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Los fotógrafos indigentes de París

Ver a París con otros ojos es la intención de esta exposición, la cual pretende mostrar una ciudad desigual y desolada, siempre vista y analizada desde la perspectiva de la gente que no tiene techo. 
The New York Times
20 marzo 2015 16:39 Última actualización 23 marzo 2015 7:5
Especial Fotógrafos indigentes de París

Especial Fotógrafos indigentes de París

PARÍS.– Las imágenes capturan un París diferente del de los amores de los turistas: desechos en una bolsa de basura que podría confundirse con una floración en el agua; un túnel frío y húmedo que se abre a una avenida de árboles llena de luz; una figura de cabello largo con un abrigo pesado, cuya silueta se aprecia en una ventana, profundamente sola.

El que se exhiban las imágenes al nivel de la vista, en la verja de fierro que rodea a las históricas oficinas del alcalde, en el centro de La Ciudad Luz, no es ninguna sorpresa en esta capital internacional de la fotografía.

Lo que es insólito es que, gracias a un conjunto de intereses en contraposición de escenas, los fotógrafos son hombres y mujeres indigentes, a quienes una beneficencia les dio cámaras y orientación técnica.

Su retrato de París es sorprendentemente hermoso. Está inspirado en sus dolorosas circunstancias y anhelos de tener un momento de felicidad en una vida desolada. 

“Plasmamos lo bueno y lo malo”, comentó Lorenzo, de 55 años, uno de los fotógrafos que, como la mayoría de los entrevistados, declinó dar su apellido.

Hablaba de una de sus fotografías más impresionantes: la toma de una imagen desde adentro de un sombrío paso subterráneo que se abre a una avenida de árboles, a los que se les están cayendo las hojas. La alternancia de sombras y luz, de oscuridad y posibilidad, la curva en el techo del paso subterráneo y lo erguido de los troncos de los árboles recuerdan los contrastes que capturó otro fotógrafo parisino empobrecido,que ya murió hace tiempo: Eugène Atget.

La exposición en el ayuntamiento, que incluye 27 imágenes, es solo el ejemplo más reciente de cómo la política y el arte pueden entretejerse en Francia. Los políticos franceses han adquirido brillo por apoyar a las instituciones de arte –museos y bibliotecas, teatros y centros culturales –, y muchos artistas se ganan la vida por medio de programas culturales financiados por el gobierno.

En Estados Unidos sería menos factible que la oficina de un alcalde exhibiera el arte que atrae atención a uno de sus problemas más inextricables. Sin embargo, pareciera que eso no inquieta en París, en especial, debido a que no se trata de fotografías sobre los indigentes, sino hechas por ellos, lo que les da, al menos en forma temporal, el estatus de artista.

También ayuda que la alcaldesa, Ane Hidalgo, haya hecho de la construcción de más viviendas de interés social un objetivo central, y que haya expresado abiertamente su preocupación por los crecientes números de habitantes que duermen sobre cobijas amontonadas en los quicios de las puertas y andan de parque en parque, en una de las ciudades más elegantes y más acaudaladas del mundo.

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París

En París hay entre 11 mil y 12 mil indigentes ; aproximadamente, dos tercios de ellos están en viviendas temporales y un tercio vive en las calles, explicó Dominique Versini, una vicealcaldesa que supervisa la atención a los más vulnerables, incluidos niños y adultos mayores.

El proyecto de fotografía fue la creación de Elisabeth Tiberghien, una profesora retirada que decidió actuar en relación a un deseo de ayudar a los indigentes que tenía desde hacía mucho tiempo.

Primero, se ofreció como voluntaria en la Sociedad de San Vicente de Paul, una beneficencia laica, católica romana, que se dedica a ayudar a los pobres, luego inició su propia organización, llamada Deuxième Marche, o Segundo Paso. Juntó a amistades y conocidos para que participaran en su consejo de administración y abrió una pequeña accesoria en la cual la organización ha ayudado a que 150 personas dejen las calles y se vayan a viviendas subsidiadas.

Con ayuda de un miembro del consejo de administración, hizo equipo con Wipplay.com, un sitio web sobre fotografía que, en colaboración con Olympus, estuvo de acuerdo en proporcionarle cámaras digitales, Olympus compactas y automáticas, para los indigentes que querían intentar tomar fotos. Contactó a personas con las que trabajó o que conocía por medido de otras organizaciones para los pobres, y 15 hombres y mujeres se ofrecieron como voluntarios para llevarse las cámaras y tomar fotografías durante un mes. Solo dos no concluyeron el proyecto.

Tiberghien también convenció al fotógrafo profesional Jean Paul Lozouet, quien, por lo general, se concentra en las artes escénicas, para que fuera el mentor de los fotógrafos, muchos de los cuales están batallando con enfermedades mentales y, en algunos casos, con el alcoholismo. La mayoría de ellos ya tienen ahora una especie de refugio por medio de la ayuda de Deuxième Marche.

Se les pidió a los participantes que tomaran las fotografías del 17 de noviembre al 20 de diciembre; luego, Lozouet las descargó a su computadora e hizo una primera separación de la paja del trigo y, de miles de ellas, dejó unos cuantos cientos. Wipplay, que lleva a cabo concursos de fotografía, les pidió a los visitantes en la red que votaran por sus imágenes preferidas. Un jurado que incluyó a expertos en fotografía, artistas y a un representante de la oficina de la alcaldesa, seleccionó las 27 fotografías para la exposición. Deuxième Marche ha estado vendiendo impresiones de las fotografías que separó Lozouet, les dio la mitad de las ganancias a los fotógrafos y usó lo demás para pagarle a Wipplay por supervisar la votación en la red y cubrir los costos de la exposición. Hasta ahora, se han vendido alrededor de 40 impresiones; las más grandes se han vendido en 250 dólares y las más chicas en 150 dólares. Patrocinadores corporativos también hicieron donaciones al proyecto.

Varios de los fotógrafos indigentes dijeron que les gustó ir a la plaza cercana a la oficina de la alcaldesa y observar discretamente cómo los transeúntes veían sus fotos. “Te anima ver todas estas reacciones, de verdad”, explicó Lorenzo, un hombre alto y delgado, que lleva puestos unos vaqueros desgastados y tiene el cabello más bien largo.

Ha pasado de un “trabajito” a otro “trabajito” en la construcción y cargando camiones congeladores. Algunas de sus fotografías son de embarcaderos en el Sena, donde dormía a veces, antes de encontrar un lugar de interés social donde vivir. Otra es de un hombre de mayor edad, sentado en una silla metálica en el Jardín de las Tullerías, inclinado hacia la estatua de un león, como si ambos sostuvieran una conversación.

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