New York Times Syndicate

Europa, el mecenas involuntario de Al-Qaeda

Pese a que oficialmente los gobiernos europeos señalan que no pagan rescates a terroristas por sus ciudadanos secuestrados, documentos y testimonies revelan que desde 2008 Al-Qaeda habría recibido 100 millones de euros de éstos.
Rukmini Callimachi
© 2014 New York Times News Service
15 agosto 2014 20:50 Última actualización 17 agosto 2014 5:0
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Imágenes y artículos que el sueco Harald Ickler guardó de su cautiverio en 2003.

Imágenes y artículos que el sueco Harald Ickler guardó de su cautiverio en 2003. (NYT)

BAMAKO, Mali. El dinero en efectivo llenaba tres maletas: 5 millones de euros.

El funcionario alemán encargado de entregar esta carga llegó aquí a bordo de un avión militar casi vacío y fue llevado de prisa a una reunión secreta con el presidente de Mali, quien había ofrecido a Europa una solución que salvara las apariencias a un problema enojoso.

Oficialmente, Alemania había presupuestado el dinero como ayuda humanitaria para la pobre y aislada nación de Mali.


En realidad, todas las partes estaban enteradas de que el dinero se destinaría a un oscuro grupo de extremistas islámicos que estaban reteniendo como rehenes a 32 europeos, según seis destacados diplomáticos involucrados directamente en el intercambio.

Las maletas fueron subidas a camionetas pickup y llevadas a cientos de kilómetros al norte hacia el Sahara, donde los barbados combatientes, que pronto se convertirían en una subsidiaria oficial de Al-Qaeda, contaron el dinero sobre una cobija tendida en la arena. El episodio de 2003 fue una experiencia de aprendizaje para ambas partes; once años después, la entrega de dinero en Bamako se ha convertido en un ritual bien ensayado, una de docenas de tales transacciones repetidas en todo el mundo.

Secuestrar europeos para pedir un rescate se ha vuelto una industria mundial para Al-Qaeda, financiando sus operaciones en todo el planeta.

Aunque los gobiernos europeos niegan pagar rescates, una investigación de The New York Times encontró que Al-Qaeda y sus afiliadas directas han obtenido al menos 100 millones de euros en ingresos por secuestros perpetrados desde 2008, de los cuales la mitad se pagaron sólo en el último año.

En varios boletines noticiosos y declaraciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha citado cantidades de rescate que, en conjunto, sitúan el total en alrededor de 125 millones de euros durante el mismo periodo.

Estos pagos fueron hechos casi exclusivamente por gobiernos europeos, que canalizaron el dinero a través de una red de sustitutos, en ocasiones encubriéndolo como ayuda para el desarrollo, según entrevistas realizadas para este articulo con exrehenes, negociadores, diplomáticos y funcionarios gubernamentales en 10 países en Europa, África y Medio Oriente.

El funcionamiento interno de la industria del secuestro también fue revelado en miles de páginas de documentos internos de Al-Qaeda encontradas por este reportero en el norte de Mali el año pasado.

En sus primeros años, Al-Qaeda recibía la mayor parte de su dinero de donadores ricos, pero funcionarios de agencias antiterroristas creen ahora que el grupo financia el grueso de su reclutamiento, entrenamiento y compras de armas gracias a los rescates pagados por la liberación de ciudadanos europeos.

Expresado más directamente, Europa se ha convertido en un mecenas involuntario de Al-Qaeda.

Los ministerios de relaciones exteriores de Francia, Suiza, Austria, Italia y Alemania negaron en correos electrónico o entrevistas vía telefónica que hubieran pagado a los terroristas. “Las autoridades francesas han declarado repetidamente que Francia no paga rescates”, dijo Vincent Floreani, subdirector de comunicación para el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia.

“Secuestrar rehenes es un botín fácil”, escribe Nasser al-Wuhayshi, el líder de Al-Qaeda en la Península Arábiga, “al cual podría describir como un comercio rentable y un tesoro precioso”.

El torrente de ingresos generado es tan importante que documentos internos demuestran que hace ya cinco años, el comando central de Al-Qaeda en Pakistán estaba supervisando las negociaciones por rehenes tomados en lugares tan distantes como África. Además, los relatos de los sobrevivientes retenidos a miles de kilómetros de distancia unos de otros demuestran que las tres principales filiales del grupo terrorista – Al-Qaeda en el Magreb Islámico, en el norte de África; Al-Qaeda en la Península Arábiga, en Yemen; y Al-Shabab, en Somalia – están coordinando sus esfuerzos y apegándose a un protocolo de secuestros común.

Aunque los secuestradores amenazan con asesinar a sus víctimas, una revisión de los casos conocidos reveló que sólo un pequeño porcentaje de los rehenes en poder de las filiales de Al-Qaeda ha sido ejecutado en los últimos cinco años, un marcado giro respecto de hace una década, cuando aparecían regularmente en Internet videos que mostraban la decapitación de extranjeros en manos de la franquicia del grupo en Irak. Ahora el grupo se ha dado cuenta de que puede hacer avanzar la causa de la jihad manteniendo vivos a los rehenes e intercambiándolos por prisioneros y maletas de efectivo.

