New York Times Syndicate

Londres también tiene un legado en el comercio de esclavos

Aunque es menos discutido que su versión estadounidense, la relación de Londres con la esclavitud es profunda: La ciudad financiaba y regulaba el comercio, y el gobierno de entonces envió a su armada para proteger las rutas de navegación.
Akhil Sharma
20 junio 2014 20:5 Última actualización 21 junio 2014 5:0
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Londres cuenta con algunos monumentos y museos dedicados a cuando existía la esclavitud en ese lugar. (NYT)

Londres cuenta con algunos monumentos y museos dedicados a cuando existía la esclavitud en ese lugar. (NYT)

LONDRES. Era un brillante sábado por la mañana, y la ciudad de Londres, el distrito financiero de la capital británica, estaba vacía. Caminaba yo sus angostas calles en busca de una escultura. Continué perdiéndome, y me encontré avanzando y desandando lo andado.

Finalmente, en un patio entre los edificios de oficinas me encontré con él: 'El dorado de Caín' de Michael Visocchi y Lemn Sissay.

Un púlpito de piedra inscrita con un poema de Sissay está flanqueado por una docena de altas figuras abstractas – una subasta de esclavos en curso. Es uno de los pocos monumentos a la esclavitud de la ciudad – un hecho sorprendente teniendo en cuenta lo profundamente involucrado que estuvo Londres en el comercio internacional de esclavos, y de la cantidad de esclavos de los cuales fue su hogar en el paso de los años, hasta la abolición nacional en 1833. Me quedé en el patio en silencio por varios minutos. Me sentía más y más conmovido. Finalmente, me di vuelta y me alejé.

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UNA RELACIÓN PROFUNDA

Aunque es menos discutido que su versión estadounidense, la relación de Londres con la esclavitud es profunda: La ciudad financiaba y regulaba el comercio, y el gobierno de entonces envió a su armada para proteger las rutas de navegación.

Solamente en los años 1710 y 1720, los barcos británicos llevaron a través del Atlántico a unos 200 mil esclavos. Y, a lo largo de los siglos, el comercio condujo a una población africana sustancial en la capital.

Incluso en 1596, su presencia fue tan notable que la reina Isabel I de Inglaterra ordenó que fueran expulsados. Sin embargo, su presencia sólo creció a medida que aumentaba el comercio. Los historiadores estiman que a mediados del siglo 18, había aproximadamente 15 mil sirvientes negros – muchos de ellos esclavos – en Londres, en una población de alrededor de 700 mil. Allí, la esclavitud fue tan brutal como lo fue en Mississippi o Alabama; los esclavos eran tan maltratados que a menudo morían o sufrían mutilaciones. Los esclavos también se convirtieron en parte de la iconografía visual de la ciudad. Multitudes de civiles escucharían bandas militares con esclavos como miembros, tocando música influenciada por su origen africano. Las panaderías que vendían dulces a menudo tenían africanos en su señalización, ya que la esclavitud estaba íntimamente ligada a las plantaciones de caña de azúcar.

Un púlpito de piedra inscrita con un poema de Sissay está flanqueado por una docena de altas figuras abstractas. (nyt)
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LONDRES, AZUCAR Y ESCLAVITUD

Muchos caminos y calles tenían nombres como Vía Black Boy y Callejón Blackmoor. Yo estaba en Londres para explorar este complicado y estratificado legado. El mejor lugar para comenzar una visión general, probablemente, eran los viejos almacenes de azúcar en los muelles de las Antillas. Estos masivos edificios de ladrillo, a lo largo del río Támesis, cerca de Canary Wharf, todavía tienen ventanas con ominosos barrotes gruesos, que se utilizaban para prevenir robos cuando el azúcar era preciosa. Hoy en día, en los almacenes hay tiendas, bares y restaurantes, así como un ambiente festivo; en el frente, músicos callejeros y niños con las caras pintadas comparten la acera. Durante mi visita, un hombre se ofreció a enseñarme a montar un monociclo.

Pero dentro de uno de los almacenes hay un sitio con un ambiente más oscuro: el Museum of London Docklands (museo londinense de los muelles) y su exhibición permanente sobre la trata de esclavos ''London, Sugar & Slavery", Éste documenta cómo se produjo la participación británica en la esclavitud debido al creciente consumo de té y café. Esto significó un aumento de la necesidad de azúcar y de mano de obra barata en las plantaciones de caña de azúcar coloniales.

