New York Times Syndicate

Guanaco, un animal cuya cantidad no complace a nadie

El guanaco es un primo silvestre de la llama. Su presencia es constante en la Tierra del Fuego. Sin embargo es mal vista por ganaderos, quienes las acusan de comer el alimento de ovejas, por lo que su caza está permitida en Chile, a pesar de la oposición de expertos. Alguna vez hubo unos 50 millones, ahora son 500 mil.
Simon Romero
10 octubre 2014 17:41 Última actualización 11 octubre 2014 5:0
Guanacos

Los guanacos son los primos silvestres de la llama; tienen presencia en la Tierra de Fuego. (NYT)

CERRO SOMBRERO. Las guías para Tierra del Fuego de algún modo no mencionan los tiroteos.

Desde la estepa patagónica envuelta en la neblina hasta los densos bosques de hayas, los disparos perforan el aire aquí durante meses al final de cada año. Cazadores armados con rifles telescópicos recorren este archipiélago en el extremo sur de Sudamérica en camionetas en busca de su presa: el guanaco.

Los humanos ya han extinguido al guanaco, un primo silvestre de la llama, en grandes extensiones del continente. Aunque la caza del animal aquí es legal, el sacrificio de rebaños de guanacos en Tierra del Fuego está desencadenado un feroz debate en torno de la frágil recuperación de una especie nativa y la influencia de poderosos intereses ganaderos y madereros, los cuales afirman que la creciente cantidad de guanacos está compitiendo con las ovejas por la pastura y por el forraje en los bosques de maderas comerciales.

“Estamos siendo testigos de una grotesca subordinación ante los hombres de negocios que ven a una criatura de notable belleza y resistencia como poco más que una molestia”, dijo Valeria Muñoz, una prominente activista de los derechos de los animales en Punta Arenas, la capital regional. “Es un regreso a una mentalidad del siglo XIX, donde la explotación forestal y el pastoreo triunfan sobre todo lo demás”.

En otras partes de Sudamérica, la cacería de animales con propósitos de control poblacional se ha enfocado en gran medida en frenar a las especies invasivas. En Colombia, los cazadores van en busca de los descendientes de los hipopótamos importados por Pablo Escobar. En Ecuador, los guardias forestales en las Islas Galápagos montaron una campaña de erradicación contra las cabras que compiten por el alimento con especies nativas como las tortugas.

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SIN PERMISO PARA CAZAR

La cacería de guanacos en Chile parece más similar al disputado control de las especies nativas en otros países, como la caza de canguros de Australia, que despiertan la ira de los grupos defensores de los derechos de los animales y funcionarios turísticos que dicen que el sacrificio mancha la reputación de un lugar remoto donde los visitantes a menudo quedan pasmados al cruzarse con rebaños de guanacos silvestres.

La cacería de guanacos está prohibida a lo largo de las principales carreteras que cruzan Tierra del Fuego – una tierra dividida entre Chile y Argentina que sobresale del continente sudamericano como una espina – pero a lo largo de caminos secundarios durante la temporada de caza en el invierno chileno, las señales de la matanza son claros.

Los disparos de los rifles de los cazadores se hacen eco entre los bosques de árboles lenga. La sangre de los guanacos recientemente cazados mancha la nieve. Comunicándose con los cazadores vía intercomunicadores, las cuadrillas de trabajo se extienden en terrenos privados en busca de los cadáveres, recogiéndolos en camionetas pickup para transportarlos a mataderos.

Los ganaderos que tienen permitido llevar a cabo las cacerías argumentan que son víctimas de las políticas que han expandido los rebaños de guanacos en Tierra del Fuego en las últimas décadas. Apenas en los años 70, se pensaba que solo quedaban unos cuantos miles de guanacos en la isla principal de Tierra del Fuego, un área más grande que Bélgica, después de una extendida cacería furtiva.

Las estrictas medidas de la dictadura de Augusto Pinochet contra la posesión de armas de fuego (y por extensión la caza) abrieron el camino para los esfuerzos de conservación del guanaco; el número de guanacos en la porción de Chile de Tierra del Fuego ha ascendido a uno 150 mil, según el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile. Las autoridades permitieron que hasta 4 mil 125 guanacos sean matados este año.

“Aparte de competir por comida con nuestras ovejas, ahora hay tantos guanacos en Tierra del Fuego que representan un riesgo para los automovilistas que tratan de evitarlos cuando los animales cruzan nuestras carreteras”, dijo Eduardo Tafra, un ganadero que extrae carne de guanaco en su matadero en Cerro Sombrero, un puesto remoto barrido por los vientos en las llanuras.

“No queremos exterminar al guanaco”, explicó Tafra, “pero no podemos sentarnos sin hacer nada y verle amenazar a nuestra forma de ganarnos la vida”.

