New York Times Syndicate

¿Está en quiebra el negocio del golf en EU?

El negocio del golf en EU está a la baja, y esto se refleja en el cierre de los campos de juego del deporte; desde 2006 se han cerrado casi 650 campos de 18 hoyos; en 2013 cerraron 158 y sólo abrieron 18.
Nick Madigan
04 diciembre 2015 14:41 Última actualización 06 diciembre 2015 5:0
Golf EU

Hay cerca de cuatro millones menos de jugadores en Estados Unidos de los que había hace una década. (Bloomberg)

Hierbas, pasto silvestre y hojas de palmera que se cayeron cubren los greens, crecidos en forma incontrolada, de lo que fuera alguna vez el Club de Golf Mizner Trail, su estado decrépito es emblema del destino de cientos de campos de golf en todo Estados Unidos, a muchos de los cuales se les conoce, burlonamente, como “conejeras” o “granjas de chivos”.

No obstante, a poca distancia en coche, sudorosos trabajadores de la construcción, con chalecos amarillos, pululaban, una tarde reciente, en la estructura de un centro de actividades de 13 mil 953 metros cuadrados, que iba surgiendo como parte de la renovación que costará 50 millones de dólares del Club Campestre Boca West, de 44 años de antigüedad, donde viven unas 6 mil personas, hay calles de golf recién plantadas y las casas se venden en uno cinco millones de dólares.

Dado que la temporada invernal de golf está empezando en Florida, líder nacional en campos de golf con más de mil, los extremos del fracaso y el éxito indican agitación en este deporte, en todo el país.

Estaba en auge cuando reinaban golfistas como Tiger Woods, pero, desde entonces, se ha enturbiado con el cambio en los gustos y la economía, jugadores que van envejeciendo y los caprichos de la generación del nuevo milenio que hacen evolucionar a sus pasatiempos.

Hay cerca de cuatro millones menos de jugadores en Estados Unidos de los que había hace una década, según la Fundación Nacional de Golf. Se han cerrado casi 650 campos de 18 hoyos desde el 2006, dice la Fundación. Tan solo en el 2013, 158 cerraron y solo abrieron 14, el octavo año consecutivo en el que los cierres superan a las aperturas. Están cerrando entre 130 y 160 campos cada 12 meses, una tendencia que la Fundación pronostica que va a continuar “en los próximos años”.

Docenas de campos de golf privados y públicos en el sur de Florida, y cientos por todo Estados Unidos, se encuentran en transición. Algunos de ellos han buscado la protección de la bancarrota, en tanto que otros se han deslizando a la ejecución hipotecaria. En muchos se están construyendo casas unifamiliares y condominios que se alzan en un terreno otrora salpicado solo con banderines, trampas de arena y obstáculos acuáticos. Otros se han venido a menos en lo que se espera la resolución de disputas legales y de zonificación.

Muchos clubes han sobrevivido al rebajar las tarifas de inscripción y otros costos, al reducir la cantidad de hoyos que se pueden jugar y al ofrecer servicios y actividades para las familias que van muchísimo más allá de golpear a una pelota con un palo de golf.

Algunos campos se están adaptando, otros, simplemente no”, dijo Paul H. Chipok, un abogado en Orlando, Florida, que se especializa en uso de suelo y problemas ambientales. “Cuesta 100 mil dólares mensuales operar un campo de golf de 18 hoyos; cortar el césped, fertilizarlo, darle mantenimiento regular, y eso no incluye mejoras capitales. Se necesitan muchas cuotas sobre el green para cubrir eso”.

En los campos privados, es posible que los miembros estén dispuestos a pagar más si es necesario “porque esperan un cierto nivel de servicio”, señaló Chipok. “Pero es posible que en los campos que están abiertos al público en general no haya el dinero para darle mantenimiento y con menos mantenimiento, los campos tienen un peor aspecto así es que tienen que cobrar menos. Es un círculo vicioso. Esta es la fase de corrección por la que estamos atravesando”.

Lesley Deutch, una vicepresidenta sénior en la oficina de Boca Raton de la inmobiliaria John Burns Real Estate Consulting, dijo que está en decadencia “el antiguo modelo” de clubes de golf privado con elevadas cuotas de inscripción y membresías “muy exclusivas”.

“No creo que se haya acabado esta actividad”, dijo. “Creo que solo está cambiando”.

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golf


En el sur de Florida, donde están desapareciendo con rapidez los terrenos en los que se puede construir, los constructores ven a los campos de golf como espacio desperdiciado. Vastas franjas de tierra otrora de campos prístinos en medio de comunidades residenciales, se están convirtiendo en territorio altamente explotable; oportunidades de primera para obtener ganancias muchísimo mayores de las que pueden producir la colocación de calles y greens. Como resultado, quienes han sentido más profundamente los efectos secundarios de la recesión en el deporte han sido los residentes de las comunidades donde ya no se juegan los hoyos, principalmente porque el valor de sus casas baja en forma marcada una vez que se cierra el campo.

