New York Times Syndicate

La moda en tiempos de guerra

En medio del conflicto, parecería que la moda es irrelevante, pero para Leah Pérez, la directora del programa de modas en la Facultad de Ingeniería y Diseño Shenkar, es una declaración sobre la creencia de que el bien y la belleza prevalecerán.
Vanessa Friedman
© 2014 New York Times News Service
26 julio 2014 22:54 Última actualización 27 julio 2014 5:0
Programa de modas en la Facultad de Ingeniería y Diseño Shenkar. (NYT)

Programa de modas en la Facultad de Ingeniería y Diseño Shenkar. (NYT)

En julio, mientras la multitud de la moda se enfilaba en tropel hacia el Palais de Chaillot para ver el espectáculo de alta costura Armani Privé, tal vez cavilando perezosamente sobre si Caviar Kaspia tendría una mesa libre una noche o si Emma Watson aparecería en otra primera fila, Leah Pérez, la directora del programa de modas en la Facultad de Ingeniería y Diseño Shenkar, la universidad de la moda preeminente en Israel, estaba asistiendo a un diferente tipo de espectáculo, haciéndose muy diferentes tipos de preguntas. Los tipos de preguntas que probablemente nunca se les ocurrirían a sus compañeros en el Istituto Marangoni o Central Saint Martins o el Fashion Institute of Technology.

“Eran como las 6:30 de la tarde, y estábamos empezando el primero de dos presentaciones de posgrado”, dijo. “Había cerca de 700 personas en la audiencia: padres y tutores y periodistas y celebridades, como la actriz Keren Mor y el arquitecto Amir Mann. La música estaba muy alta, como generalmente sucede en un espectáculo, así que realmente no se podía oír nada más. Y entonces, de repente, todo el mundo empezó a recibir mensajes de texto en sus teléfonos móviles, avisando que las sirenas sonaban y los cohetes estaban llegando a Tel Aviv. Estábamos en un gran espacio de exposición sin refugio antiaéreo. Así que tuve que decidir si debíamos evacuar o no”. Ella decidió que no.

“Los estudiantes merecían que se viera su trabajo”, dijo. “Y la vida sigue, no importa lo que pase afuera. Casi nadie se fue. Había una especie de electricidad en el aire, y la sensación de que estábamos desafiando la situación. Pero después no pude dormir en absoluto. Solo seguía pensando en todas aquellas personas por las que yo había sido responsable”.

La idea de que la moda merece este tipo de riesgo, que la moda importaría en lo más mínimo en una zona de conflicto en medio de preguntas sobre la vida y la muerte y la diplomacia geopolítica, puede dar la impresión, a la mayoría de la gente, de anómala y, posiblemente hasta de absurda.

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De hecho, incluso antes de que comenzara el actual conflicto en la Franja de Gaza, cuando le dije a mis amigos que iba a Israel para explorar su mundo de la moda, la respuesta esencialmente fue una ceja levantada y una especie de resoplido, siendo la implicación, “¿No tienen asuntos más serios para pensar que la ropa?”

“Sé que parece ridículo”, dijo Pérez. “Yo estaba en la escuela durante la guerra de Yom Kippur, que fue terrible. Y estábamos estudiando sobre la esposa de Picasso. Y le dije al profesor: 'Realmente, ¿a quién le importa la esposa de Picasso?' Pero se convierte en una declaración sobre la creencia de que el bien y la belleza prevalecerán. De lo contrario, ¿cuál es la opción? ¿Sucumbir ante el odio y la fealdad?”.

programa de modas en la Facultad de Ingeniería y Diseño Shenkar (NYT)


No es una pregunta retórica ni es sólo un problema israelí. Más bien, las palabras de Pérez son emblemáticas sobre una verdad inesperada: En casi todos los países considerados tradicionalmente zona de peligro, hay moda.

