New York Times Syndicate

Juegos de computadora para tener empleados

BetterWorks hace programas informáticos para oficinas en los que se combinan aspectos de los medios sociales, el registro de la buena condición física y videojuegos en un sistema cuyo propósito es hacer que los empleados sigan estando más comprometidos. 
Conor Dougherty y Quentin Hardy
27 marzo 2015 15:54 Última actualización 28 marzo 2015 5:0
"El panorama general es cómo hacer que todo esto esté más impulsado por los datos”, dijo Kris Duggan, el director ejecutivo de BetterWorks

"El panorama general es cómo hacer que todo esto esté más impulsado por los datos”, dijo Kris Duggan, el director ejecutivo de BetterWorks. (NYT)

Unos días antes de rendir declaración por una demanda por discriminación sexual que ha cautivado a Silicon Valley, John Doerr, de quien se puede decir que es el capitalista de riesgo más famoso del mundo, estaba sentado a la mesa de una sala de conferencias, donde exponía sus ideas sobre una buena administración.

El tema no era la demanda, en la cual quien fuera socia júnior en la firma de Doerr, Kleiner Perkins Caufield & Byers, afirma haber sido objeto de discriminación de género.

Más bien, se trataba de BetterWorks, una compañía en Palo Alto que ha recaudado cerca de 15.5 millones de dólares en capital de riesgo entre inversionistas que incluyen a Doerr.

BetterWorks hace programas informáticos para oficinas en los que se combinan aspectos de los medios sociales, el registro de la buena condición física y videojuegos en un sistema cuyo propósito es hacer que los empleados sigan estando más comprometidos con su trabajo y unos con otros. Con los programas informáticos, los empleados y sus jefes establecen objetivos de largo y corto plazos y, con el tiempo, registran sus avances en un tablero digital que todos en la compañía pueden ver y comentar.

Un crítico podría describirlo como el feliz giro oficinista a una vieja idea – la eficiencia en el centro de trabajo – que solía realizarse con los relojes checadores y la línea de montaje. Sin embargo, Doerr, quien ha inculcado conceptos similares en muchas de las compañías de tecnología en las que ha invertido, apuesta a que se adoptarán las mismas ideas más allá de Silicon Valley.

“Creo que vamos a ver más y más sistemas en este campo del trabajo cuantificado, o gente de ciencia, que van a hacer que el recurso más valioso que tenemos – que es nuestro grupo de trabajo – sea más efectivo”, dijo Doerr en una entrevista en la oficina satélite de su firma en San Francisco.

Sin duda que la participación pública de Doerr es un beneficio y subraya su confianza en BetterWorks con su disposición para conceder entrevistas a los medios, mientras que se escudriña a su empresa en un juzgado. Los encargados de las relaciones públicas dejaron claro que no trataría el asunto de la demanda durante la campaña publicitaria de BetterWorks.

Se conoce a las compañías en Silicon Valley porque los empleados visten con ropa informal y tienen generosas prestaciones, como comidas y lavandería gratuitas, pero comparten con el Estados Unidos corporativo la afinidad por los procesos dogmáticos y los aburridos acrónimos. Las compañías de tecnología en Silicon Valley sobresalen por convertir esos procesos monótonos en algo útil.

Doerr ha sido proselitista de tiempo atrás de un sistema de administración al estilo de Silicon Valley, llamado “OKR”, siglas en inglés para “objetivos y resultados claves”. La idea, la cual surgió en Intel, donde Doerr inició su carrera, es hacer que los empleados generen objetivos específicos y medibles, y que registren su progreso en un sistema abierto que cualquiera en la compañía pueda ver.

“El panorama general es cómo hacer que todo esto esté más impulsado por los datos”, dijo Kris Duggan, el director ejecutivo de BetterWorks.
Duggan fundó Badgeville, cuyos programas informáticos transforman las tareas laborales en distintivos y un tablero de punteros en un esfuerzo por añadir elementos de juego al trabajo. Su nueva compañía fusiona la sensibilidad para jugar con medidas concretas.

Al usar los programas informáticos de la empresa emergente, los empleados establecen los objetivos, como “conseguir 10 clientes nuevos para mayo” y meterlos en un sistema interno que otros empleados pueden ver; parece casi idéntico a la función del cuadro de mandos que se usa en Fitbit para registrar la buena condición física. Los compañeros de trabajo pueden alentarse mutuamente (“cheers”) o avergonzarse (“nudges”). El perfil de un empleado muestra un árbol digital que crece con los logros y se marchita con la baja productividad.

El impulso para encontrar formas para hacer que la gente trabaje más duro no es nada nuevo. Henry Ford utilizó grupos de investigadores para llevar tabuladores de sus obreros y determinar cosas como quiénes bebían demasiado. Las fábricas y otros empleadores de obreros tienen una tradición de larga data de engatusar a su gente para que compita entre sí a fin de que trabaje más, debido a la presión y la ambición entre pares.