La exposición muestra cómo se producía el azúcar y luego se vendía en altos conos. En la exhibición hay un cuello alto con picos largos que los esclavos eran obligados a llevar para que se engancharan entre los árboles si intentaban escapar. La característica más escalofriante, sin embargo, es una discreta pared con un gráfico que muestra los barcos que navegaban desde Londres. Los títulos incluyen el nombre de los buques, sus capitanes, la fecha en que salían de Londres, su destino en África y el número de esclavos africanos que llevaban de allí. Vi y leí cada fila de información y pensé en cuántas vidas y familias habían sido destrozadas por el viaje que se describía.

Casi desde el principio de la participación de Gran Bretaña en la trata de esclavos había británicos que lo encontraron repulsivo. Algunos abolicionistas llevaban su propia azúcar cuando visitaban amigos para tomar el té, azúcar que había sido comprada en fuentes que no emplearan esclavos. Las personas que se oponían a la esclavitud usaban el famoso cameo Wedgwood de un suplicante, con la frase ''¿No soy yo un hombre y un hermano?'' inscrita en él.

Monumentos de esclavitud en Londres. (NYT)
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EL FIN DE LA ESCLAVITUD

Para ver cómo se tradujeron esas opiniones en el principio del fin de la esclavitud, hay que visitar Guildhall, un espacio parecido a un templo, construido en el siglo XV – y que sigue siendo el centro administrativo de la ciudad de Londres. Tiene altos techos abovedados, ventanas altas y estrechas y placas conmemorativas a lo largo de las paredes.

Cuando paseaba por él una mañana de fin de semana, también estaba completamente vacío. El oscuro espacio, que se utiliza regularmente para eventos corporativos, se sentía tan parecido a una iglesia que no dejaba de pensar que olía a cera e incienso.

En 1783, Guildhall fue el lugar del juicio de la infame Zong Massacre. El Zong era una nave tripulada por traficantes de esclavos; los cuales decidieron atar las manos y pies de 133 esclavos y tirarlos por la borda, y luego trataron de cobrar el seguro de su carga muerta. Cuando este horror comenzó a ser ampliamente conocido, empujó a muchos que habían sido ambivalentes acerca de la esclavitud, a oponerse a ella.

Room 20, en la Galería Nacional de Retratos, está dedicado a los reformadores sociales. Después de haber leído mucho sobre la esclavitud en Londres, pude ver por fin, a las personas reales que habían luchado en contra de ella. Oscar Wilde escribió: ''Es sólo gente superficial que no juzga por las apariencias.'' Yo creo que podemos decir más de lo que necesitamos saber acerca de una persona, por su rostro, y la forma en que se sienta o se levanta.

Granville Sharp, hijo de sacerdote, el genial autodidacta que ayudó a organizar el abolicionismo en Gran Bretaña, se ve tan vivo que parece estar listo para salir de la pintura (que se encuentra actualmente en préstamo a otro museo). William Wilberforce, el gran parlamentario y repetidamente instigador de votos contra la esclavitud, en un retrato inacabado de Thomas Lawrence parece cansado e introspectivo. Mi corazón se aceleró al ver a esos personajes casi como si hubiera entrado en un restaurante y visto a una estrella de cine.

La galería está dedicada a los retratos de reformadores sociales. (NYT)

Como es común en un espacio dedicado a la historia, la habitación 20 estaba prácticamente vacía. La multitud estaba abajo, en una exposición de fotografías de estrellas de rock, incluyendo, por supuesto, muchos de los que estaban profundamente influenciados por la perdurable presencia africana en el país.

Es fácil ponerse de pie en la digna y silenciosa Galería Nacional de Retratos, y pensar que la esclavitud fue llevada a su fin por las élites que escribieron cartas a los periódicos y dieron discursos. Visitar los Archivos Parlamentarios crea una comprensión completamente diferente y más realista: la abolición se produjo sólo cuando la gente en el poder tuvo miedo de perder sus escaños en el Parlamento. Después de haber hecho una cita por internet, visité el archivo, deslizándome junto a los turistas que esperaban en largas filas y entré al Parlamento por donde lo hacen los trabajadores.

Al igual que la Biblioteca del Congreso, los archivos están abiertos al público y son un tesoro sobre las palancas y engranajes que obligan a la historia a seguir hacia adelante. Entre las cosas que uno puede pedir para verlas, están varias peticiones que se enviaron al Parlamento, instándole a poner fin a la esclavitud, enormes trozos de papel con miles de firmas – uno de Birmingham tiene 10 mil – muchas de ellas, de personas que podrían haber perdido sus empleos a causa de ese acto político.

Melanie Unwin, curadora adjunta de la colección del Palacio de Westminster, y participante en la organización de una exposición sobre el fin del comercio de esclavos, que tuvo lugar en todo Londres durante 2007, me dijo que los documentos a menudo llevan a la gente al borde del llanto.

''Se dan cuenta de la cantidad de gente común como ellos que estuvieron involucrados’', dijo.

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