New York Times Syndicate

Justicia pronta y expedita, ¿en tribunales talibanes?

Frustrados por los códigos legales de inspiración occidental y un sistema judicial gubernamental ampliamente visto como corrupto, muchos afganos piensan que los fallos rápidos y arraigados en la tradición de los militantes son la mejor esperanza de justicia.
Azam Ahmed
13 febrero 2015 16:12 Última actualización 14 febrero 2015 5:0
Talibanes

Los afganos acuden al Talibán para que les resuelva sus disputas sin que paguen sobornos u honorarios. (Reuters)

KANDAHAR, Afganistán – Matiullah Khan y Muhammad Aywaz estaban aferrados, y su disputa por una propiedad en el sur de Afganistán estaba estancada.

Pese a pagar más de mil dólares cada uno en honorarios de abogados, no encontraron una resolución en el sistema judicial del gobierno. Los tribunales tribales, redes informales de ancianos en las que confían la mayoría de los afganos rurales, también se quedaron cortos.

Así que los dos hombres hicieron lo que un creciente número de afganos hacen en estos días cuando no hay otro recurso: Recurrieron al Talibán. A los pocos días, su problema estaba resuelto, sin que se necesitaran sobornos u honorarios.

Se habría quedado con mi casa si no fuera por el Talibán”, dijo Khan, un residente de la Ciudad de Kandahar quien acusó a Aywaz de incautar su casa“. ”Fueron rápidos y justos".

Frustrados por los códigos legales de inspiración occidental y un sistema judicial gubernamental ampliamente visto como corrupto, muchos afganos piensan que los fallos rápidos y arraigados en la tradición de los militantes son la mejor esperanza de justicia. En las ciudades paquistaníes de Quetta y Chaman, refugios de personajes exiliados del Talibán, los residentes describen largas filas de afganos que esperan ver a los jueces.

No se encontrará el mismo número de personas en los tribunales afganos que en los tribunales del Talibán”, dijo Hajji Khudai Noor, un residente de Kandahar que recientemente arregló una disputa de tierras a través del Talibán en Quetta. “Hay cientos de personas esperando justicia ahí”.

Funcionarios occidentales han considerado desde hace tiempo que un sistema de justicia justo y respetado es vital para sofocar la insurgencia, en un reconocimiento que el atractivo del Talibán ha estado arraigado desde hace tiempo en su uso de los códigos de justicia rurales tradicionales. Pero después del fin oficial de la misión militar internacional y más de mil millones de dólares en ayuda para el desarrollo para crear el sistema judicial de Afganistán, éste está en gran medida desacreditado y es ridiculizado por los afganos comunes. Un refrán popular, incluso en Kabul, es que para solucionar una disputa sobre tu granja en un tribunal, primero deben vender a tus gallinas, tus vacas y tu esposa.

Incontables programas de capacitación financiados por aliados occidentales para abogados y jueces se volvieron sinónimos de desperdicio. Las leyes adecuadas para las democracias estilo occidental han poblado los libros.

“El problema es que gastamos el dinero en lo que queríamos ver en vez de pensar en lo que los afganos querían ver”, dijo Noah Coburn, un antropólogo político en el Bennington College.

Reconociendo que la ley tribal informal seguiría siendo la favorita de la mayoría de los afganos, Estados Unidos empezó en los últimos años a gastar dinero en apoyar a esos consejos locales y conectarlos más públicamente con el gobierno. Pero una revisión por parte de una organización de monitoreo independiente encontró que en vez de impulsar la imagen del gobierno, el esfuerzo reforzó principalmente la primacía de los tribunales informales; de los cuales la justicia del Talibán pudiera considerarse una extensión radical, haciendo uso de una mezcla de tradición pastún e interpretaciones extremas de la ley islámica.

SIN CONFIANZA EN LA JUSTICIA AFGANA

Ahora, el Presidente Ashraf Ghani ha hecho de la limpieza del poder judicial una de sus primeras promesas en el poder, pero esa será una tarea abrumadora. Según un sondeo dado a conocer por Gallup en octubre, solo 25 por ciento de los afganos expresó confianza en el sistema judicial de la nación.

