New York Times Syndicate

Llueven solicitudes de visa H-1B antes de que EU cierre sus puertas

Antes de que Trump cumpla sus intenciones de modificar el método de entrega de visas para trabajadores extranjeros, miles de solicitantes buscan este preciado documento que les podría dar hasta una residencia en ese país.
Miriam Jordan NYT
21 abril 2017 18:25 Última actualización 22 abril 2017 4:50
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Los camiones de reparto empiezan a llegar con sus preciosos paquetes antes de que amanezca, formándose ante un enorme edificio gubernamental que se eleva sobre la extensión suburbana del Condado de Orange.

Era el inicio de la temporada de presentación de solicitudes para las visas para trabajadores calificados, conocidas como visas H-1B, que permiten a los empleadores estadounidenses, principalmente empresas de tecnología, traer a trabajadores extranjeros por tres años a la vez.

Durante los últimos años, el gobierno federal se ha visto tan abrumado por las solicitudes que ha dejado de aceptarlas a una semana del primer día de recepción; de ahí la fila de camiones que tratan de entregar solicitudes para visas H-1B antes de que se cierren las puertas del programa por otro año.

Y este año, la urgencia se ha intensificado para ser una pelea de todos contra todos porque el futuro del programa H-1B no está claro.

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Elogiado por sus proponentes como vital para la innovación estadounidense, el programa también ha sido criticado como un plan para desplazar a los trabajadores estadounidenses con mano de obra extranjera más barata. El presidente Donald Trump ha prometido revisarlo y los legisladores de ambos partidos han elaborado proyectos de ley para modificarlo.

En mítines de campaña, Trump presentó a estadounidenses despedidos a quienes se les había pedido capacitar a sus sucesores extranjeros en empresas que incluían a Disney. “Ya no permitiremos que esto suceda”, exclamó Trump en un discurso sobre la práctica, a la cual consideró “indignante” y “humillante”.

La agencia de Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (CIS, por su sigla en inglés) anunció recientemente un cambio técnico que pudiera hacer más difícil que los programadores de nivel inicial recibieran las visas, y el Departamento de Justicia advirtió que investigaría a las compañías de las cual creyera que habían pasado por alto a empleados estadounidenses calificados.

“El Departamento de Justicia no tolerará que los empleadores hagan mal uso del proceso de visas H-1B para discriminar contra trabajadores estadounidenses”, señaló en una declaración Tom Wheeler, director de la división de derechos civiles del departamento.

Cada año, 65 mil visas H-1B son puestas a disposición de trabajadores con títulos de licenciatura, y 20 mil más son destinadas a quienes tienen maestrías o títulos superiores.

Cuando se abrieron las puertas en el centro de procesamiento del gobierno, el primer camión en la fila, una plataforma de FedEx, llevaba 15 mil paquetes, dijo un mensajero, Andrew Langyo.

“Estamos al tope, y vienen más camiones”, dijo Langyo, quien regresaría dos horas después en el mismo camión con otra carga.

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El año pasado, el gobierno recibió 236 mil solicitudes en la primera semana antes de decidir que ya no aceptaría más. Una computadora eligió al azar a los ganadores.

La petición de H-1B promedio, una colección de formatos y documentos que certifican la buena fe de una oferta de trabajo y la persona seleccionada para cubrirla, tiene unos cinco centímetros de grosor. Pero algunos expedientes tienen más de 15 centímetros de grosor, según Bill Yates, exdirector del Centro de Servicio de Vermont, que también procesa solicitudes de visas H-1B.

Yates recordó algunos percances, como la vez que un chofer que se dirigía al centro en Vermont condujo 80 kilómetros sin darse cuenta de que la puerta trasera de su camión se había abierto, derramando su carga a lo largo del camino.

Las visas son atractivas no solo para las empresas que presentan las solicitudes, sino también para los trabajadores mismos, que pueden volverse elegibles para un permiso de residencia mientras trabajan con una visa H-1B.

Entre las solicitudes que se espera terminen en el centro de California está la de Minh Nguyen, un ingeniero de diseño de software de Vietnam que fue patrocinado para una visa H-1B por BitTitan, una compañía de software de nube en Kirkland, Washington. Es su segundo intento de obtener una visa.

“En Estados Unidos, uno está en el centro de la nueva tecnología y los cambios innovadores en la industria de la TI”, dijo Nguyen, de 25 años. “Yo contribuiría directamente a la empresa y al desarrollo de software en Estados Unidos”.