Karen Levy, una investigadora en el Data and Society Research Institute, una firma de investigación en Nueva York, terminó hace poco un estudio, que duró tres años, sobre el registro del desempeño en un negocio indudablemente de línea clásica: los transportes. En las dos últimas décadas en el sector, se han utilizado GPS y otras tecnologías para medir la velocidad a la que van los choferes y qué tan repentinamente frenan, dicha medición se hace con la finalidad de entregar rápidamente las mercancías, pero no tanto que se desperdicie gasolina.

Para hacer que los choferes sean más eficientes, las compañías colocan marcadores en los salones de descanso o envían, por correo ordinario, cheques por bonos a las cónyuges para que sientan la presión de la competición en la casa tanto como en el trabajo.

Una de las principales formas para ser más productivos en el trabajo es mediante el uso del supuesto descanso para trabajar todavía más. Muchos choferes cargaban, descargaban e inspeccionaban sus camiones durante los descansos obligatorios, según la normativa federal, comentó Levy.

“Si distraes a los trabajadores con la idea de que están jugando, no cuestionan las reglas del juego”, comentó.

Compañías como BetterWorks – Workday, Wokrboard o SuccessFactors también hacen programas informáticos para establecer objetivos – están importando conceptos similares a los empleos de oficina en los que, históricamente, el desempeño ha sido más subjetivo.
BetterWorks, fundada a finales del 2013, empezó vendiéndoles a las empresas de tecnología cercanas, pero, desde entonces, ha añadido un rango más amplio de clientes, tales como Viacom y el Departamento de Servicios de Salud y Humanos de Estados Unidos.

Bluenose, una empresa emergente de programas informáticos en San Francisco, utiliza los de BetterWorks para registrar los objetivos de sus empleados en un cuadro de mandos digital que pueden ver todos los demás. Un empleado, Marin Perez, dijo que no tiene problemas por ese escrutinio público. El tiende a ser reservado, comentó, así es que le gusta que se hagan públicos sus logros, sin que tenga hacer cosas como enviar correos electrónicos en los que se autofelicita.

“Son totalmente sólidos en las cifras”, dijo sobre sus objetivos alcanzados.

BetterWorks cobra una tarifa mensual de 15 dólares por cada usuario y tiene ingresos de “siete dígitos”, dijo Duggan. Los programas informáticos están basados en la nube, lo que permite que los empleados los usen en distintos aparatos. Hasta tiene un aplicación para el nuevo reloj de Apple, sobre el cual todavía se están probando ideas en la compañía, según señaló.

“¿Qué tal si pudieras hacer algo como aclamar o molestar a la gente y echar a andar esta especie de refuerzo social?”, preguntó. “¿O qué tal si estás cerca de alguien con quien está trabajando en los objetivos y empieza a zumbar?”.

Duggan también tiene grandes planes para el crecimiento. En una reunión reciente, presumió uno de sus objetivos: contratar a 50 empleados para fin de año, lo cual duplicaría la plantilla de la compañía.
Sin embargo, ¿qué pasa si demasiadas mediciones hacen que la gente se ponga triste? Esta pregunta es la esencia de otra empresa emergente: Culture Amp, australiana, que hace una especie de sistema de encuestas para los empleados y hace poco recaudó 6.3 millones de dólares en Felicis Ventures, una firma de capital de riesgo en Palo Alto.

El producto de Culture Amp es, esencialmente, un conjunto de encuestas de opinión continuas y anónimas, que les permite a las empresas saber qué opinan sus trabajadores y los califica en comparación con otras compañías en el mismo sector.
De esta forma sabrán cuándo todos están a punto de renunciar.

Todas las notas NEW YORK TIMES SYNDICATE
Lowe logró el bronce... pero lo recibió 8 años después
¿El secreto del auge turístico de Islandia? Una crisis financiera y una erupción volcánica
Refugiados descubren dos Estados Unidos: uno que odia, y uno que cura
Esta startup tiene el secreto para cultivar elusivas trufas
Venezolanos hambrientos huyen en barcos para escapar del colapso económico
Trabajadores de Carrier en Indiana, juran que harán cumplir a Trump sus promesas
Bancos de Italia están en una crisis de 'cámara lenta'... y Europa pagaría
Los piratas del Amazonas aterrorizan a las tripulaciones
Estos autobuses te llevarán al futuro a 11 km por hora
La ‘ambición del aguacate’ pone en peligro el refugio de las monarca
Las mujeres que ayudaron a Trump a obtener el triunfo
El código de diez dígitos para la vida privada
Ocho años después, ¿cómo ven los europeos a Obama?
¿Cómo quitar el polvo de un Picasso? ¡Con saliva!
Surfeando bajo las luces del norte
8 mil 851 kilómetros de frontera, cubierta por solo 2 mil agentes
Un poblado siberiano se atribuye ser la cuna de la humanidad
¿Quiere un trozo de libertad? Este es el hombre al que debe ver
Esta oferta de trabajo incluye un terreno 8 mil metros cuadrados
Él lucha contra el régimen norcoreano con globos
Desprogramar a las mujeres e hijos de Boko Haram
Seis científicos, mil millas, un premio: abejas del Ártico
Arabia Saudita, donde hasta la leche depende del petróleo, pasa apuros económicos
El sueño es vital en la NFL
Swarovski quiere ser una firma tecnológica