New York Times Syndicate

En Tailandia prospera el negocio de los fantasmas

Kapol Thongplub ha estado escuchando historias de fantasmas durante más de dos décadas como presentador de su programa “The Shock”, el cual desde medianoche hasta las tres de la mañana transmite los relatos de apariciones hechos por sus oyentes.
Thomas Fuller
27 febrero 2015 15:30 Última actualización 28 febrero 2015 5:5
Kapol Thongplub presentador del programa “The Shock”

La creencia en lo sobrenatural, los fantasmas y otras cosas, impregna la vida diaria en Tailandia. En la foto, Kapol Thongplub presentador del programa “The Shock”. (NYT)

BANGKOK.- Poco después de medianoche, sonó el teléfono en la estrecha estación de radio donde Kapol Thongplub tiene un programa nocturno dedicado a lo sobrenatural en el que recibe llamadas.

La interlocutora había encontrado recientemente un fantasma en una habitación de hotel en Bangkok.

“Vi a alguien de pie en mi habitación, una mujer”, dijo. 

“¿Le vio la cara?”, preguntó Kapol al aire.

“Oí algún tipo de ruidos indios, algún tipo de rezos indios”, dijo la mujer. “Sentí una fuerte presión sobre mi cuerpo”.


Kapol ha estado escuchando historias de fantasmas como ésta durante más de dos décadas como presentador de su programa “The Shock” (La conmoción), el cual desde medianoche hasta las tres de la mañana transmite los relatos de apariciones hechos por sus oyentes: taxistas, guardias de seguridad, estudiantes y cualquiera que esté despierto a esa hora.

En el proceso, Kapol, mejor conocido por su apodo, Pong, se ha vuelto el principal experto en fantasmas en un país que se toma a los fantasmas muy en serio y aparentemente está lleno de ellos.

Hay más de 100 tipos de fantasmas en Tailandia, dice, incluido el Pi Pob, que entra en los cuerpos humanos y los posee; el Preta, un fantasma alto y delgado que busca venganza entre los vivos; Phi Lung Kluang, una variedad del sur de Tailandia que forma una forma humana con un hoyo en la espalda, que expone su esqueleto; y los fantasmas de viudas, prevalecientes en el noreste de Tailandia, que buscan robar los hombres a sus familias.

La creencia en lo sobrenatural, los fantasmas y otras cosas, impregna la vida diaria en Tailandia. Los ministros inauguran sus oficinas en momentos propicios, y se ha sabido de generales poderosos que consultan a videntes antes de tomar una gran decisión, como lanzar un golpe de estado; algo que ocurre con relativa frecuencia en Tailandia. Los adivinos son consultados por todos, desde ejecutivos de negocios que forjan acuerdos multimillonarios hasta estudiantes que enfrentan carreras inciertas y parejas que quieren concebir.

Las élites políticas de Tailandia parecen estar entre las más supersticiosas. Cuando la imagen e un exprimer ministro, Samak Sundhornvej, apareció repentinamente en una gran pantalla en el Parlamento poco después de su muerte en 2009, el presidente del Parlamento abrió una investigación y no encontró una explicación terrestre para el hecho.

“Creo que es cierto”, dijo a los medios noticiosos. “El espíritu el señor Samal regresó para despedirse”.

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Bangkok tiene un centro comercial con el tema de los fantasmas, revistas llenas de historias de aparecidos, programas televisivos sobre fantasmas en horario estelar y muchos más programas que presentan a adivinos que ofrecen de todo, desde consejos sobre carreras profesionales hasta números de la suerte para la lotería.

Jessada Denduangboripant, un profesor de ciencias en la Universidad de Chulalongkorn en Bangkok que hace campaña contra lo que describe como una dependencia de la pseudociencia, dijo que veía poca evidencia de que el amor por lo sobrenatural estuviera disminuyendo.

“Nos han dicho desde niños que hay fantasmas en todas partes”, dijo Jessada. “Tenemos un iPhone y hay tecnología a nuestro alrededor. Pero nos aferramos a la superstición”.

Para Kapol, los fantasmas se han vuelto un negocio rentable.
Además de su programa de radio, que ha estado difundiéndose durante más de dos décadas bajo varios nombres, Kapol posee un restaurante con tema macabro, The Shock, donde la comida se sirve en ataúdes de madera en miniatura, y dos cafeterías con temas de fantasmas, también llamadas The Shock. Ha dirigido dos películas de terror y es un comentarista habitual en televisión cuando se necesita un experto en fantasmas.

Además, un poco improbablemente, es un destacado comentarista televisivo sobre las ligas de fútbol profesionales europeas.

Durante sus transmisiones de radio, envía a su personal a investigar las casas encantadas y les hace pasar reportes en vivo de lo que encuentran. Los entrelaza con las llamadas de quienes presentan grabaciones de campo del tipo de las que pudieran ser reproducidas en las casas del terror en los parques de diversiones.

“¡No se atreva a ver en el espejo!”, declara un anunciante con una voz espectral durante uno de esos enlaces. “Pudiera encontrar que está viendo a alguien más”.

Kapol ha escuchado incontables historias de fantasmas durante su carrera, y sus asistentes que seleccionan las llamadas a la estación de radio han escuchado incluso más.

Pero, en una entrevista, Kapol hizo avergonzado una confesión: En más de dos década de buscar fantasmas, realmente nunca ha visto uno.

“Se te pone la piel de gallina, y tienes la sensación de que hay algo ahí”, dijo. “Pero no puedo verlos. No tengo ese sexto sentido. Los percibo, pero no puedo verlos”.

Dijo que su vida había carecido de ambición antes de que fuera rescatado por el regalo de hablar sobre fantasmas.

Se describió como un haragán que en sus días de estudiante favorecía las muchachas y al alcohol por encima de las matemáticas y el inglés. Se saltaba clases y se salió de la universidad, lo que causó gran desilusión a sus padres, un empleado y una peinadora, que se habían esforzado y ahorrado para enviar a su hijo a escuelas privadas.
“Yo era un mal hijo. Mi madre lloraba constantemente”, dijo Kapol. “Querían que fuera servidor público”.

Ahora, a los 48 años, tiene 20 empleados y un mini imperio basado en los fantasmas. Les compró a sus padres una casa y un auto. Pagó la costosa operación renal de su padre.

Todo está perdonado, por lo cual agradece a los espíritus.
“Los fantasmas me dieron mi empleo y mi carrera”, dijo sentado en un banco en su restaurante. “Les temo, pero los amo”.

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