New York Times Syndicate

Las luces están encendidas en Detroit

La ciudad dirigida por Mike Duggan puso en marcha un proyecto de iluminación que costó 185 millones de dólares, pagados por la ciudad y el estado, y que le dio luz tanto al centro como a las calles más recónditas.
Michael Kimmelman
20 enero 2017 20:9 Última actualización 21 enero 2017 4:55
(NYT)

(NYT)

Poco antes de las fiestas decembrinas, en una oscura calle a pocas cuadras del centro, varios funcionarios públicos se apiñaron sobre un escenario improvisado ante una multitud que tiritaba, accionaron un gran interruptor y se encendieron las últimas de las nuevas 65 mil farolas de la ciudad.

Durante años, la declinación urbana se resumió en los titulares sobre cómo se iban apagando las luces de Detroit. Ahora, las historias sobre la lenta recuperación de la ciudad tienden a enfocarse en los valientes hipsters venidos de Los Ángeles o Nueva York que colonizan los espacios abandonados, abriendo negocios de encurtidos o arando pequeñas parcelas agrícolas urbanas.

Las brillantes revistas de papel couche aclaman a Detroit como el próximo Berlín; ignorando que la capital reunificada de Alemania siempre contó con abundantes subsidios federales. Esperemos que si alguien escribe un artículo sobre el rejuvenecimiento de Detroit, un capítulo esté dedicado al regreso de las luces.

Como recolectar la basura, arreglar los baches y responder a las emergencias, estos esfuerzos indican que no importa dónde viva uno en Detroit, ya no es dejado al olvido; que el gobierno aquí puede finalmente cumplir sus promesas básicas.

La ciudad, en su etapa posterior a la bancarrota, es dirigida por Mike Duggan, un alcalde firme. Su indicador de progreso más sólido podría darse este año, con la divulgación de las cifras del censo, me dijo Duggan.

Después de generaciones de blancos y afroamericanos que se mudaron a otros lugares, hay esperanza de que las cifras revelen, por primera vez en décadas, que la población se mantuvo constante o incluso aumentó.

Hasta ahora, muchas noticias sobre el crecimiento se han enfocado en el centro, donde Dan Gilbert, el multimillonario dueño de Quicken Loans, es un impulsor decidido, y en las áreas aledañas conocidas como Midtown, que albergan a empresas como la marca de lujo Shinola.

Un tren ligero en construcción pronto vinculará a los dos vecindarios, redoblando su redesarrollo. Dicho esto, Detroit es una gran ciudad con recursos limitados. Se extiende sobre 360 kilómetros cuadrados (aproximadamente el doble del tamaño de Brooklyn, Nueva York), una gran parte de los cuales siguen deteriorados y vacíos, con pocas perspectivas de prosperidad a corto plazo.

Hice una peregrinación a Sister Pie, una agradable panadería en una esquina abierta hace unos años por una dotada trasplantada de Brooklyn en la problemática área de West Village, donde últimamente se han establecido más tiendas y restaurantes nuevos.

West Village está siendo promovido como otro reducto del renacimiento. En ocasiones incluso se escucha mencionar la palabra aburguesamiento. Pero si se conduce a una cuadra de Sister Pie, aún es posible encontrar calle tras calle de casas cubiertas de tablones de madera. Ahí es donde llegaron las nuevas luminarias. Se extienden por toda la ciudad.

El proyecto costó 185 millones de dólares, pagados por la ciudad y el estado. La Autoridad de Alumbrado Público de Detroit, respaldada por el alcalde, recibió una ayuda esencial del gobierno del presidente Barack Obama: expertos del Departamento de Energía asesoraron a los funcionarios locales para que cambiaran las antiguas, costosas y averiadas lámparas de sodio, que los vándalos habían estado destruyendo para extraer el alambre de cobre. Recomendaron la tecnología LED.

Las inversiones del gobierno de Obama en alumbrado avanzado y eficiente en energía han producido reducción de costos, haciendo a los LED (diodos emisores de luz), viables para una ciudad como Detroit. Hace tres años, casi la mitad de las 88,000 farolas en la ciudad estaba fuera de servicio.