En 2014, el último año para el cual hay información disponible, solo 13 empresas de subcontratación representaron un tercio de todas las visas concedidas. Los principales receptores fueron Tata Consultancy Services, Infosys y Wiptro, todas con sede en India.

Las empresas, que subcontratan a sus empleados en bancos, tiendas minoristas y otras empresas en Estados Unidos para realizar labores de programación, contabilidad y otras, a menudo inundan al servicio de inmigración federal con decenas de miles de solicitudes.

Varios anteproyectos de ley bipartidistas en el Senado y la Cámara de Representantes buscan hacer que las empresas den más prioridad a los trabajadores estadounidenses antes de que cubran los puestos con visas H-1B.

También buscan elevar el salario mínimo para los empleos, que dependen del nivel de habilidad y ubicación; un analista de sistemas computacionales en Pittsburgh, por ejemplo, debe ganar al menos 49 mil dólares bajo las regulaciones actuales.

La teoría es que el salario más alto haría a esos empleos más competitivos con los puestos cubiertos por estadounidenses y eliminaría parte del razonamiento para importar trabajadores.

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Un borrador de una orden ejecutiva presidencial sobre “la protección de empleos y trabajadores estadounidenses fortaleciendo la integridad de los programas de visa para trabajadores extranjeros” fue ampliamente distribuido a fines de enero pero no fue firmada. Pero sin advertencia, el CIS publicó un memorando en su sitio web que afectaría a muchas solicitudes.

Específicamente, las compañías que busquen importar programadores computacionales en los niveles salariales más bajos tendrán que probar que el trabajo que desempeñarán califica como mano de obra “especializada”, que es para lo que se crearon las visas H-1B. “Habrá un mayor escrutinio del puesto que la compañía quiere cubrir”, dijo Lynden Melmed, abogado en Washington y exasesor legal del servicio de inmigración.

La medida parece estar dirigida principalmente a las empresas de subcontratación, en vez de las grandes empresas tecnológicas, que tienden a contratar a empleados con niveles de habilidad y salario más altos.

En una declaración, la Asociación Nacional de Compañías de Software y Servicios, el principal grupo comercial para la industria de la subcontratación de India, señaló: “El sistema de visas H-1B existe específicamente porque Estados Unidos tiene una persistente escasez de talento de TI altamente calificado”.

El grupo indicó que sus miembros siguen todas las reglas del programa, y que el cambio tendría poco impacto. “Está destinado a excluir a empleados menos calificados, mientras que nuestros miembros tienden a proveer trabajadores con buenas credenciales para ayudar a las empresas estadounidenses a cubrir sus necesidades de habilidades y competir mundialmente”, declaró el grupo.

Incluso antes del memorando y la advertencia del Departamento de Justicia, los temores sobre el futuro del programa H-1B estaban ejerciendo más presión sobre la entrega de paquetes. “Solo para asegurarse de que las solicitudes entraran, casi todos los clientes demandaron que las suyas llegaran el primer día”, dijo Greg McCall, abogado de Perkins Coie en Seattle que preparó 150 solicitudes.

Dentro del edificio federal, una estructura formidable que ha servido de telón de fondo para películas que incluyen a “Coma” y “Outbreak”, la danza logística se desarrollaba en dos pisos. En la sala de correos, unas 40 personas con guantes azules estaban sentadas en torno a mesas abriendo los paquetes que llegaban sin parar en contendores de 1.8 metros de altura. En un enorme almacén, esos mismos paquetes eran separados según si los solicitantes tenían títulos de licenciatura o maestría.

En total, estaban involucrados mil 500 trabajadores, y se esperaba que un segundo turno extendiera el horario de servicio normal.

“Este es el día para el que nos preparamos con anticipación durante meses y meses”, dijo Donna P. Campagnolo, subdirectora del centro.

Los camiones llegaron y se fueron todo el día, y algunos servicios de mensajería, como FedEx, escalonaron sus entregas para evitar situaciones donde docenas de camiones congestionaran la puerta.

Algunas compañías de reparto más pequeñas tuvieron también su parte de acción. Un mensajero, Fernando Salas, se acercó en una vagoneta Suzuki roja llena con 10 cajas. “Tengo 109 sobres”, dijo. “Eso es todo lo que cabe aquí”.

Todo era sorprendentemente de baja tecnología para un programa usado principalmente para empleos de alta tecnología. Al preguntarle por qué el gobierno no había digitalizado el proceso, Campagnolo dijo: “Obviamente hay mucho papel. No lo niego”.

El mayor desafío, dijo, son “los botes de basura desbordantes”. 

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