El Talibán ha aprovechado este descontento. En algunas áreas, han establecido tribunales móviles para llegar a aldeas fuera de sus zonas de influencia. Celebran audiencias dos días a la semana en las tierras fronterizas del sur, requiriendo que los demandantes presenten evidencia y testigos. En Kunar, expertos legales del Talibán se incrustaron con comandantes militantes para ofrecer servicios a residentes locales y a los combatientes.

Aunque pocos afganos recuerdan el régimen del Talibán de 1996 a 2001 con algo de cariño, la falta de corrupción en la justicia entonces fue vista por algunos como una fortaleza. Lo sobornos eran poco comunes. El poder de los litigantes y sus clanes extendidos importaba menos. La implementación de la ley islámica, o al menos la versión afgana rural de la misma, era estándar.

Pero la brutalidad en el corazón de la justicia del Talibán no ha sido olvidada. Las ejecuciones públicas masivas eran comunes. Los delitos menores, como cortarse la barba o escuchar música, a menudo producían fieros azotes como castigo. Sin embargo, el sistema del gobierno aún se compara desfavorablemente en opinión de muchos afganos.

“No hay personas que piensen que la justicia del gobierno es mejor que la del Talibán”, dijo Amanullah, un maestro de escuela del distrito de Andar en Ghazni. “Aun si alguien siente que sus derechos han sido violados, hay un procedimiento de apelaciones dentro del sistema del Talibán”.

Yegan, un granjero de 65 años de edad en Kunduz, dijo que acudió al Talibán para resolver una disputa con su hermana sobre su herencia.

Admite que él no quería compartir las tierras de su padre. Pero después de revisar el caso, el Talibán lo obligó a apegarse a la ley coránica y darle una parte.

“Estoy contento ahora de estar en paz con Dios”, dijo. “Si fuera el gobierno, habría tenido que pagar un soborno”.

Expertos dicen que la justicia informal rara vez es justa con las mujeres y los niños, quienes en ocasiones siguen siendo permutados entre las familias para solucionar disputas. Pero el sistema del gobierno no lo está haciendo mucho mejor. Los abogados se quejan de los jueces y fiscales que no conocen la ley. Cinco hombres acusados de violación en Paghman fueron colgados en octubre después de un juicio de apenas unas horas, estacando la falta del debido proceso.

Hay algunas soluciones potencialmente sencillas, especialmente entre el personal.

Consideremos el juez del distrito de Spinbaldak, un área relativamente poblada en la frontera de Kandahar y Pakistán en lo profundo de las tierras pastún del país. Azizullah Rahman, el juez, no habla pastún, el idioma dominante ahí.

“Estoy tratando de aprender”, dijo Rahman mientras estaba sentado en el recién construido tribunal donde regularmente revisa dos o tres casos al mes. “Pero a veces es difícil comprender a las personas”.

APLICAR LOS FALLOS, EL DESAFÍO DEL TALIBÁN

Uno de los mayores desafíos para cualquier sistema de justicia es aplicar los fallos, y ahí es donde la reputación intimidante del Talibán tiene una ventaja. Fue una razón importante para que Khan, el terrateniente de Kandahar, buscara la ayuda del Talibán para resolver su caso contra Aywaz.

La disputa concernía a la propiedad de tierras a orillas de la ciudad de Kandahar. Khan había construido una casa en el terreno y estaba rentándola a Aywaz. Poco después de mudarse ahí, Aywaz le dijo a Khan que no se iría, nunca. Afirmaba que antes de que Khan construyera la casa, las tierras le pertenecían a él.

Después de renunciar a los tribunales afganos, refirieron el asunto a los ancianos de la tribu, quienes estuvieron de acuerdo en que Khan era dueño de la propiedad.

Pero Aywaz se negó a reconocer la decisión.

Khan recurrió al Talibán. Los hombres llevaron su evidencia y testigos a una casa en la ciudad fronteriza de Chaman y presentaron su caso.

Tres horas después, los jueces del Talibán volvieron con un veredicto a favor de Khan. Le dijeron a Aywaz que simplemente colocar un pequeño letrero en las tierras, el cual afirmaba le daba la propiedad, no establecía la posesión.

Sorprendentemente, Aywaz no estaba amargado por el resultado.

El Talibán me quitó mis tierras, pero, para ser honesto, yo no entendía cómo funcionaba la Sharia”, dijo Aywaz. “Ahora, analizándolo lógicamente, cuando me dijeron que necesitaba erigir una construcción adecuada, tiene sentido para mí”.

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