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Las geishas bilingües que entretienen a extranjeros

Un nuevo fenómeno social y cultural sucede en el mundo de las geishas. Ahora estas damas aprovechan sus habilidades adquiridas en la escuela para ofrecer un servicio más cosmopolita. 
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22 mayo 2015 16:10 Última actualización 23 mayo 2015 5:0
Las geishas internacionalizan su negocio. (NYT)

Las geishas internacionalizan su negocio. (NYT)

KYOTO, Japón.– Vestida con un kimono gris perla, Reiko Tomimori, de 62 años de edad, hace una profunda reverencia mientras saluda a los invitados en Ochaya Tomikiku, su salón de té en el distrito Gion. Luego, los escolta a una habitación en el segundo piso donde geishas o futuras geishas, llamadas maikos, les ofrecen entretenimiento.

Tomimori parece convencional, pero muchas cosas en su salón de té están evolucionando, empezando con el creciente número de clientes extranjeros que la visitan. Podrían ser invitados de una de las más de 30 compañías internacionales aquí que usan a las geishas para divertir a los clientes.

Recientemente, Tomimori, en un cambio en su práctica acostumbrada, empezó a admitir a visitantes que no tienen una invitación o un acompañante, pero quieren pasar el tiempo en compañía de geishas. Algunas otras casas del té, u ochayas, están haciendo lo mismo.

“Tradicionalmente, este negocio está cerrado excepto para los clientes habituales”, dijo Tomimori. Pero como la economía de Japón sigue sufriendo y una declinación en el gasto corporativo está deprimiendo el número de asistentes locales, ella empezó a recibir a extranjeros como una forma de compensarse financieramente. En el proceso, creó un salón de té bilingüe que está desempeñando un pequeño papel en los negocios internacionales.

Tomimori habla fluidamente el inglés, como lo hace la más joven de sus dos aprendices, la maiko Tomitsuyu.

“Para la mayoría de los clientes, esta es la primera vez que ven una maiko-san o geiko-san, y siempre parecen muy interesados en este tipo de cultura”, comentó Tomitsuyu, de 18 años de edad, usando el término regional geiko para geisha. (Las maikos en Kioto usan un solo nombre que les es dado cuando se unen a un salón de té).

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Las geishas internacionalizan su negocio. (NYT)

Sus habilidades idiomáticas, adquiridas como estudiante de intercambio en Nueva Zelanda, le permiten conversar con invitados de habla inglesa, respondiendo preguntas sobre su vida, su familia y su entrenamiento. “Las clientas me preguntan sobre el kimono y el maquillaje”, compartió.

Típicamente, las geishas actúan como anfitrionas, involucrándose en conversaciones ingeniosas y alentando a los invitados a relacionarse. Preparan y sirven la comida, el té y otras bebidas e interpretan danzas y canciones tradicionales. Algunas tocan el shamisen, un instrumento de cuerdas. Una ceremonia del té de una hora para seis invitados con una maiko cuesta unos 250 dólares.

La apariencia de una geisha se basa en la tradición.
El atuendo y el maquillaje evolucionan a lo largo de la carrera de una geisha. Las maikos, como son jóvenes, a menudo usan colores brillantes. Las geishas de más edad atenúan la paleta de colores de su kimono. Aunque a menudo se piensa que las geishas son acompañantes sexuales de sus mecenas, y en otros tiempos habrían ofrecido experiencias sexuales por un precio, generalmente se coincide en que esta práctica ha sido abandonada.

Al discutir sobre cómo se les paga a ella y otras aprendices, Tomitsuyu dijo que la dueña del salón de té era una especie de agente. Tomimori se hace cargo de los gastos como kimonos, honorarios del maquillista, lecciones y peinadores. Todo lo que Tomitsuyu gana durante cinco años como maiko va a manos de Tomimori. Tomitsuyu recibe una pequeña mesada.

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Las geishas internacionalizan su negocio. (NYT)

La mayoría de las demás dueñas de salones de té están resistiéndose a seguir el ejemplo de Tomimori y recibir a extranjeros sin acompañante y permitir que las geishas hablen inglés.

Fumie Komai, la mama-san del centenario salón de té Komayah, señaló que no tenía interés en los extranjeros sin acompañante. Aunque muchos clientes habituales ofrecen entretenimiento a socios de negocios no japoneses, les deja a ellos traducir la conversación entre los invitados y las geishas.