Guanacos
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ESPECIE AMENAZADA

La cultura ganadera de Tierra del Fuego tiene raíces en las operaciones de pastoreo establecidas cerca de finales del siglo XIX, en gran medida por colonos británicos que desplazaron a los cazadores nómadas de guanacos. Para principios del siglo XX, los Selk’nam, el pueblo indígena que vivió en Tierra del Fuego durante miles de años, casi habían desaparecido en una brutal campaña de exterminio.

Durante todo el proceso, los guanacos, una de las principales fuentes de alimento para los Selk’nam, persistieron en Tierra del Fuego y otras partes de la Patagonia. Se piensa que los animales fueron avistados por primera vez por europeos en 1520 cuando Fernando de Magallanes, el explorador que navegó a través del estrecho que ahora lleva su nombre, describió ver un “camello sin jorobas”.

Parte de la familia de los camélidos, los guanacos alguna vez ascendieron a 50 millones en Sudamérica, y su número excedía a otras grandes criaturas con pezuñas alrededor del mundo como los caribú, los ñus y antílopes saiga africanos, según el zoólogo estadounidense William G. Conway.

“Enormes cantidades de guanacos frecuentan estas tristes altiplanicies”, escribió el explorador británico H. Hesketh-Prichard en “Through the Heart of Patagonia” (A través del corazón de la Patagonia), un libro de 1902 en el cual describe la caza sin restricciones de guanacos. “Eran tan dóciles como el ciervo de una reserva inglesa, permitiéndonos acercarnos a pie a entre 64 y 73 metros”.

Conforme las ovejas no nativas se extendieron en la Patagonia, el número de guanacos se desplomó, alcanzando el nivel actual de apenas unos 500 mil, dijo Cristóbal Briceño, un experto en guanacos en la Universidad de Chile. Los rebaños de guanacos han menguado significativamente en otras partes de Chile donde alguna vez abundaban, dijo.

Aunque el guanaco no está amenazado con la extinción a escala continental, el animal aún enfrenta serias amenazas de caza furtiva y la degradación de las zonas de pastoreo, y es probable que desaparezca de varias de las regiones que conforman su área de distribución histórica, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Las autoridades chilenas han permitido discretamente la caza de guanacos en Tierra del Fuego en la última década, argumentando que el sacrificio es necesario para mantener una población “sostenible” que no afecte adversamente a otros pilares de la economía regional.

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SU CARNE ES EXPORTADA A EUROPA

Los residentes aquí generalmente detestan comer guanaco, así que la mayor parte de la carne de guanaco producida es exportada a Europa. (Se puede encontrar una excepción en La Cuisine, un restaurante en Punta Arenas que ofrece Guanaco Gran Veneur, un estofado del camélido en una salsa de vino tinto acompañada por puré de papas y calabaza.)

“Supervisamos estrechamente todos los aspectos de la caza para asegurarnos de que se lleva a cabo de la manera adecuada”, dijo Nicolás Volkart, un funcionario del Servicio Agrícola y Ganadero en Punta Arenas. “Estamos convencidos de que esta es una buena política ya que el número de guanacos se recuperó desde los años 70”.

Sin embargo, las tensiones son altas en torno a la cacería de guanacos, herbívoros que comen de todo desde cactus hasta líquenes y hongos. Una propuesta en 2012 para expandir el programa permitiendo que turistas tomaran parte en la caza de guanacos fue archivada después de que se topó con críticas feroces.

Los defensores de la “reintroducción de especies” en los bosques – esencialmente restableciendo los ecosistemas a algo semejante a como funcionaron alguna vez – dicen que los guanacos pudieran ayudar a las áreas donde son reintroducidos a dispersar las semillas de ciertos tipos de árboles.

Los guanacos parecen ser una importante especie faltante que antes desempeñaba un papel ecológico importante”, dijo Meredith Root-Bernstein, una científica especializada en conservación de la Universidad de Aarhus en Dinamarca.

Señalando una creciente resistencia en Chile a la caza de varias especies, los funcionarios del Servicio Agrícola y Ganadero siguen inquietos luego de que manifestantes atacaron su edificio en Punta Arenas este año con bombas incendiarias en respuesta a una propuesta separada de permitir la caza de perros salvajes acusados de atacar a las ovejas.

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Incluso durante la temporada de caza, las siluetas de los guanacos pueden seguir siendo vistas en extensiones a lo largo del Estrecho de Magallanes. Los guanacos a menudo miran a los vehículos que se acercan antes de alejarse velozmente por la estepa.

Cazar a estos animales es una aberración que refleja nuestras prioridades sesgadas”, dijo Enrique Couve, el presidente de la cámara de turismo de Tierra del Fuego.

“Los guanacos son un tesoro de la Patagonia que aporta un factor de asombro a las personas que son lo suficientemente afortunadas para verlos”, dijo. “Y henos aquí, viendo como los matan como si fuera alguna especie de plaga”.

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