“Hay grandes problemas y se están peleando y litigando”, dijo Steven M. Ekovich, un agente inmobiliario que vive en Mapa, Florida, y representa a vendedores de campos de golf. “Los dueños de las casas pagaron primas de 20 o 30 por ciento por un lote en un campo de golf y, de pronto, llega un constructor y quiere construir frente a ellos. Hay grandes pleitos por eso”.

A unos cuantos kilómetros al sur, en Tamarac, Florida, Mark Schmidt, el dueño del Club Campestre

Woodmont, se enfrentó a una firme oposición a su plan para el campo, que implicaba reducir los 36 hoyos a 18, poner un centro comercial de 1.8 hectáreas y construir 152 casas unifamiliares, además de las mil 900 que ya hay, de algunos de los propietarios de casas en el club. Finalmente, se aprobó el plan el año pasado, pero, desde entonces, funcionarios municipales se han resistido a la propuesta del dueño de construir un hotel de 120 habitaciones en el lugar.

“Siempre hay resistencia”, dijo Schmidt, quien compró la propiedad Woodmont hace 10 años. “El costo de operar un campo de golf hoy es muy difícil, así es que se le está dando un mejor uso al terreno. Aun cuando algunas personas perdieron la vista, otras han conseguido unas mejores. No tiene ningún sentido permitir que el terreno siga improductivo”.

Michelle F. Tanzer, una abogada de Boca Raton que representa a los constructores de centros vacacionales y dueños, y es miembro de la junta de la Asociación Nacional de Clubes, ha ayudado a los clubes campestres a adaptarse a lo que ella dijo que es una demanda en aumento de instalaciones para mantenerse en forma, albercas al estilo de los centros turísticos, parques acuáticos y mejores opciones para cenar en sitios donde antes solo el golf era la norma. Al sector del golf, dijo, “le está yendo mucho mejor de lo que estaba desde el 2009”.

La fuerte inversión en sus instalaciones que ha hecho del Club Campestre Boca West, dijo Tanzer, “es un ejemplo perfecto de adaptación” a la cambiante economía del golf. “Están gastando una fortuna en hacer que el sitio sea amigable con la familia”, añadió. “Es un jonrón”.

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Oliver K. Hedge, quien valora propiedades de campos de golf para la agencia inmobiliaria Cushman & Wakefield, dijo que el sector del golf “ha dado grandes zancadas” para sacudirse los campos de poco rendimiento en los últimos años.

“Muchos de los clubes que han cerrado realmente debieron haber cerrado”, dijo Hedge. “Florida es un buen microcosmos del país porque somos tan densos en cuanto a campos de golf”.

Muchos de los cierres, añadió, han sido de campos públicos y semiprivados, éstos como referencia a clubes que tienen un programa de membresía activa, pero permiten que quienes no son miembros jueguen por una cuota.

En el 2009, con lo que llamó Hedge “el modelo de economía anterior”, el Club Campestre Marsh Landing, un campo privado a 483 kilómetros al norte de esta localidad, en Ponte Vedra Beach, Florida, cobraba 100 mil dólares por inscripción, 90 por ciento de la cual era reembolsable al renunciar. Las anualidades eran de 6 mil 612 dólares. Hoy, esa misma membresía cuesta 25 mil dólares, pero ya no es rembolsable, en tanto que las anualidades aumentaron a 8 mil 400 dólares.

Un constructor, conocido por ser intimidante en el golf, es el omnipresente Donald J. Trump, quien en el 2012 agregó a su cartera de 14 campos la adquisición de dos más en Florida, el Club de Golf Ritz Carlton y Spa en Jupiter, y el Centro Recreativo de Golf y Spa Doral, cerca de Miami.

El precio del centro en Jupiter, ahora conocido como Club de Golf Nacional Trump, no se dio a conocer, aunque la compañía invirtió alrededor de dos millones de dólares en renovaciones, según Hedge.

El constructor invirtió unos 250 millones de dólares en arreglar el centro Doral con cuatro campos, después de adquirirlo en bancarrota, en 145 millones de dólares. El 23 de octubre, durante una presentación de la campaña electoral en el centro, ahora llamado Trump National Doral, el aspirante a candidato alardeó de sus habilidades como negociador cuando consiguió que le rebajaran 25 millones de dólares del precio inicial de la propiedad.

“La clave del éxito en estas empresas era la oportunidad del mercado más amplio”, notó Hedge, refiriéndose a dos centros vacacionales de Trump. “Supongo que vieron el retorno del mercado de lujo del golf, lo cual ha sucedido”.

Ekovich, el agente de los campos de golf en Tampa, fue ligeramente menos positivo en su estimación de la fortaleza del mercado.

“Los ingresos subieron un poco, al igual que las rondas”, comentó Ekovich, quien notó que durante los años de recesión, el precio de algunos campos de golf había “caído violentamente”, a cerca de la mitad de su valor anterior. “Las cosas se están moviendo en la dirección correcta, pero, de ninguna forma, son aumentos meteóricos”.

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