New York Times Syndicate

En peligro avances contra el sida en Sudáfrica por falta de recursos

La indiferencia del gobierno de Thabo Mbeki a la propagación del sida hizo que la organización norteamericana PEPFAR haya destinado más de 3 mil millones de dólares para su combate y tratamiento; 2.4 millones de habitantes reciben antirretrovirales, sin embargo el avance se puede detener ante la falta de recursos.
Donald G. Mcneil, Jr
05 septiembre 2014 17:9 Última actualización 07 septiembre 2014 5:0
Sida Sudáfrica

Gracias a la ayuda de PEPFAR, las transmisiones de madre a hijos han caído 90 %, las nuevas infecciones, en un tercio, y la expectativa de vida aumentó casi 10 años. (New York Times)

VERENA, Sudáfrica. – Un anuncio del Servicio Funerario Selala, borroso, a la vera del camino, en este poblado, captura lo que hasta hace poco era la esencia de la epidemia de sida en Sudáfrica: “Tenemos lápidas”. “Compre una y llévese una gratis”.

No hace mucho, hasta lugares como Verena, un puntito a un lado del camino, al noreste de Pretoria, tenían varias agencias funerarias.

Sin embargo, en los últimos años, “hemos logrado un milagro”, señaló el doctor Salim Abdool Karim, uno de los principales investigadores del sida en el país. “Las funerarias ya no son el negocio que uno quiere abrir”.

Hasta hace poco, en 2008, la epidemia de sida en Sudáfrica estaba fuera de control, debido a la indiferencia del presidente Thabo Mbeki, el sucesor de Nelson Mandela. Había muerte por todas partes.

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PEPFAR, EL PROGRAMA ESTADOUNIDENSE QUE CONTUVO LA EPIDEMIA

Ahora el país se ha ganado gran aprecio de los expertos mundiales en sida debido a su respuesta, en especial en un momento en el que el virus del ébola se ha propagado en el occidente de África.

En Sudáfrica, 2.4 millones de habitantes reciben fármacos antirretrovirales, muchísimos más que los de cualquier otro país, y se agregan 100 mil más cada mes. Hace cinco años, 490 clínicas distribuyeron esos medicamentos; ahora, son 3 mil 540. Entonces, se capacitó a solo 250 enfermeras para recetarlos; hoy son 23 mil, según las cifras, de finales de 2013, son las más recientes.

Las transmisiones de madre a hijos han caído 90 por ciento, las nuevas infecciones, en un tercio, y la expectativa de vida aumentó casi 10 años. “Sudáfrica toma muy seriamente esto y ha tenido avances muy pero muy importantes”, dijo Michel Sidibé, el director ejecutivo de UNAIDS, el organismo de Naciones Unidas para combatir la enfermedad.

Sin embargo, expertos dicen que hoy peligra gran parte de ese progreso.

Aunque son pocos los estadounidenses e, incluso, sudafricanos, los que se dan cuenta, el país debe gran parte de su éxito a un solo programa estadounidense, el PEPFAR, siglas inglesas para el plan de emergencia del presidente para ayudar con el sida, que se inició en 2003 con el entonces presidente George W. Bush. Se han destinado más de 3 mil millones de dólares en Sudáfrica, en gran parte, para la capacitación de médicos, la construcción de clínicas y laboratorios y la adquisición de fármacos.

Ahora, ese canal de ayuda se está secando porque el programa está cambiando su presupuesto limitado a países más pobres, y el gobierno sudafricano debe encontrar cientos de millones de dólares mientras aumenta rápidamente la cantidad de casos nacionales.

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FILANTROPÍA CLANDESTINA

El país tiene seis millones de infectados y 370 mil nuevas infecciones al año. Son siete veces más el número de infecciones nuevas en Estados Unidos, el cual tiene seis veces su población. Se está reduciendo el uso del condón, según un estudio nuevo, y las adolescentes se infectan en proporciones alarmantes.

Con todo, el doctor Aaron Motsoaledi, el ministro de salud nacional, dijo que tiene confianza en que Sudáfrica encontrará dinero y voluntad política para continuar con el combate.