“No tiene sentido si la maiko-san está hablando en inglés o español o francés”, dijo. “No se ve bien; no se ve como tradición”.

Cuatro maikos, tres aprendices en entrenamiento para ser maikos y dos geishas viven al otro lado de una puerta sin distintivos del salón de té de Komai, también en el distrito Gion. El área pública ofrece asientos en el piso alrededor de mesas bajas y una barra de cocteles de madera atendida por las aprendices. La música de piano grabada de fondo cumple con los estándares de la música ligera estadounidense.

Los comentarios de Komai fueron traducidos por un cliente, Ken Yokoyama, gerente general del hotel Hyatt Regency aquí, quien está entre quienes demandan más acceso para los extranjeros en las ochayas.

Como muchos varones japoneses, Yokoyama nunca había visto la actuación de una geisha hasta que se mudó a la ciudad hace nueve años y fue invitado a Komayah. Comprendía que el salón de té era una sociedad secreta; solo después descubrió cómo podría ayudarle en su actividad profesional.

Después de la visita de Yokoyama, Komai le dijo que era bienvenido para que llevara invitados, y empezó a hacerlo. Los socios de negocios en el hotel comprendieron la naturaleza inusual de la experiencia que estaba ofreciendo, y dijo que eso le ayudó a cerrar acuerdos.

“No se tiene oportunidad de tener acceso a la ochaya-san, y nunca jamás se conversa con la maiko ni se intercambian tarjetas de presentación, hablándoles”, dijo. “Así que esto es asombroso, único, y la gente lo aprecia”.

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geishas

Yokoyama a veces invita a un huésped del hotel o a un periodista visitante, que es como terminé calentándome lo pies en el calentador de piso debajo de nuestra mesa. Toshiemi, una maiko de 16 años de edad, se sentó cerca, envuelta en seda, con un elaborado peinado lo suficientemente grande para contener un adorno de metal colgante y una serie de flores primaverales que caían hacia un lado de su mejilla pintada de blanco. El cabello de una maiko es peinado con estilos altos, y para mantenerlo ella debe dormir sobre una almohada especial. A las geishas se les permite usar pelucas.

Llevaba lápiz labial solo en el labio superior, un signo de su estatus inferior.

Toshiemi fue todo sonrisas y gestos delicados mientras estuvo sentada con nosotros, al parecer divertida con nuestra conversación. ¿O estaba fingiendo? Después de todo, su tarea es cultivar la cordialidad. Esta es la razón por la cual las empresas japonesas invitan a los clientes a los salones de té o contratan maikos o geishas, según la oficina de convenciones y turismo de la ciudad. Pocas compañías estuvieron dispuestas a hablar sobre ello oficialmente.

Una que lo hizo es Kyocera, la corporación multinacional de electrónica. Las geishas y maikos actúan en la casa de huéspedes corporativa ocasionalmente, y los clientes “parecen apreciarlo”, dijo Elly Yoshikawa, subdirectora de comunicaciones corporativas, que añadió: “Se considera una buena forma de hacer que los clientes se sientan bienvenidos y especiales”.

Las compañías conocen el valor de las geishas aun cuando no puedan cuantificarlo, dijo Rie Doi, de la oficina de convenciones y turismo. “Las empresas quieren decir: 'Logramos el éxito por nosotras mismas’, pero la maiko y la geiko también ayudan”, dijo Doi.

En su salón de té, Tomimori dijo que para el invitado extranjero, la experiencia no era solo ver las danzas, o incluso hablar con las geishas. Las mujeres crean una atmósfera donde se hace sentir especiales los invitados y magnánimo al anfitrión.

“No interferimos, y no hablamos sobre esa reunión en ningún otro lugar”, dijo Tomimori, explicando por qué sus clientes traían a sus clientes a la Ochaya Tomikiku. “Confían en nosotros, y ese tipo de atmósfera afecta a la reunión”.

Solo quedan unas 250 geishas y maikos en esta ciudad. Pero aun cuando su número disminuye, las geishas siguen siendo un símbolo perdurable y ampliamente reconocido de Japón. Durante varios siglos, han personificado el arte, la música, la cultura y la hospitalidad de la nación. Ahora parece que también son parte del comercio internacional.

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