New York Times Syndicate

González Iñárritu y su 'perturbada' realidad

Sin ‘atajos’ como pantallas verdes o escenografías, “The Revenant” retrata una dura realidad en la que cientos de personas se unieron bajo la visión de González Iñárritu. Esto es lo que opina de su obra…
David Segal
© 2015 New York Times News Service
15 enero 2016 19:12 Última actualización 16 enero 2016 5:0
La cinta de González Iñárritu tiene 12 nominaciones al Óscar. (Reuters)

La cinta de González Iñárritu tiene 12 nominaciones al Óscar. (Reuters)

Una empecinada búsqueda de la autenticidad le produjo algunos momentos imborrables a Alejandro González Iñárritu durante el rodaje, cuando dirigía “The Revenant”, su obra de dos horas y media sobre muerte, amor y una operación improvisada en el oeste estadounidense de los años 1820.

Sin embargo, sólo uno de esos momentos, afortunadamente, involucraba el hígado de un bisonte.

Se produjo durante la filmación de una escena en la que un nativo estadounidense que se está dando un banquete con una presa a la que acaba de matar, le ofrecen su primera comida sólida en muchos días al personaje de Leonardo DiCaprio, el hombre de montaña, Hugh Glass. Iñárritu llevó dos opciones para el hígado: una falsa, a la que describió como “una especie de cosa gelatinosa” y una porción reluciente de la víscera genuina.


“Era su decisión”, contó González Iñárritu, sentado en el salón de té de un hotel de la Ciudad de Nueva York, para esta entrevista realizada antes de las nominaciones al Óscar. “Y él dijo: ‘Déjame probar’”.

El intento de DiCaprio por tragar una gigantesca mordida del órgano salió bastante mal, al menos a juzgar por los estándares modernos de la etiqueta para la mesa durante la cena. Según los de González Iñárritu, del “cinema vérité”, por otra parte, la reacción espontánea y caótica del actor, que está ahí mismo en la película, es perfecta.

“Fue muy útil porque es la primera cosa sólida que el personaje come en un rato”, dijo González Iñárritu. “Así es que tiene sentido que su garganta no esté lista”.

Tomando una Coca y ocasionalmente acariciándose la barba de candado encanecida, González Iñárritu parecía sorprendentemente relajado para un hombre que sólo hace poco concluyó un proyecto que parece destinado a unirse a “Apocalypse Now”, “Fitzcarraldo” y otros en el Salón de la Fama no oficial de Hollywood, por ser de las filmaciones más difíciles. En un momento de la entrevista que duró una hora, él se refirió a sí mismo, al elenco y personal técnico como “sobrevivientes” y la palabra pareció sólo un poco exagerada.

Algunas experiencias duras las impuso la naturaleza en diversas locaciones. Ellas incluyen temperaturas bajo cero y cámaras congeladas en Calgary, Alberta, y lluvias torrenciales en la Columbia Británica, lo cual provocó un caos con el equipo, por no hablar del maquillaje. En búsqueda de la nieve, la producción salió en desbandada hacia Ushuaia, el puerto en el extremo sur de Argentina.

Sin embargo, el cineasta impuso penurias propias. Insistió en filmar con luz natural, lo cual limitó gravemente el horario de la producción a muy poco, unos 90 minutos al día; en algunos lugares, el sol se ponía a las 3 de la tarde. Y las técnicas de trávelin y de toma única que hizo famosas “Birdman”, por la que ganó el Premio al Mejor Director de la Academia, fueron muchísimo más complicadas de llevar a cabo en medio del bosque. Una escena, el ataque de una tribu de indígenas, requirió un mes de ensayos con 200 extras, que al final, produjeron ocho minutos de la película.

Hubo suficientes quejas por parte del equipo técnico sobre los retrasos, la seguridad y el sufrimiento general que The Hollywood Reporter publicó un artículo en julio en el cual una fuente describió la experiencia como “un auténtico infierno”. Diez personas renunciaron o se las despidió durante la filmación, dijo González Iñárritu, y no se disculpará por ello.

“No tengo nada que ocultar”, notó. “De los 300 con los que empezamos, tuve que pedirles a algunos que se fueran, para honrar a los otros 290. Si una pieza del grupo no es perfecta, puede echar a perderlo todo”.

“Todo” es un cuento profundamente visceral sobre un grupo de tramperos a los que atacan indígenas estadounidenses y deben huir, a pie, para llegar a la seguridad de un fuerte muy lejano. La historia gira rápidamente hacia un drama de venganza, en el que Glass, quien funge como el navegante del grupo, persigue al malévolo y codicioso John Fitzgerald, un Tom Hardy casi irreconocible, que habla entre dientes.

Glass persigue a su enemigo mientras se recupera de un encuentro casi mortal con un oso y esquiva tanto las flechas, como a un francés amoral en cada angustioso paso del camino. Las tormentas de la vida en la naturaleza ilimitada de esa época están capturadas en forma tan convincente que uno sale del cine eufórico por ver la civilización: los coches, restaurantes, hombres sin hachas de mano.


