New York Times Syndicate

En tu retiro lo ordinario puede ser extraordinario

Para las personas mayores, las experiencias ordinarias, como un paseo por el parque, pueden dar incluso más felicidad que un viaje en yate o una cena en Europa, todo depende del autoconocimiento, afirma un estudio publicado en una revista especializada en investigación de consumo.
New York Times News Service
05 septiembre 2014 20:9 Última actualización 07 septiembre 2014 5:0
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Una pareja de ancianos en sentada en un parque de Lisboa, Portugal. (Foto: Bloomberg)

Una pareja de ancianos en sentada en un parque de Lisboa, Portugal. (Foto: Bloomberg)

En julio, pasé un día en una biblioteca por primera vez en más de 20 años. Estaba allí por trabajo, pero me parecía ser el único que tenía que hacerlo. Todo el mundo expresaba diversión mientras la lluvia caía afuera, ayudándose a sí mismos en los interminables estantes de periódicos y revistas o navegando en búsqueda de la nueva ficción.

Mi trabajo me trae alegría. Pero cuando miré alrededor, especialmente a los clientes de más edad, se apoderó de mí, una sola emoción: los celos. Había pasado demasiado tiempo desde que había probado el simple pero profundo placer de perderme en las pilas de libros. Quería sentirlo de nuevo.

Ese deseo se quedó conmigo y me ayudó a reconocer qué tan importante podría ser una investigación publicada en la edición de junio de la revista Journal of Consumer Research, para ayudar a muchos a encontrar tranquilidad, mientras contemplan sus ahorros para la jubilación. El artículo principal informó que las personas mayores a menudo basan la felicidad, tanto en las experiencias ordinarias – como un día en la biblioteca – como con las extraordinarias.

Para las personas que no han ahorrado lo suficiente o han irrumpido sus ahorros debido a la pérdida de empleos y las crisis de salud, los resultados ofrecen un rayo de esperanza. Si puede cubrir sus gastos básicos, persiguiendo cosas baratas y cotidianas que aportan comodidad y satisfacción, puede lograr la felicidad de igual forma que subiéndose a los aviones en viajes internacionales en sus 70 y 80 años.

Los autores del estudio, Amit Bhattacharjee y Cassie Mogilner, se conocieron cuando Bhattacharjee estaba haciendo su doctorado en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, donde Mogilner es profesor asistente de mercadotecnia. Cuando decidieron trabajar juntos, no se dispusieron a hacer grandes declaraciones sobre el envejecimiento.

En lugar de eso, estaban tratando de ayudar a responder una de las próximas grandes preguntas en el campo emergente de estudios sobre la felicidad. Estudiosos de la materia ya han establecido que las experiencias tienden a dar mayor felicidad que las posesiones. Parece ser que lo que hacemos tiene mayor potencial para dar satisfacción y para recordar, que nuestras posesiones.

Pero Bhattacharjee, quien ahora es profesor asistente visitante de Mercadotecnia de la Tuck School of Business en el Dartmouth College, y Mogilner, querían saber qué tipo de experiencias hacía que la gente fuera más feliz, y por qué.

Para averiguarlo, llevaron a cabo ocho estudios en los que se preguntó a los participantes acerca de sus recuerdos sobre planear o soñar con diversas experiencias que les dio felicidad. También investigaron qué tipo de cosas estaban publicando en Facebook los sujetos del estudio.

Las definiciones de qué son las experiencias ordinarias y extraordinarias, por parte de los investigadores, eran simples y centradas en la frecuencia, cuando solicitaron a la gente a hablar de una u otra; las experiencias comunes ocurren con frecuencia y se producen en el curso de la vida cotidiana, mientras que las extraordinarias son mucho más raras.

Las experiencias extraordinarias traen gran alegría durante toda la vida. Eso no es sorpresivo. Pero lo que los dos investigadores encontraron, una y otra vez, era que las personas de más edad sienten mayor felicidad en las experiencias ordinarias. De hecho, el potencial de la felicidad sobre las actividades diarias crece igual a la de las que son más raras.

Para Bhattacharjee, de 32 años, los resultados ayudaron a aclarar algunas cosas acerca de sus propios padres. Se había sentido atraído por la investigación sobre las creencias morales y el bienestar, en parte, debido a que creció en un hogar de habla bengalí, de inmigrantes hindúes.

