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La Fórmula Uno de Niños Exploradores atrae a fanáticos de la velocidad

La Manada de Lobatos Exploradores 34 de Estados Unidos llevó a cabo su carrera de coches anual, Pinewood Derby. Aquí te contamos la historia. 
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09 mayo 2015 19:39 Última actualización 10 mayo 2015 5:0
Fórmula Uno

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BROOKFIELD, Wisconsin.– Todo empieza con un bloque de madera, cuatro ruedas y cuatro clavos. Llena a los niños de esperanza y creatividad; llena a los padres de obsesión o pavor.

Un sábado de febrero por la mañana, la Manada de Lobatos Exploradores 34 llevó a cabo su carrera de coches anual, Pinewood Derby, en un centro comunitario local. Había exploradores en fila, formados contra la pared del vestíbulo, que esperaban a que los llamaran por nombre para que pudieran correr hasta un salón con luz estroboscópica y colocarse en su lugar a lo largo de la pista.

Desde el programa informático para la carrera, el proyector en el techo que iluminaba la carrera, los mejores tiempos enlistados en la pared y los nombres de los coches –Speedy Spidey, Prankster Gangster, Born Free–, quedaba claro que el deporte que Don Murphy inició en 1953 había recorrido un largo camino desde sus raíces en Manhattan Beach, California.

Por mucho tiempo un elemento básico de los Niños Exploradores de Estados Unidos y sus más de 1.3 millones de Cachorros Exploradores, la Pinewood Derby encontró nueva vida entre los padres que han desarrollado una pasión por el deporte.

“Los papás son los que la impulsan”, notó John Halliburton, quien opera el sitio web derbydad4hire.com y la National Pinewood Derby Racing League en Cedar City, Utah. “Un grupo grande de ellos tienen hijos en los Exploradores y cuando los chicos salen, desaparecen, pero hay una parte de entusiastas que no tienen hijos que participen”.

Para ellos, hay ligas privadas, clasificaciones nacionales y un sector artesanal que vende herramientas específicas y componentes a la medida para la Pinewood.

Para Halliburton, las carreras son un trabajo de tiempo completo. Su liga mensual atrae de 130 a 230 participantes que le envían sus coches por correo ordinario de todo Estados Unidos. El día de la carrera, los dueños pueden verla en una transmisión de video en tiempo real y recibir estadísticas actualizadas. Los premios son trofeos, partes de coches y cintillos digitales con sus victorias en un perfil en internet.

La liga de Halliburton es la más grande de cuatro en Estados Unidos, incluidas la de la asociación Pinewood Racers, la de Pro Derby Drag Racing y la PWD Racing.

“Ocasionalmente, a un papá explorador le da curiosidad y manda un coche”, comentó Halliburton. “La mayoría de las personas creen que son invencibles hasta que llegan a una carrera y entonces los acaban. Por lo general, es la últimas vez que se los ve, pero los competidores averiguan más y aprenden a construir un coche”.

Joel Redfearn, un mecánico automovilístico, que fue piloto de “dragsters”, originario del sureste de Utah, es uno de esos padres. Contó que su hijo y él querían que su coche mostrara que saben lo que hacen.

“Por temor a parecer totales idiotas, mi hijo y yo pasamos bastante tiempo en ese coche”, observó.

Redfearn planeó un viaje familiar a Cedar City un día en el que Halliburton realizaría una carrera.

“Llevamos un coche que pensábamos que era superrápido y nos aniquilaron”, dijo Redfearn. “Me quedé: ¿están bromeando? ¿Pueden hacer que sean más rápidos de lo que ya son?”. Ahora es uno de los participantes más rápidos del país y ha ganado múltiples campeonatos nacionales NPDRL.

“He sido lo suficientemente afortunado de ganar unas cuantas carreas”, comentó Redfearn.

“Ha sido un ascenso, pero el problema es cuando estás n la cima porque lo único que sigue es bajar”.

Scott Law, un ingeniero de Bettendorf, Iowa, le ganó a Redfearn por una milésima de segundo en el 2013 y obtuvo el campeonato nacional total. Después de construir un coche junto con su hijo mayor, hizo una pista de carreras en su sótano y empezó a hacer carreras de liga para enviar de cuatro a seis coches al mes.

Pronto se encareció: 40 dólares por la inscripción de cada coche, más el envío de ida y de regreso.

“Yo diría que hay tipos que gastan de 300 a 400 dólares mensuales, además de los 100 dólares extras por envío, solo de los coches que corren en la Pinewood Derby”, explicó Law. “He visto muchos divorcios. Es posible que también haya habido otras razones, pero mucho tiene que ver con gente que ya no puede correr porque están gastando demasiado. Es algo adictivo tratar de ser más rápidos y más rápidos”.

Tanto Redfearn como Law organizan carreras en su comunidad local de exploradores. “Mi publicación favorita en Facebook es una imagen en la que están dos exploradores sentados en el bordillo y uno le dice al otro: 'No puedo esperar a ser adulto para poder construir mi propio coche para la Pinewood Derby’”, dijo Redfearn.

Cuando Redfearn participa en una carrera de la manada Cachorro Explorador, es frecuente que sus conocimientos conviertan las lágrimas de un niñito en sonrisas. Hace algunos ajustes al coche en problemas y luego lo enfrenta al más rápido de ese día.

“Yo diría que, probablemente, ocho de cada 10 veces podemos hacer que el coche más lento sea el más rápido en cosa se cinco a 10 minutos”, contó. “Realmente es bastante cómico porque frustra a los papás que pasaron toneladas de tiempo en eso”.

Para la Manada 45, una de las 40 mil en Estados Unidos, la Pinewood Derby es el mayor acontecimiento del año.

“Hay 49 niños en la manada y, para la Pinewood Derby, tenemos un índice de participación de casi 100 por ciento”, dijo Steve Krieg dirigente de lobatos. “Hay mayor asistencia que ir a un partido de los Brewers o de los Admirals”, dijo al referirse a la liga estadounidense de jóquey Milwaukee Admirals.

En años anteriores, la pista de carreras fue de madera, hecha en casa y ensamblada por algunos padres.

Ahora, la manada tiene una de aluminio de seis carriles con rejilla mecánica para la salida y una sección de frenado.

Conforme pasan los coches por la meta, se van viendo los nombres y tiempos en un exhibidor LED. Unos sensores miden a los coches hasta en milésimas de segundo. No es barata; las pistas de aluminio cuestan hasta 2 mil dólares.

“Tuvimos que vender muchas palomitas para eso”, comentó Dave Roller, refiriéndose a la recaudación de fondos anual de la manada.

El también formatea el programa informático para las carreras a fin de separar los coches que hacen los papás de los que hacen los exploradores. Utiliza un programa que determina a un ganador mediante un sistema de puntos que se basa en eliminatorias y mide el desempeño de los coches al enfrentarse unos contra otros.

“Si te basas estrictamente en la velocidad, los coches de los equipos, por así decirlo, que tienen más habilidades van a trapear el piso todo el tiempo”, dijo Roller. “Quieres que triunfen, pero hay algunos papás que son muy buenos en ayudar a sus hijos y algunos que no tienen ninguna experiencia de carpintería, así es que hacemos nuestro mejor esfuerzo al tratar de que sea justo”.

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