierra agrícola en la recién independizada Ucrania se dividió entre los aldeanos, parte por parte, creando un mosaico de empresas agropecuarias, a menudo ineficientes y poco rentables. Parte de la tierra se renta a cultivadores de frutas, operadores de granos o negocios agrícolas a gran escala. Algunos lugareños trabajan parcelas pequeñas por su cuenta. Algunas tierras están sin explotar, atascadas en un limbo legal, por la muerte del dueño.

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EL GRAN RETO DE POROSHENKO

Ucrania fue alguna vez el granero de la Unión Soviética, conocido por sus suelos ricos, donde florecían los granos, girasoles y ganado. Sin embargo, la producción agropecuaria cayó drásticamente en la caótica década después del colapso del comunismo y la recuperación se ha dado con altibajos. La producción apenas está retornando al nivel de su punto máximo en los 1990, obstaculizada por la corrupción, la burocracia y las ineficiencias que han plagado a la economía ucraniana en general durante años, por lo que los aldeanos han tenido que llevar vidas humildes.

Restaurar el legado agropecuario de Ucrania será crucial para que su recién elegido presidente, el multimillonario empresario Petro O. Poroshenko, tenga éxito. Esos esfuerzos requerirán recorrer un largo camino para arreglar la economía de Ucrania y reducir la dependencia de Rusia. La agricultura representó alguna vez casi 20 por ciento del producto interno bruto; hoy es aproximadamente 10 por ciento.

El potencial quedó claro el año pasado, cuando una fuerte cosecha ayudó a Ucrania a evitar una caída en la producción. “Fue solo gracias a la agricultura”, notó Pavlo Sheremeta, el ministro de desarrollo económico de Ucrania. “De otra forma, habría sido un descenso”.

Contra el telón de fondo de la crisis con Rusia, los intereses occidentales defienden el cambio. La Unión Europea avanza con un plan para reforzar el comercio, levantando los aranceles sobre la agricultura ucraniana. Como parte de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional de hasta 18 mil millones de dólares en préstamos, el gobierno ucraniano debe empujar las reformas empresariales que ayudarían a aliviar los problemas en la agricultura y otros negocios.

La esperanza es que tales iniciativas también refuercen la confianza en los inversionistas extranjeros, conforme se aminora la crisis. Las grandes multinacionales han expresado un interés tentativo en la agricultura ucraniana, pero han permanecido, en gran medida, al margen, poco dispuestas a invertir en un sector obstaculizado por las deficiencias estructurales y, más recientemente, por la incertidumbre con sus vecinos orientales.

“Si llega capital barato junto con la inversión extranjera, y tienes un buen gobierno sin barreras, Ucrania puede cerrar a doble su producción en el futuro”, señaló Roman Fedorowicz, un ucraniano estadounidense que regresó hace años y ahora opera una compañía agrícola que cultiva, principalmente, maíz, girasoles y frijol de soya.

Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)
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LOS OBSTÁCULOS QUE ENFRENTA

Hasta las pequeñas mejoras marcarían una gran diferencia en un sector altamente ineficiente, necesitado de dinero. Mientras que se considera que aproximadamente 70 por ciento de la tierra de Ucrania es apta para la agricultura, no se ha cultivado totalmente. La producción por hectárea de grano del país es de alrededor de la mitad de la de Estados Unidos, de acuerdo con el Banco Mundial.

El cambio no se dará con facilidad dados los desafíos. Gobiernos anteriores trataron de restringir las cosechas que cultivaban los campesinos, determinar las rotaciones de cultivos y limitar las exportaciones. Algunos inspectores gubernamentales ni siquiera tienen coche para hacer las inspecciones en el sitio, así es que los campesinos deben llevarles el grano antes de embarcarlo.

También está prohibida la venta de las tierras de cultivo en Ucrania, un legado de su pasado comunista. Así es que los campos siguen divididos “como tableros de ajedrez”, dijo Georgii Vaidanich, un gerente de tierras en Agrokultura, una compañía agrícola con sede en Estocolmo, que renta 70 mil 10 hectáreas en muchas aldeas como Zibolky. “Por el momento, tenemos 40 mil terratenientes activos”, señaló Vaidanich. “¡Cuarenta mil!”.