Las luminarias LED más potentes permiten a la autoridad reemplazar esas 88,000 lámparas antiguas con 65,000 nuevas, lo suficientemente fuertes para que uno lea esas brillantes revistas de papel couche después del anochecer. Todo se dio con apego al presupuesto y al tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que alguien pudo decir eso sobre un proyecto de infraestructura importante en Detroit? “Un ejemplo de cómo debería funcionar el buen gobierno”, como lo expresó Lorna Thomas, presidenta de la autoridad de alumbrado, en la ceremonia de encendido.

También es un ejemplo de cómo una inteligente decisión de diseño urbano puede tener efectos de dominó. Algunos residentes aquí se quejaban de las pocas luminarias. Dicho esto, las nuevas farolas más potentes ahorran a Detroit casi 3 millones de dólares en facturas de electricidad. Usan cableado de aluminio, el cual nadie quiere robarse, desalentando la delincuencia. La tecnología incluso reduce las emisiones de carbono en más de 40,000 toneladas al año; equivalente a “retirar 11,000 autos de las calles”, señaló Shaun Donovan, director de la Oficina de Gestión y Presupuesto de Obama, en la ceremonia de encendido, al tiempo que “pone más dinero en las arcas de la ciudad para hacer más cosas buenas”.

Cosas buenas como invertir en el desarrollo más allá del núcleo conformado por el centro y Midtown. Me reuní con los nuevos jefes de planeación y vivienda de la ciudad, quienes delinearon una audaz agenda que se enfoca en las áreas densas, como la que rodea a Livernois Avenue, entre Seven Mile Road y Eight Mile Road, el ex distrito de moda de lujo de la ciudad. Emprendedores locales como Rufus Bartell, que atienden a una población joven de mentalidad más urbana, están reviviendo la avenida.

Bartell y su familia han abierto casi una docena de negocios a lo largo de Livernois, incluido Kuzzo’s Chicken & Waffles, donde él y yo nos reunimos para desayunar en una mañana reciente. El lugar estaba lleno, como es habitual. Negocios como Kuzzo’s tenían que cerrar para la hora de la cena durante el invierno cuando oscurecía, me dijo Bartell.

“La gente no quería salir a comer o de compras después de que se ponía el sol”, dijo. Hizo un gesto por la ventana hacia una tienda al otro lado de la calle. “Tengo una tienda que vende pieles y artículos de cuero, con una base de clientes que se inclina hacia las personas mayores.

El tráfico a pie casi caía a cero después del anochecer. Desde que se encendieron las luces, ha ascendido 15 por ciento en este vecindario”. De regreso en Sister Pie, hablé con Shannon Smith, de 26 años de edad y otro nativo de Detroit, quien dijo que había crecido en Cody Rouge, un área en el lado noroeste de la ciudad donde ir y venir de la parada del autobús en su adolescencia era una pesadilla que vivía dos veces al día cuando las farolas fallaban.

Él y otros escolares de toda la ciudad esperaban en la oscuridad a autobuses destartalados que a menudo no llegaban a tiempo. “Yo me sentía especialmente vulnerable cuando nevaba, porque la ciudad no limpiaba las aceras”, recordó Smith.

Funcionarios municipales me dijeron que, desde 2014, usando financiamiento del Departamento de Transporte, Detroit ha añadido 80 autobuses, contratado a docenas de choferes e incrementado el servicio en aproximadamente 100,000 viajes a la semana. Los autobuses son esenciales para unir a las áreas distantes recientemente desarrolladas.

Es una de las crueles (muchos aquí dicen que racistas) cargas de la vida en Detroit que las primas de seguros de auto para los residentes de la ciudad sean elevadísimas; muchos no pueden permitirse poseer un vehículo. Como las farolas, los autobuses restauran el tejido de las calles y restablecen una línea básica de normalidad.

Hice una última escala, en Lousiana Creole Gumbo, un restaurante muy recomendado cerca del centro. Joe Spencer ha sido dueño de Louisiana Creole desde principios de los años 80.

Atendía a los trabajadores del barrio antes de que llegaran los vendedores de drogas y se apagaran las luces. Ahora las luces están encendidas, dijo Spencer, y los comensales están regresando en la noche.

Pero, lo más importante, dijo, el alumbrado demuestra que el Ayuntamiento cumplió una promesa: “Los residentes dejaron de confiar en el gobierno, y sin confianza la gente no querrá asentarse aquí o iniciar un negocio.

El alcalde dijo que encendería de nuevo las luces. Lo hizo”. Entre los efectos dominó, la confianza pudiera ser lo más valioso. Como dije, una decisión de diseño inteligente.

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