Hay moda en Afganistán. Ucrania celebró su Semana de la Moda en Kiev en marzo, durante el apogeo de la turbulencia política por la ocupación rusa. Zambia, uno de los 30 países más pobres del mundo, tiene una semana de la moda. El año pasado, Colombia llevó a cabo una gran celebración en honor a los 25 años de Inexmoda, su exhibición de la industria de la moda y textil, que incluyó un espectáculo del diseñador Haider Ackermann realizado ante la primera dama de Colombia, varios embajadores y el alcalde de Medellín, en un esfuerzo por cambiar la narrativa nacional del tráfico de drogas y el relacionado número de muertos, al comercio de la moda.

En Israel, el programa de modas de Pérez se ha más que duplicado, pasando de unos 25 en cada clase en el año 1994, cuando asumió el cargo, a 41 graduados este año, con 60 en la clase entrante. Aunque Shenkar ha sido tradicionalmente el más conocido de los colegios de la moda, dos escuelas rivales, la Academia Bezalel de Arte y Diseño en Jerusalén y Haifa WIZO Academia de Diseño y Educación, también están disfrutando de una popularidad creciente. Y hace tres años se reinició la Semana de la Moda de Tel Aviv después de un paréntesis de 30 años, esto a pesar del hecho de que, de todos los jóvenes diseñadores que se gradúan de las escuelas de diseño en Israel, que se van al extranjero para realizar prácticas y luego vuelven para introducir sus propias líneas, sólo la mitad, si acaso, todavía están activos una década después.

En parte, esto es una manifestación de tratar de ser empresario en un pequeño mercado en donde las marcas de modas de primer nivel se evitan en gran medida en favor de las marcas minoristas, incluyendo dos grandes empresas israelíes, Castro y Renuar. Pero incluso más allá de los problemas obvios, hay cuestiones específicas de Israel que se oponen a la introducción de nuevas marcas de modas: la muerte de la industria textil local, en un tiempo entre las más grandes del mundo; el auge de marcas extranjeras baratas como H&M; y la falta de una estructura formal. (No hay salas de exhibición, y las tiendas toman la mayoría de la ropa a consignación, es decir, si no se venden, el diseñador es responsable del exceso de inventario, y no hay un organismo regulador central como el Consejo de Diseñadores de Modas de América o de la Camera Nazionale della Moda en Italia.)

Sin embargo, aunque hay casos de éxito en la moda israelí fuera de Israel, Alber Elbaz, el tan festejado director creativo de Lanvin, graduado de Shenkar; Gottex, la marca de trajes de baño fundada en Tel Aviv en 1956; los diseñadores neoyorquinos Elie Tahari y Yigal Azrouel; Kobi Halperin, otro ex alumno de Shenkar que es director creativo en Kenneth Cole, la mayoría de los graduados de Shenkar siguen soñando con trabajar en su tierra, no en las capitales de la moda de París o Milán.

Naim K. Qasim, por ejemplo, un joven diseñador árabe que se graduó de Shenkar en 2001, trabajó en Nueva York, Estambul e Italia antes de regresar en 2007 a “llevar mi visión a mi comunidad.” Él dirige un taller en la comunidad árabe de Tira con su hermana, haciendo vestidos únicos para ocasiones especiales. Nadav Rosenberg, que hizo prácticas brevemente para David Koma en Londres después de graduarse de Shenkar en 2010, abrió su marca Northern Star, que tiene una ligera y gráfica estética urbana, en 2012. Rosenberg logró apenas hace poco salir de la casa de sus padres, que fue también su estudio, para abrir un espacio vivo/de trabajo/boutique en Tel Aviv.

Dados los obstáculos, es difícil evitar preguntarse por qué.

“La moda se conecta a toda la gente”, dijo Tal Drori, quien hizo prácticas en Azzedine Alaia en París y Donna Karan en Nueva York antes de volver a empezar Colle’cte. “Puede ser un puente entre el color y la religión.”

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