Para empeorar las cosas, los trámites son costosos y muchos aldeanos nunca heredan oficialmente la tierra de labranza a la muerte de sus padres. “Hay incertidumbre en cuanto a cómo cultivar esta tierra porque tenemos las almas muertas en mitad de nuestros campos”, dijo Vaidanich, en referencia a Nikolái Gógol, cuyo clásico del siglo XIX, “Las almas muertas”, es una lectura obligatoria en la escuela en este país.

Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)
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ALTOS INTERESES

Mientras se intensifica la crisis en el este, la vida en el oeste agrícola sigue siendo la misma.

Un camino de terracería a caballo entre campos cultivados lleva hasta esta aldea, con baches tan profundos que los conductores zigzaguean al pasarse unos a otros. Hay carretas tiradas por caballos, gallos que cacarean, ancianas con pañuelos y una iglesia pintada de verde claro, rematada con chapiteles bulbosos.

Son pocos los que se sienten nostálgicos por Moscú en esta zona pro europea de Ucrania. No obstante, Oleg Gusak, el jefe del consejo aldeano, dijo que la vida no ha mejorado. “Cuando éramos un colectivo, era mejor el nivel de vida”, señaló, explicando que alguna vez había sido una operación grande, que cosechaba cultivos, tenía ganado, y producía ropa, muebles y mermeladas.

“La gente hasta llegaba de otras regiones porque teníamos mucho trabajo”, dijo y agregó: “Ahora, no es lo mismo”.

Los problemas para conseguir capital a precios razonables dificultan echar a andar granjas o expandirlas.

“Tengo que pagar hasta 12 por ciento si pido prestado en euros”, dijo Taras Barshchovsky, un emprendedor que fundó T.B. Fruit, que hace jugos de frutas y cuyos huertos rentados cubren cientos de hectáreas. Se expandió a Polonia, donde puede obtener préstamos por menos de tres por ciento.

“Quienes trabajan con bancos ucranianos en hrivnias pagan hasta 20 por ciento o más. No creo que puedas tener ganancias y liquidar ese dinero con ese porcentaje”, agregó, refiriéndose a la moneda ucraniana.

Y mientras otros vecinos que fueron parte del bloque soviético, como Hungría, Rumania y Polonia, empezaron a flexibilizar las restricciones a la venta de tierras tras integrarse a la Unión Europea, Ucrania ha retasado el levantamiento de su moratoria por considerarlo políticamente arriesgado en su sociedad agraria. En 2013, el gobierno de Víctor Yanukovich, el dirigente depuesto, la extendió hasta 2016, para después de haberse lanzado a la reelección.

Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)
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DESALIENTAN INVERSIÓN EXTRANJERA

“Temo que si vendo mis tierras, en el futuro, mis hijos dirán que su viejo abuelo se bebió todo su dinero”, dijo Hrinchishin Miroslaw, de 62 años, mientras limpiaba un sauzal cerca de otra aldea.

Agregó con una carcajada: “Depende de cuánto me vas a pagar. Si hay suficientes ceros, me puedes pagar”.

Volodimir Baran, de 43 años, un mecánico de tractores, dijo que nunca vendería sus 2.4 hectáreas. “La tierra es nuestro pan”.

Esa dinámica desalienta la inversión extranjera, la cual ha sido poco entusiasta durante años. A pesar de cierto interés de China y multinacionales, las grandes empresas agrícolas tienden a ser de propiedad ucraniana y los contratos prominentes recientes han sido menos de lo que parecían. Por ejemplo, se dice que Cargill pagó 200 millones de dólares por un interés en UkrLandFarming, un conglomerado agrícola. Sin embargo, una portavoz de Cargill enfatizó que las acciones fueron el colateral de un préstamo, más que una inversión a largo plazo.

Las regulaciones hacen “que sea mucho más difícil de entender, y para traer inversiones”, dijo David Sedik, un alto funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. “No es que un extranjero o una compañía tengan que comprar la tierra, pero engendra opacidad para el sector. Necesitas leyes transparentes para la tierra”.

En su oficina, Vaidanich sacó un mapa de la aldea y mostró cómo sus mil 102 hectáreas se dividieron entre 507 aldeanos.

“Cada campo está dividido en parcelas muy, pero muy pequeñitas”, explicó.

Campos agrícolas en Ucrania. (NYT)

Ser gerente de tierras requiere de un toque político. Vaidanich va de aldea en aldea repartiendo favores y ahuyentando a los competidores que tratan de presentar mejores ofertas a sus contratos de renta.
“No me sorprendería ninguna solicitud”, agregó. “Se trata de mantener contentos a todos, ese es mi trabajo”.

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