New York Times Syndicate

La ‘rata’ que amenaza los arrecifes del Atlántico

Los peces león no representan una amenaza en el Pacífico o el Índigo, pero en el Atlántico son una especie invasora que pone en peligro a otras especies y arrecifes.
Lizette Alvarez
© 2014 New York Times News Service
04 octubre 2014 22:19 Última actualización 06 octubre 2014 10:40
Pez león, especie invasora en el Atlántico. (NYT)

Pez león, especie invasora en el Atlántico. (NYT)

MIAMI. Comen cualquier cosa que les quepa en el hocico, se reproducen copiosamente y se adaptan sin esfuerzo. Se han vuelto tan omnipresentes y problemáticos como las ratas, solo que más bonitos y más mañosos.

Casi tres décadas después de que se divisó un solitario y venenoso pez león en el mar del condado de Broward, la especie ha invadido el litoral sureño, reclamando a Florida en particular, así como las costas del golfo, el Caribe y hasta partes de Sudamérica.

Primero el pez león se propagó gradualmente y, luego, frenéticamente a partir del 2005; ahora, se ha convertido en la especie marina foránea más numerosa e invasiva del mundo, dijeron científicos.

En el camino, los depredadores, que provienen del otro lado del mundo y aquí pueden crecer hasta de 50 centímetros de largo, están provocando un caos en los delicados arrecifes y, probablemente, mermando preciosos inventarios de pargos y meros.

Ya no hay forma de detenerlos, dijeron expertos en aguas saladas. Sin embargo, con la esperanza de al menos retrasarlos, biólogos marinos y dependencias gubernamentales han intensificado los esfuerzos para hacer sacarlos a arponazos de ciertas áreas que albergan a arrecifes frágiles y averiguar cómo se convirtieron tan rápidamente en una amenaza, y con tanto éxito, en el océano Atlántico.

Más recientemente, la comisión de conservación de la pesca y la vida silvestre en Florida votó en junio para prohibir la importación de peces león y en septiembre, para prohibir la crianza del pez en el estado, medidas que expertos dijeron servirán para centrar la atención en la gravedad del problema. La comisión ya levantó los requisitos para los permisos de pesca para buscar a los peces león e, incluso, tiene una aplicación para que la gente pueda reportar avistamientos. “La erradicación no está sobre la mesa, pero el control local ha demostrado ser muy efectivo”, notó Lad Akins, el director de proyectos especiales de la fundación Reef Environmental Education, una organización de base que ayuda a detener la proliferación de la especie. “Son lo que mucha gente llama el invasor casi perfecto”.

Descubrir la solución para combatirlos –lo que funciona y lo que no– ha sido un ejercicio tanto de imaginación como de frustración. Los derbis o los rodeos de peces león parecen tener la mejor tasa de éxitos. Grupos de buzos se reúnen en sitios a lo largo de la costa para pasar el día pescando con arpón; en septiembre, 22 buzos, algunos desde tan lejos como Texas, se pusieron los tanques en los cayos de Florida y arponearon a 573 peces león en un día.

Se habla de ofrecer recompensas, como lo hizo una universidad en Mississippi para incentivar, pero es escaso el dinero. También está el enfoque “gourmet”. Algunos restaurantes de Florida están comprando pez león, que es ligero y hojaldrado cuando está cocido, no muy distinto al pargo, para servirlo a los comensales. Una vez que haya un mercado suficientemente grande, dijeron los científicos, los pescadores prestaran atención y ayudarán a sacarlos del mar.

Sin embargo, en eso también hay problemas. “La parte engañosa es atraparlos; las pesquerías tradicionales utilizan anzuelos y líneas pero tampoco parece ser efectivo con los peces león”, explicó Maia McGuiere, una bióloga marina en la Universidad de Florida. “Los buzos con arpones atrapan, atrapan y atrapan; requiere mucho trabajo, buzos, equipo y barcos”.

Al ser tan astutos como son, no es típico que naden en bancos, por lo que es difícil arrastrarlos con las tradicionales redes. Y, de alguna forma, se adaptaron a las aguas profundas, un submarino encontró algunos a unos 300 metros de profundidad, lo que es demasiado para los buzos. Las trampas ofrecen cierta esperanza, dijeron los científicos; los pescadores de langosta en los cayos de Florida han notado que caen peces león en sus trampas. Se están armando unas solo para ellos, lo que facilitaría que los pescadores los atraparan y vendieran.

A los científicos también los reconforta que el solo hecho de limitar la cantidad de peces león – en comparación con matarlos a todos – permitirá que se recuperen los arrecifes, igual que sus peces, notó Stephanie Green, una ecóloga marina en la Universidad Estatal de Oregón, quien realiza una investigación de tales efectos. Los peces león no pertenecen al océano Atlántico. Terminaron allí cuando la gente los trajo para embellecer sus acuarios y, al final, los liberó en el mar, probablemente, pensando que hacía una buena obra, comentaron los científicos.

Su verdadero hogar es los océanos Pacífico e Indigo, donde no representan ningún problema porque, lo más probable es que otros depredadores más poderosos se los coman, los cuales mantienen a raya a las poblaciones. Aquí, pareciera que tienen confundidos a los depredadores. Se mantienen alejados o los atraen los colores de las franjas anaranjadas y el aspecto al estilo Lady Gaga, hasta estar demasiado cerca. “Nuestras especies nativas no saben quiénes son”, comentó Matthew Johnston, un investigador en la Universidad Nova del Sureste en Florida. “He visto fotografías de peces jóvenes tratando de ocultarse dentro de sus tentáculos. Creen que son refugios; y entonces, solo se los comen”.

Johnston describió al pez león como glotón porque los estudios muestran que pueden meter de 50 a 60 peces bebés en el estómago. Incluso, tienen grandes capas de grasa en el estómago, un resultado de la indulgencia excesiva, agregó. Sin embargo, como sobrevivientes comprometidos, también pueden pasar largos periodos sin comida. Su extinción es muy poco probable. Las hembras están hechas para desovar; cada una libera dos millones de huevos al año. Para cuando los científicos aquí concluyeron todo eso, la cantidad de ellos se encaminaba al infinito. “Pueden desovar cada cuatro días, lo que es una locura”, dijo McGuire, y luego se preguntó: “¿Vamos a terminar con arrecifes sólo cubiertos con peces león?”.

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