New York Times Syndicate

La secreta cueva artificial más grande del mundo que ahora atrae turistas

Hace 15 años, el gobierno local anunció que dentro de la montaña ahuecada permanecían los restos de lo que alguna vez fue uno de los proyectos de infraestructura militar más ambiciosos de China la cual ahora se ha convertido en un atractivo museo.
Amy Qin | New York Times
10 febrero 2017 20:36 Última actualización 11 febrero 2017 4:45
cueva

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Las montañas cubiertas de árboles se elevan alto en este lánguido distrito del río Yangtzé, mejor conocido por sus crujientes tubérculos de mostaza en salmuera. Pero una de estas montañas no es como las otras.

En el pico de la montaña Jinzi en Fuling, una chimenea solitaria destaca como centinela sobre el adyacente río Wu. La chimenea ha estado inactiva desde que fue construida hace décadas. Solo en los últimos años el público se ha enterado de por qué.

Hace 15 años, el gobierno local anunció que dentro de la montaña ahuecada permanecían los restos de lo que alguna vez fue uno de los proyectos de infraestructura militar más ambiciosos de China: la ultra secreta planta nuclear 816.

Iniciado en los años 60 durante el apogeo de las tensiones entre China y la Unión Soviética, el proyecto 816 fue el primer intento de China por construir un reactor nuclear que pudiera producir plutonio de calidad de armas sin involucramiento soviético.

Pero había un inconveniente. Para reducir la posibilidad de un ataque, los funcionarios e ingenieros chinos tomaron la decisión inusual de colocar el reactor bajo tierra, complicando un proceso de ingeniería ya desafiante.

En los siguientes 18 años, más de 60 mil trabajadores participaron en el riesgoso proyecto, y algunos murieron en el proceso. El resultado fue lo que se dice es la cueva artificial más grande del mundo, capaz de soportar la fuerza de miles de toneladas de explosivos así como un terremoto de ocho grados de magnitud.

Pero cuando China empezó una amplia conversión a la defensa civil de muchos de sus proyectos militares a principios de los 80, los trabajos en la planta casi terminada fueron abruptamente suspendidos.

Durante 26 años, funcionó en parte como una fábrica de fertilizantes químicos antes de ser revivida con fines turísticos en 2010, un improbable giro del destino para esta rareza de la historia de la Guerra Fría.

Sin embargo, para muchos trabajadores, el proyecto 816 sigue siendo una fuente de amargo arrepentimiento. Aun cuando China sigue adelante con un ambicioso ⎯ y controversial ⎯ plan para construir plantas nucleares en todo el país y ampliar el uso de la energía nuclear, los proyectos nucleares militares alguna vez importantes como el 816 han sido casi olvidados.

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“En ese entonces, el proyecto robó mucho a estos jóvenes, incluido nuestra forma de ganarnos la vida”, dijo Chen Huaiwen, un exsoldado de 69 años de edad que trabajó en la excavación de la montaña de 1969 a 1974. “Necesitamos ponerle en claro esto al público. De otro modo habrá sido un enorme desperdicio de nuestros esfuerzos y mano de obra”.

Para abordar estas preocupaciones, el sitio del 816 recientemente pasó por un año de renovaciones. Desde que reabrió en septiembre, los visitantes ⎯ incluidos, por primera vez, extranjeros ⎯ ahora pueden ver alrededor de un tercio de la cueva, que contiene casi 21 kilómetros de carreteras en túneles.

En una tarde reciente, un grupo de turistas, encabezado por una vigorosa guía que se presentó vestida con uniforme militar y botas de combate, trepó en un carrito de golf en la entrada de uno de los túneles. Desde ahí, el carrito se metió en las entrañas de la montaña Jinzi, en medio de un aire frío.

En la primera escala del tour, un cavernoso vestíbulo que alguna vez albergó a las instalaciones de generación de electricidad de la planta, sonaba ominosa música apocalíptica mientras luces de neón bañaban de azul, rojo y luego rosado la sala de muros de concreto. Era una escena quizá más adecuada para una juerga subterránea que un tour educativo sobre la historia comunista, aparte de una exhibición que mostraba, entre otros cosas, una imagen de una nube de hongo producida por la primera prueba nuclear de China en Lop Nur en 1964.

Hablando por un micrófono, Qi Hong, la guía de turistas, explicó: “Esta cueva representa no solo los esfuerzos de los trabajadores del proyecto 816, sino también una parte importante de la historia en la defensa nacional y el desarrollo nuclear de China”.