''Toda mi vida, me sentí como si estuviera tratando de resolver estas normas culturales que compiten’', dijo. ‘‘¿Qué es lo bueno? ¿Qué es deseable? Hay muy distintos tipos de normas que las personas aplican’'.

Cuando su hermano menor comenzó la universidad, los dos hermanos obsequiaron a sus padres con tarjetas de regalo de restaurantes y entradas para el teatro, para que pudieran deleitarse en su liberación de las obligaciones paternales a tiempo completo.

''Tenían cero interés’', recordó. ''Realmente disfrutan de lo ordinario. En algún momento, dejé de luchar contra eso. Y una vez que empecé a trabajar en ello, me ayudó a entender que su concepción de lo que es valioso es diferente’'.

Al menos, diferente a lo que una persona joven podría haber esperado. Sus padres nunca estuvieron dispuestos para el gran viaje o el vehículo. ''Le digo a la gente que he estado comprando un Mercedes nuevo y lo he dejado ir a un precipicio cada año durante 10 o 15 años’', dijo Arun, el padre de Bhattacharjee, refiriéndose al esfuerzo y al de su esposa para pagar la educación superior de sus hijos.

Ahora que Arun Bhattacharjee, de 73 años, está jubilado hace más de un lustro, dedica sus días a leer libros y el periódico, y a dar paseos regulares cerca de la casa familiar en Audubon, Pensilvania.

''Camino en el barrio, alrededor de la cuadra, un par de veces’', dijo.
''Todo el mundo me conoce. No importa que llueva o haga sol’'.

Su esposa, Ratna, de 63 años, todavía trabaja como ingeniero. Ella y Arun van a la India una vez al año a ver a su madre. La familia de cuatro se encaminó recientemente a Las Vegas, para gozar de unas vacaciones.

''No he perdido el interés en ese tipo de cosas’', dijo Arun Bhattacharjee. ''Pero no necesito ese tipo de cosas todo el tiempo para darme placer. Puedo obtenerlo de las cosas simples.''

¿Por qué podría ser? Bhattacharjee y Mogilner exploraron algunos de los factores, además de la frecuencia que separan las experiencias ordinarias y extraordinarias, y se apoderaron de uno en particular: la tendencia de auto-definir de alguna manera a las experiencias extraordinarias.

Una manera de pensar en esto es considerar las diversas aventuras que corren las personas más jóvenes para encontrarse a sí mismas.
''Ese tipo de exploración para ver lo que se ajusta y se siente, puede ser el proceso mediante el cual usted puede comenzar a determinar qué tipo de vida común quiere construir”, dijo Bhattacharjee.

Una vez que uno se conoce a sí mismo, la búsqueda deliberada de cosas ordinarias puede ofrecer el mismo nivel de felicidad. Tampoco hace daño que se pueda apreciar mucho más lo común una vez que se está consciente de la disminución del número de años que le quedan, para disfrutar de la vida.

Las personas mayores no tienen establecidos sus caminos, y tampoco quieren establecerlos, y sería un error pensar que nos conocemos lo suficiente como para estar seguros de lo que nos dará mayor satisfacción cuando seamos mayores. La jubilación es el punto justo de transición que hace que muchas personas busquen nuevas aventuras y tratan nuevas formas de estar en el mundo. Nadie debe negarse eso si se lo puede permitir.

Pero mucha gente no tendrá el dinero para ir a lugares lejanos o pagar para subirse a un avión. Las experiencias extraordinarias de bajo costo pueden estar muy cerca, pero debería ser de mucho consuelo el conocer que las cosas cotidianas de bajo o ningún costo puedan entregar la misma cantidad de alegría. Un jardín; la comida que se elabora a partir de lo que se cosecha, y el tiempo libre para inventar las recetas. Volver a un instrumento musical abandonado. Una suscripción de Netflix o Spotify del tipo de “Todo-lo-que-puedas-consumir”, con listas de reproducción y seguimiento que se extienden por años.

En cuanto a mí, estoy en la llamada mediana edad. Pero estoy casi seguro de que lo primero en mi lista de deseos de jubilación, será una tarjeta nueva de la biblioteca.

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