New York Times Syndicate

Lentes para cirujanos encuentran nicho entre daltónicos

Unas gafas para daltónicos con cristales especiales que hacen que las personas que padecen esta condición puedan ver los colores de forma normal, fueron el resultado de un invento destinado a cirujanos, sin embargo, hoy día, la creación de Don McPherson ayuda a la visión de muchas personas. 
New York Times 
05 septiembre 2015 13:9 Última actualización 06 septiembre 2015 5:0
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El daltonismo ocurre cuando las células en la retina que permiten al cerebro percibir el color son anormales. (Claire Martin)

Las gafas que Don McPherson inventó estaban destinadas a los cirujanos. Pero por casualidad encontró un uso totalmente diferente para ellas: como un posible tratamiento para el daltonismo.

McPherson es un científico especializado en cristales y un ávido jugador de Ultimate Frisbee. Descubrió que los lentes que había inventado, los cuales protegían los ojos de los cirujanos de los rayos láser y les ayudaban a diferenciar el tejido humano, causaban que el mundo en general se viera en colores caramelo; incluido el campo de Frisbee.

En un torneo en Santa Cruz, California, en 2002, mientras estaba de pie en un campo empastado salpicado de conos de señalización de color anaranjado, prestó un par de gafas con los lentes a un amigo que resultó era daltónico. “Dijo algo en el sentido de: ‘Amigo, esto es asombroso’”, dice McPherson. “Comentó: ‘Veo los conos anaranjados. Nunca los había visto antes’”.

McPherson se sintió intrigado. Dijo que no sabía sobre el daltonismo pero se sintió impulsado a determinar por qué los lentes estaban teniendo este efecto. McPherson había estado insertando lentes en las gafas que compraba en tiendas, luego las vendía a través de Bay Glass Research, su compañía en ese entonces.

McPherson continuó estudiando el daltonismo, afinando la tecnología de los lentes e inició una compañía llamada EnChroma que ahora vende gafas para personas que son daltónicas. La suya es una entre una variedad de compañías que han llevado inventos inadvertidos o accidentales al mercado. Esos inventos han incluido a productos tan variados como Play-Doh, que empezó como un limpiador de papel tapiz, y el marcapasos, descubierto a través de un estudio de la hipotermia.

Para aprender más sobre la visión del color y la factibilidad de crear filtros para corregir el daltonismo, McPherson solicitó una subvención de los Institutos Nacionales de Salud en 2005. Trabajó con científicos especializados en la visión y un matemático y científico computacional llamado Andrew Schmeder. No eran los primeros en aventurarse en la industria; la historia de los fabricantes de gafas que afirman mejorar el daltonismo es larga y está llena de controversia.

El daltonismo ocurre cuando las células en la retina que permiten al cerebro percibir el color son anormales. La deficiencia en la visión de color más común afecta a los tonos rojos o verdes, haciendo difícil distinguir esos colores; las anormalidades del tono azul también existen. El daltonismo total, en el cual una persona solo ve blanco y negro, es muy rara.

McPherson y Schmeder se unieron a Tony Dykes, un director de desarrollo de negocios en una empresa emergente de tecnología que también había trabajado como abogado en el Silicon Valley de California, y fundaron EnChroma. En 2012, lanzaron las gafas al público, vendiéndolas en línea a través del sitio web de la compañía a 700 dólares el par. Pero se toparon con un gran problema. “No era un producto muy popular”, dijo Dykes.

Uno de los fracasos de EnChroma fue un enfoque mercadológico que enfatizaba la ciencia detrás de las gafas. “Eso no funciona para algo como el daltonismo, que es algo realmente experimental”, dijo Dykes.

Convencer a la gente de probar algún producto nuevo es difícil. “No es sino hasta que los beneficios de una nueva tecnología son abrumadores que todos acuden en tropel a adquirir el nuevo dispositivo o servicio”, dijo Suleiman Kassicieh, distinguido profesor de administración de la tecnología en la Escuela Anderson de Administración de la Universidad de Nuevo México.

Otro primer obstáculo fue que los oftalmólogos y los optometristas no podían elaborar recetas para las gafas EnChroma, como pueden hacerlo con los lentes tradicionales. El elevado precio tampoco ayudaba a conseguir clientes.

Los fundadores analizaron formas de reducir los costos mientras creaban un producto similar. Contrataron a un fabricante que fuera más eficiente en costos y también pudieron modificar la aplicación de los filtros para que los lentes pudieran ser usados en gafas de prescripción.

La compañía lanzó de nuevo las gafas a un precio de entre 330 y 430 dólares. Vende modelos para uso exterior e interior e incluye tamaños infantiles.

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Un competidor, 2AI Labs, hace los lentes de sol 02Amp usando una tecnología diferente; las gafas se venden en Amazon por entre 277 y 447 dólares y están disponibles internacionalmente a través de distribuidores.

EnChorma aún estaba pasando apuros para resolver su dilema de mercadotecnia cuando ocurrió otro hecho fortuito: una compañía de pinturas quería financiar una campaña publicitaria que presentara a las gafas. La idea era presentar los colores a los daltónicos. Con ese fin, se hicieron videos de usuarios de EnChorma usando los lentes por primera vez mientras veían cosas como atardeceres, obras de arte llenas de color y, por supuesto, muestras de pintura.

La campaña publicitaria incrementó las ventas de EnChroma y produjo una tendencia: Los nuevos clientes de EnChroma empezaron a filmar y compartir sus experiencias en línea. La compañía incluyó volantes en las cajas de sus gafas alentando a los clientes a participar.

Animado por el volante, Bob Balcom, de 60 años de edad, un maestro de ciencias de bachillerato retirado y especialista en relaciones laborales en Chatham, Nueva York, subió su primer video a YouTube en marzo. Filmado por su esposa, muestra a Balcom poniendo las gafas sobre sus propios lentes y mirando al cielo en silencio por varios segundos. “El cielo azul es más profundo de lo que nunca había visto”, dice. “Me recuerda a Colorado. Y los pinos, son tan verdes”. Las lágrimas corren por sus mejillas hacia su barba gris.

Dykes atribuye a la campaña de los videos el ayudar a superar “la resistencia inherente que la gente tenía a algo que no podía comprender por completo”, dijo. Estimó las ventas de la compañía en varios millones de dólares este año.

Pero, según Jay Neitz, un científico especializado en visión y profesor de oftalmología en la Universidad de Washington, estas gafas y las otras antes de ellas no se basan en ciencia sólida. “Las personas que no pueden ver el verde y el rojo son fácilmente victimizadas, al igual que muchos otros ejemplos de la gente con padecimientos incurables”, escribió Neitz en un correo electrónico, y añadió que las gafas “no pueden ‘curar’ el daltonismo o hacer mucho por ayudar a las personas daltónicas excepto bajo algunas circunstancias especiales”.

Dykes respondió que las gafas no están destinadas a ser una cura, en la misma forma que los lentes de lectura no curan la vista cansada. También reconoció que las gafas no funcionan para todo tipo de daltonismo y dijo que la compañía tenía una política de devolución de 30 días por esa razón. “Funciona en ciertos casos y no en otros”, dijo. “No es una cura mágica o un engaño”.

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