De pie alrededor de Qi había unos 30 turistas, mayormente chinos de edad avanzada. Durante el recorrido de 90 minutos, Qi condujo al grupo a través de un laberinto de salones de reactores vacíos, salas de exhibición y escaleras escasamente iluminadas, deteniéndose frecuentemente para ofrecer información mientras los visitantes ancianos recobraban el aliento.

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Aunque la mayor parte del grupo no había escuchado del proyecto hasta recientemente, eran lo bastante viejos para recordar las circunstancias de la historia que llevaron al gobierno a elegir a este lugar pintoresco en el suroeste de China ⎯ también el telón de fondo de la exitosa autobiografía del escritor Peter Hessler “River Town” ⎯ como el sitio para un complejo nuclear.

Empezó, explicó Qi, con el Tercer Frente, el colosal programa de defensa empezado por China en 1964 para crear una base industrial en el interior del país. China ya tenía un reactor nuclear; el proyecto 404 diseñado por los soviéticos en la provincia noroccidental de Gansu. Pero conforme crecieron las preocupaciones por la vulnerabilidad del reactor a los ataques, el primer ministro Zhou Enlai personalmente aprobó el plan en 1966 para construir una réplica del proyecto 404 bajo tierra en Fuling.

Poco después, llegaron científicos, ingenieros, soldados y demás personal de apoyo de todo el país a esta remota área ⎯ a la que entonces solo se podía llegar en barco ⎯ para trabajar en el proyecto 816. Representaban a parte del talento superior de la nación, tras estudiar en importantes universidades de China, así como en la Unión Soviética y Japón.

“La planta refleja la grandeza del pueblo chino”, dijo Xia Renhui, un jubilado de 66 años de edad procedente de la ciudad nororiental de Shenyang que recorría la planta. “Y, ahora, China es incluso más fuerte. ¡El Ejército de Obama no es lo suficientemente grande para combatirnos!”

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Desde el principio, fue un proyecto ultra secreto. Los residentes locales e incluso muchos de los soldados que trabajaban en el sitio no tenían idea del propósito verdadero del proyecto. El complejo incluía escuelas, un mercado y un hospital para que los trabajadores pudieran vivir en aislamiento total. La localidad cerca de Baitao despareció del mapa.

“Todo lo que sabíamos era el nombre en código 816”, dijo Li Tingyong, un residente local y posteriormente jefe de la oficina de turismo de Fuling, en un programa televisivo de 2010 sobre la planta 816. “Pero no teníamos idea de a qué se refería el nombre en código. Era muy misterioso”.

La vida fue especialmente difícil para los más de 20,000 soldados jóvenes. Muchos se habían enlistado pensando que se dirigirían a Pekín, solo para descubrir que habían sido asignados a trabajar en el sitio del proyecto 816. Por un pequeño salario mensual de unos seis renminbis, o 2 mil 44 dólares en ese entonces, a los soldados ⎯ cuya edad promedio era de 21 años ⎯ se les impuso la tarea de excavar la dura piedra con solo pequeños taladros, dinamita y palas.

Era un trabajo peligroso, y la presión para terminar el proyecto era inmensa. Los soldados trabajaban las 24 horas, alentados por el lema “¡Combatir al reloj contra el imperialismo, el revisionismo y los contrarrevolucionarios!” Muchos resultaron heridos o murieron. Actualmente, las cifras oficiales sitúan el número de víctimas en alrededor de 100.

“Pero no lo creo”, dijo Qi, en una rara desviación de su guión, sugiriendo que la cifra real era más alta. “El ambiente era demasiado duro”.

Para cuando el proyecto fue cancelado en 1984, 85 por ciento de la construcción había sido concluido. En general, la inversión total en el proyecto 816 se estimó en más de 746 millones de renminbis, o unos 359 millones de dólares de ese entonces.

Pero dejando de lado los costos irrecuperables, algunos expertos dicen que la decisión de abandonar el proyecto 816 fue finalmente sensata.

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“Lo único bueno que sucedió con el proyecto fue que le pusieran fin”, dijo Hui Zhang, un asociado de investigación en el Proyecto sobre el Manejo del Átomo de la Universidad de Harvard. “En términos del desarrollo general del programa nuclear de China, el proyecto 816 realmente no contribuyó en nada”.

Sin embargo, en muchas de las personas como Chen, quienes dieron años de su vida al proyecto 816, persiste una sensación de pérdida y resentimiento.

“Finalmente trabajamos en el proyecto porque pensábamos que estábamos trabajando para la nación”, dijo Chen. “Si hubiéramos sabido que al final le convertirían en un sitio turístico, nunca habríamos participado”.

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