“He oído a gente decir que la película es violenta”, comentó González Iñárritu con su voz profunda y grave. “Pero no hay ninguna violencia gratuita. Estos tipos estaban comiendo animales, llevando puestos animales; los amenazaban los accidentes, las enfermedades, las tribus, las guerras. Este es el mundo real. Esto no está pasteurizado”.

Comparado con la gente cuya historia cuenta en “The Revenant”, nosotros somos un montón de débiles, dijo una y otra vez, aunque utilizó un término más gráfico. Y el desafío de recrear la experiencia de los colonizadores, sin tomar atajos con escenografía o pantallas verdes fue parte del atractivo cuando leyó un borrador inicial del guion, elaborado por Mark L. Smith en el 2010, basado en la novela homónima de Michael Punke.

Ninguno de los actores esenciales se inmutó en los ocho meses que se llevó la filmación de “The Revenant”, señaló. Ahí está incluido el productor, Arnon Milchan, quien no se resistió cuando aumentó el costo de las estimaciones originales de 60 millones a 135 millones de dólares, según se informó.

Se puede decir que la escena más perturbadora, para desviar la mirada, es el ataque del oso, que podría hacerle al bosque lo que “Jaws” le hizo al océano.

A DiCaprio realmente lo zarandean como a una trucha en la escena. Durante una entrevista por separado, no obstante, él dijo que fue más duro soportar otras partes de la cinta, aun si parecen más sosegadas, porque se hicieron con un frío entumecedor.

“Estar parado en un río helado, comiendo pescado, o escalando una montaña con la piel mojada de un oso sobre mi espalda; esas fueron algunas de las secuencias más difíciles para mí”, dijo DiCaprio. “Toda esta película fue algo en un nivel totalmente diferente; pero no quiero que esto suene a queja, todos sabíamos en qué nos estábamos metiendo. Iba a ser en los elementos, e iba a ser un viaje duro”.

El que González Iñárritu haya convencido a actores, técnicos y productores que hicieran este viaje junto con él es un logro en sí mismo. La ambición de esta película, su mera escala, así como su exigencia de una precisión como de relojito en condiciones extenuantes, lo colocan de lleno en la tradición de autores descabellados, como Francis Ford Coppola y Stanley Kubrick, directores con visión, carisma y más que un toque de monomanía. Se conoce al mexicano por estándares exasperantemente elevados y escenificaciones terriblemente complejas.

En persona, no obstante, tiene la afectividad relajada de un hombre que medita todos los días y le encantan las caminatas prolongadas. El único indicio de intensidad, y sólo un matiz de enojo, surge cuando habla de otras cintas. Demasiadas hoy día se parecen a los productos de las cadenas de comida rápida, dijo, que ordenan corporaciones que valoran la previsibilidad y la uniformidad por sobre todo lo demás.

“¿Qué tal ir a un restaurante para que te sorprendan?”, casi grita. “¡Ese es el riesgo que todos evitan! En el contexto del cine ahora, esta película es una apuesta”.


Todas las notas NEW YORK TIMES SYNDICATE
Lowe logró el bronce... pero lo recibió 8 años después
¿El secreto del auge turístico de Islandia? Una crisis financiera y una erupción volcánica
Refugiados descubren dos Estados Unidos: uno que odia, y uno que cura
Esta startup tiene el secreto para cultivar elusivas trufas
Venezolanos hambrientos huyen en barcos para escapar del colapso económico
Trabajadores de Carrier en Indiana, juran que harán cumplir a Trump sus promesas
Bancos de Italia están en una crisis de 'cámara lenta'... y Europa pagaría
Los piratas del Amazonas aterrorizan a las tripulaciones
Estos autobuses te llevarán al futuro a 11 km por hora
La ‘ambición del aguacate’ pone en peligro el refugio de las monarca
Las mujeres que ayudaron a Trump a obtener el triunfo
El código de diez dígitos para la vida privada
Ocho años después, ¿cómo ven los europeos a Obama?
¿Cómo quitar el polvo de un Picasso? ¡Con saliva!
Surfeando bajo las luces del norte
8 mil 851 kilómetros de frontera, cubierta por solo 2 mil agentes
Un poblado siberiano se atribuye ser la cuna de la humanidad
¿Quiere un trozo de libertad? Este es el hombre al que debe ver
Esta oferta de trabajo incluye un terreno 8 mil metros cuadrados
Él lucha contra el régimen norcoreano con globos
Desprogramar a las mujeres e hijos de Boko Haram
Seis científicos, mil millas, un premio: abejas del Ártico
Arabia Saudita, donde hasta la leche depende del petróleo, pasa apuros económicos
El sueño es vital en la NFL
Swarovski quiere ser una firma tecnológica