Sólo un puñado de países se han resistido a pagar, encabezados por Estados Unidos y Gran Bretaña. Aunque estos dos países han negociado con grupos extremistas –lo cual quedó en evidencia más recientemente por el intercambio que hizo Estados Unidos de prisioneros por el sargento Bowe Bergdahl–, han trazado la línea cuando se trata de rescates.

Es una decisión que ha tenido consecuencias terribles. Aunque docenas de europeos han sido liberados ilesos, pocos ciudadanos estadounidenses o británicos han salido vivos. Los pocos afortunados huyeron o fueron rescatados por fuerzas de operaciones especiales, el resto fue ejecutado o sigue retenido.

“Los europeos tienen mucho qué responder”, dijo Vicki Huddleston, exsubsecretaria asistente de defensa para asuntos africanos de Estados Unidos, quien era embajadora en Mali en 2003 cuando Alemania pagó el primer rescate.

“Es una política completamente hipócrita. Pagan rescates, y luego niegan que se hayan pagado”, dijo. “El peligro de esto no es sólo que crezca el movimiento terrorista, sino que hace a todos nuestros ciudadanos vulnerables”.

En 2004, un agente de Al-Qaeda, Abdelaziz al-Muqrin, publicó un manual para los secuestros, en el cual destacó la exitosa negociación de rescate de “nuestros hermanos de Argelia”. A los pocos años, hubo una división dentro de Al-Qaeda, con la filial del grupo en Irak tomando rehenes extranjeros específicamente para matarlos. En Argelia, los secuestradores de turistas europeos siguieron un camino diferente.

Usaron los 5 millones de euros como financiamiento inicial para su movimiento, reclutando y entrenando combatientes que protagonizaron una serie de ataques devastadores. Se convirtieron en una fuerza regional y fueron aceptados como una rama oficial de la red de Al-Qaeda, que los bautizó como Al-Qaeda en el Magreb Islámico. Como los ingresos provenientes de los secuestros se convirtieron en su principal sustento, afinaron y perfeccionaron el proceso.

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Para el 2 de febrero de 2011, cuando sus vigías en el sur de Argelia detectaron a una turista italiana de 53 años de edad, Maria Sandra Mariani, admirando las dunas ondulantes a través de un par de binoculares, estaban dirigiendo una operación impecable.

Mariani posteriormente se enteró de que tenían una infraestructura de suministros enterrados en la arena y marcados con coordenadas de GPS.

Una tarde se detuvieron justo encima del borde de una duna. Los combatientes descendieron y sacaron una pala. Luego escuchó el sonido de un motor automotriz. Repentinamente salió una camioneta pickup. Habían sepultado todo un vehículo en la montaña de arena.

“Fue entonces cuando me di cuenta de que estos no eran criminales normales”, dijo Mariani. Pasaron semanas antes de que los captores de Mariani anunciaran que le iban a permitir hacer una llamada telefónica. Le entregaron un guión y marcaron el número de Al-Jazeera.

Mariani fue finalmente liberada, junto con dos rehenes españoles, por un rescate que un negociador involucrado en su caso dijo fue cercano a los 8 millones de euros.

En la imagen: Maria Sandra Mariani

Italiana secuestrada por Al-Qaeda. (NYT)


Los negociadores creen que las filiales de Al-Qaeda han determinado ahora cuáles gobiernos sí pagan.

De los 53 rehenes que se sabe han sido tomados por filiales oficiales de Al-Qaeda en los últimos cinco años, un tercio eran franceses. Y naciones pequeñas como Austria, Suiza y España, que no tienen grandes comunidades de expatriados en los países donde ocurren los secuestros, representan más de 20 por ciento de las víctimas.

En comparación, solo se sabe de tres estadounidenses que han sido secuestrados por Al-Qaeda o sus filiales directas.

“Para mí, es obvio que Al-Qaeda está tomándolos como blanco por su nacionalidad”, dijo Jean-Paul Rouiller, director del Centro de Ginebra para el Entrenamiento y Análisis del Terrorismo, que ayudó a establecer el programa antiterrorista de Suiza. “Los rehenes son una inversión, y no se va a invertir a menos que estén bien seguros de que habrá un pago”.

Casi un año después de su secuestro en 2012, Mariani pensaba que ya no podría soportarlo más. Le dijo a su guardián que su modesta familia, que cultiva olivos en las colinas sobre Florencia, no tenía el dinero, y que su gobierno se negaba a pagar rescates. Su captor la tranquilizó.

“Sus gobiernos siempre dicen que no pagan”, le dijo a Mariani. “Cuando regreses, quiero que le digas a tu gente que tu gobierno paga. Siempre paga”.

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