New York Times Syndicate

La súplica de una huérfana del ébola: '¿Usted me quiere?'

Sweetie Sweetie es una niña africana de 4 años huérfana del ébola como otros 10 mil niños de la región. La niña acompañó a su madre hasta su muerte en una unidad de aislamiento, después de eso fue llevada a un hogar grupal. Ahora espera ser adoptada. Recientemente le preguntó a un visitante, ¿usted me quiere?.
Jeffrey Gettleman
26 diciembre 2014 17:5 Última actualización 28 diciembre 2014 18:24
huérfana ébola (NYT)

El ébola ha sido mezquino para los niños. Más de 3,500 han resultado infectados y al menos 1,200 han muerto, estiman funcionarios de la ONU. (New York Times)

Sweetie Sweetie no tenía opción. Su padre acababa de morir de ébola. También su hermana. Su madre estaba vomitando sangre y debilitándose rápidamente.Cuando la ambulancia llegó y su madre subió en ella, Sweetie Sweetie trepó también.

El ébola había arrasado en toda su casa, y aún cuando la pequeña se veía bien, sin síntoma alguno, nadie en su aldea, incluso familiares, quería recibirla. Sin ningún otro lugar a donde ir, siguió a su madre hasta la zona roja de la clínica para el tratamiento del ébola y pasó más de dos semanas en un área de peligro biológico donde las únicas otras personas sanas usaban trajes protectores especiales.

Mientras su madre enfermaba más, Sweetie Sweetie la instaba a tomar sus píldoras. Trataba de alimentarla. Lavaba las ropas sucias de su madre, no especialmente bien, pero las enfermeras dijeron que se sentían conmovidas por el esfuerzo.

Después de todo, piensan en que Sweetie Sweetie tiene solo cuatro años de edad. Los trabajadores de atención médica ni siquiera sabían su nombre real, por ello la llamaron Sweetie Sweetie.

Después de que su madre murió, la niñita se quedó de pie afuera de las puertas de la clínica mirando alrededor con sus enormes ojos cafés. No había nadie que la recogiera. Fue puesta en la parte posterior de una motocicleta y llevada a un hogar grupal, en cuyos desnudos y oscuros salones ahora vaga sola.

Trabajadores sociales están tratando de encontrar a alguien que la adopte, y Sweetie Sweetie parece saber que está disponible.
En un día reciente, preguntó a un visitante: “¿Usted me quiere?”
El ébola ha sido mezquino para los niños. Más de 3,500 han resultado infectados y al menos 1,200 han muerto, estiman funcionarios de la ONU.

Sierra Leona, Liberia y Guinea, los países más afectados, han cerrado escuelas en un intento por controlar el virus, y legiones de jovencitos están siendo reclutados para trabajos duros por sus empobrecidos padres.

Los niñitos que deberían sentarse en un salón de clases están partiendo piedra al lado de la carretera; las niñitas pasan apuros bajo gigantescas cargas de plátanos en sus cabezas.

Esto siempre ha sucedido en cierto grado, pero trabajadores sociales dicen que hay más niños, especialmente adolescentes, en las calles que nunca antes, lo cual pudiera conducir a un aumento en la delincuencia y los embarazos entre adolescentes. Cuando las escuelas reabran, probablemente habrá muchos asientos vacíos.

Pero lo peor, por mucho, son los huérfanos del ébola. El Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas(UNICEF), dice que en toda la región quizá haya unos 10,000 de ellos. Muchos son estigmatizados y despreciados por sus propias comunidades.

“Si hay un terremoto o una guerra y un niño pierde a su madre o su padre, una tía se hará cargo de él”, dijo Roeland Monasch, jefe de la oficina de la UNICEF en Sierra Leona. “Pero esto es diferente. Estos niños no son recibidos por la familia extendida. Esto no es como con los huérfanos del sida”.

La gente en las áreas duramente afectadas por el ébola ven a los niños como bombas de tiempo en miniatura. No se lavan las manos con frecuencia, constantemente tocan a la gente, rompen todas las reglas del ébola. Algo tan simple como un cambio de pañal se vuelve un riesgo grave porque el virus se propaga a través de los fluidos corporales.

