¿Por qué los huracanes con nombre de mujer son más mortíferos?
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¿Por qué los huracanes con nombre de mujer son más mortíferos?

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New York Times Syndicate

¿Por qué los huracanes con nombre de mujer son más mortíferos?

Al analizar los huracanes más dañinos entre 1950 y 2012, investigadores de Illinois y Arizona hallaron que los meteoros nombre de mujer mataron en promedio a 45 personas, mientras que los masculinos acabaron aproximadamente con la mitad.

Nicholas Kristof
21/06/2014
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He aquí una adivinanza: ¿Por qué un huracán “Alejandra” sería más mortal que un huracán idéntico llamado “Alejandro”? Porque a las mujeres no se les respeta. Ni siquiera los tifones de 161 kilómetros por hora, si tienen nombre de mujer.

Investigadores han descubierto que los huracanes con nombre de mujer matan aproximadamente el doble de personas que huracanes similares con nombre masculino porque algunas personas los subestiman. Los estadounidenses esperan que los huracanes masculinos sean violentos y mortales, pero erróneamente toman los huracanes femeninos como delicados y no se toman las precauciones adecuadas.

El estudio, publicado por Academia Nacional de Ciencias de Estados unidos, destacó cómo los prejuicios inconscientes determinan nuestro comportamiento, aun cuando estamos conscientes de ellos.

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Los investigadores examinaron los huracanes más dañinos entre 1950 y 2012, con exclusión de un par de valores atípicos como “Katrina”, en el 2005. Encontraron que las tormentas con nombre de mujer mataron un promedio de 45 personas, mientras que los huracanes similares con nombres masculinos mataron aproximadamente la mitad.

Los autores del estudio, Kiju Jung y otros en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y la Universidad Estatal de Arizona, también realizaron experimentos pidiendo a la gente que predijera la intensidad y el grado de riesgo de un huracán. Cuando se preguntó sobre un huracán masculino, como “Alejandro”, la gente predijo una tormenta más violenta que cuando se les preguntó sobre un huracán femenino, como “Alejandra”.

Del mismo modo, los sujetos de investigación estaban más dispuestos a evacuar para evitar el huracán “Víctor” que cuando fue el huracán “Victoria”. Entre más masculino era el nombre, más respeto provocaba el huracán. Los investigadores estimaron que cambiar el nombre de un huracán de “Charley” a “Eloise” podría casi triplicar el número de muertos.

Las mujeres fueron igual de propensas que los hombres a irrespetar los huracanes femeninos.

A menudo asumimos que el racismo o el sexismo se trata principalmente de los intolerantes o misóginos agresivos, pero la investigación en el último par de décadas, que culminó con este estudio de huracanes, muestra que el problema más grande es el prejuicio inconsciente incluso entre los bien intencionados, personas liberales que acogen los principios de la igualdad.

Esto afecta a los candidatos por los que votamos, los empleados que contratamos, las personas con quienes hacemos negocios.

“Es un error suponer que el prejuicio de género se trata única o principalmente sobre misóginos”, señaló Susan Fiske, profesora de psicología en la Universidad de Princeton y editora del estudio de huracanes. “Mucho prejuicio de género es más automático, ambiguo y ambivalente de lo que la gente suele suponer.”

“El prejuicio de género no es principalmente sobre 'las odio, las odio’,” agregó. “Mucho de esto se trata de 'las aprecio porque son bonitas, aunque incompetentes y necesitan protección’.”

Investigadores de Yale contactaron a profesores de ciencias en las principales universidades de investigación y les pidieron que evaluaran una solicitud de un recién graduado (ficticio) para un puesto de laboratorio. Los profesores recibieron un resumen de una página del candidato, que en algunas versiones era John y en otras, Jennifer.

En una escala de 1 a 7, con 7 el más alto, los profesores calificaron a John con un promedio de 4, y Jennifer un 3.3. En promedio, los profesores sugirieron un salario para Jennifer de 26 mil 508 dólares, y 30 mil 328 dólares para John. Los docentes estaban más dispuestos a asesorar a John que a Jennifer.

Otros estudios han llegado a conclusiones similares, a menudo mediante el envío de currículos idénticos de solicitantes de empleo, algunos con nombre de mujer y algunos con nombre masculino. A las versiones masculinas les va mejor.

Por ejemplo, los evaluadores califican el curriculum de “Brian Miller” como más fuerte que el de una idéntica “Karen Miller”. Los alumnos de Stanford Business School que leen sobre “Heidi” la califican como más hambrienta de poder y auto-promocional, que aquellos que leyeron sobre un “Howard”, por lo demás idéntico.

Aunque prácticamente todos los votantes dicen hoy que votarían por una mujer calificada para la presidencia (sólo el 30 por ciento dijo lo mismo en 1930), los experimentos realizados por Cecilia Hyunjong Mo de la Universidad de Vanderbilt sugieren que en la práctica la gente favorece a los candidatos masculinos porque asocian a los hombres con el liderazgo.

Mo descubrió que la gente, cuando se les pidió que hicieran pares de imágenes, no tienen problemas al hacerlo con nombres masculinos y palabras como “presidente” o “gobernador”. Pero algunos batallan para hacerlo rápido con nombres femeninos, y esas personas tienen más probabilidades de votar por candidatos masculinos.

“Parece que hay un abismo entre nuestros ideales conscientes de igualdad y nuestra tendencia inconsciente a discriminar en las urnas”, escribe Mo.

Sospecho que los prejuicios inconscientes determinan todo, desde la discriminación salarial a la forma displicente con la que muchas universidades manejan los casos de violación. Estos también ayudan a explicar por qué solo el 4.8 por ciento de la lista Fortune 500 CEOs y el 18.5 por ciento de los miembros del Congreso de Estados Unidos son mujeres.

Este profundo prejuicio es tan elusivo como pernicioso, pero un comienzo es enfrentarlo y discutirlo. Tal vez los huracanes, al sorprendernos, puedan ayudarnos a enfrentar nuestro propio chovinismo.