Es un milagro que Sweetie Sweetie sobreviviera. Dormía en una cama al lado de su madre enferma en una hacinada unidad de aislamiento con personas que morían a su alrededor por un patógeno mortal y contagioso. Nunca le dieron un traje protector; trabajadores de salud dijeron que no era el protocolo y que no había ninguno incluso cercano a su talla.

Tendía su cama cada mañana y trataba de alentar a su madre; su incansable atención fue por lo que los trabajadores de salud empezaron a llamarla Sweetie Sweetie. El área de donde proviene, una aldea cercana a Porto Loko, una antigua localidad al este de la capital, Freetown, ha sido devastada por el ébola. Pero, hasta ahora, Sweetie Sweetie no ha mostrado ningún síntoma.

Trabajadores sociales han estado tratando de recolectar su historia, pero su madre ingresó en la clínica en mal estado y estaba delirando, lo que dificultó establecer todo los hechos. Pero de lo que se averiguó de ella y fragmentos de conversación con su madre, los trabajadores sociales creen que tiene unos 4 años de edad, su padre era un curandero y su verdadero nombre pudiera ser Mbalu Kamara, aunque la trabajadora social que maneja su caso se apresuró a añadir que todo eso “no ha sido confirmado”.

Ningún familiar parece estarla buscando. El único miembro de la familia al que los trabajadores sociales han podido encontrar fue un hombre al que describieron como un tío. Dijeron que era un alcohólico y no era apto para criarla.

Por ahora, continúa viviendo en una casa grupal con nueve niños más, algunos que han perdido a sus padres, otros que simplemente se han perdido en el laberinto de centros de aislamiento y clínicas para el tratamiento del ébola; en ocasiones los pequeños brazaletes de plástico con el nombre del niño se desprendieron, en ocasiones los historiales desaparecieron.

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Sweetie

Ninguno de los otros niños en la casa grupal parecía especialmente sano; dos veces al día se les toma la temperatura para asegurarse de que no están cayendo víctimas del ébola. Un infante estaba succionando una caja vacía de leche, evidentemente hambriento. Otro niño pequeño no dejaba de protegerse los ojos, aun cuando estaba sentado a la sombra. Había sobrevivido al ébola pero sus ojos le seguían doliendo. La casa olía a pescado seco.

Los niños pasan mucho tiempo sentados en sillas de plástico. Ocasionalmente juegan a un juego como Simón Dice. “Mire esto”, dijo uno de los trabajadores sociales. Hizo un gesto hacia Sweetie Sweetie, quien apareció frente a él con un vestido manchado. “Ébola dice”, anunció. Sweetie Sweetie respondió quedamente: “No tocar”.

La persona más interesada en adoptar a Sweetie Sweetie es un joven trabajador de salud que atendió a su madre y dijo que el último deseo de la madre fue que él cuidara de su niña.

Su nombre es Usman Koroma, y cuando se le buscó en un destartalado colegio de maestros en Porto Loko y se le preguntó si conocía a una niña llamada Sweetie Sweetie, lo primero que dijo fue“ ”Es mía".

Explicó, en lo que pareció una forma ansiosa pero sincera, cómo le había dado porciones extra de arroz, naranjas, sopa y potaje de mandioca en la clínica, para reforzar su inmunidad. “Amo a esa niña”, dijo.

Musa Conteh, un oficial de servicios sociales del gobierno que ha estado ayudando con el caso de Sweetie Sweetie, se mostró suspicaz al principio.

“Cuando esta niña fue dada de alta”, dijo Conteh, “aparecieron muchos sujetos, diciendo que querían llevársela, porque mírela, es bonita”.
Cuando se le preguntó qué quería decir cone so, Conteh bajó la voz casi a un susurro.

“El tiempo pasa rápido”, dijo. “Uno nunca sabe”. Afirmó que las autoridades tenían que estar en guardia en busca de cualquier signo de extraños que adoptaran niños para propósitos de traficar con ellos.
Pero entre más escuchó al joven trabajador de salud, más pareció tranquilizarse Conteh.

“Seguiremos investigando”, dijo Conteh. “Pero este hombre es educado. Puede darle una nueva vida”.

Cuando se le preguntó cuándo podría tomar una decisión sobre Sweetie Sweetie, Conteh dijo que no sabía. Había docenas de casos como este en su distrito, dijo. Cada día, la cifras crecían.

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