“Es problema logístico”, dijo. “Cualquier país del mundo se sacudiría al someter a tratamiento rápidamente a 2.4 millones de personas. Pero no tenemos alternativa. Si no lo hacemos, ocuparán las camas de los hospitales y las unidades de terapia intensiva. Se está haciendo más fácil que la hacienda me dé lo que pido”.

La cadena de clínicas Right to Care del doctor Ian Sanne, donde se atiende a 203 mil pacientes en cinco provincias, es un ejemplo de los frutos de la generosidad estadounidense.

En un país donde los hospitales utilizan expedientes en papel, garabateados a mano, y tienen triste fama por sus prolongadas esperas, las oficinas centrales de Right to Care en Johannesburgo tienen un sistema de expedientes médicos electrónicos tan rápido que una enfermera puede leer el resultado de una prueba de tuberculosis, que entrega una máquina GeneXpert de 17 mil dólares, y cliquear una casilla para que pase la receta directamente al expediente del paciente.

En 17 segundos, en la farmacia de la clínica, un brazo robótico hecho en Alemania, extrae el fármaco del anaquel, imprime una etiqueta y lo deja caer en un conducto para que se le entregue al enfermo.

“Abrimos en 2004, con 100 por ciento de dinero de PEPFAR”, dijo Sanne. Right to Care, como muchos otros programas para tratar el sida en este país, debe su existencia a una decisión que se tomó ese año en el PEPFAR para ayudar discretamente, casi en forma clandestina, a Sudáfrica, cuando Mbeki todavía estaba en el poder.

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SE REDUCE AYUDA MONETARIA

En países pobres con sistemas de atención de a la salud deficientes, el PEPFAR le pagó a las escuelas de medicina estadounidenses para que operaran sus programas. En comparación, Sudáfrica tenía excelentes médicos y hospitales, pero el ministro de salud de Mbeki, quien decía que el ajo, el betabel y el limón podían curar el sida, prohibió que los hospitales públicos distribuyeran los medicamentos contra el sida.

Finalmente, se destituyó a Mbeki tras una lucha interna por el poder en el Congreso Nacional Africano en 2008; para entonces, los investigadores de Harvard habían calculado que sus políticas habían costado 365 mil vidas.

Entre tanto, el PEPFAR apoyó a médicos particulares como Sanne, Hugo Tempelman del grupo Ndlovu Care y Helen Rees del Instituto Wits de Salud Reproductiva en Johannesburgo.

Debido a que los sudafricanos son sensibles en cuanto a necesitar ayuda extranjera, ésta todavía se proporciona con poca publicidad. Muchas clínicas solo tienen un signo de sus raíces: una modesta placa de bronce con el logotipo del mundo y un listón rojo del PEPFAR.

“Me ha tocado tener delegaciones congresales que se molestan porque Estados Unidos no recibe reconocimiento por salvar vidas, mientras que a China se le da visibilidad por construir un aeropuerto en Mozambique”, contó Rees.

El país recibió 350 millones de dólares del PEPFAR el año pasado, según el doctor Eric Goosby, quien operó el programa hasta noviembre. Esa cifra se reducirá a 250 millones de dólares para 2016.

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NUEVOS FÁRMACOS

“Necesitamos ir a sitios como Burundi y Camerún”, comentó Goosby. El año pasado, Section 27, un organismo de activismo sanitario, encuestó a las farmacias de Sudáfrica y encontró que, a veces, a 20 por ciento se le habían agotado los fármacos para el sida o la tuberculosis.

Mark Heywood, el director ejecutivo de Section 27, dijo que el problema es el robo en las bodegas gubernamentales, perpetrado por funcionarios locales. Contó que algunos de ellos permanecen en el cargo con todo y las acusaciones penales que les levantaron, porque apoyaron al ala del presidente Jacobo Zujma en el CNA, profundamente dividido.

Motsoaledi estuvo de acuerdo en que esas bodegas son sitios de “corrupción y ratería”, y dijo que está haciendo que los hospitales ordenen directamente del fabricante o de un almacén nacional. No se protegerá a los funcionarios corruptos, ni siquiera por sus conexiones con el presidente, señaló.

Su mayor preocupación, dijo, es que las fuerzas fuera del país hagan subir los precios de los nuevos fármacos para el sida, al evitar la importación de versiones genéricas. Algunos sudafricanos todavía reciben los medicamentos más antiguos, que ya no se recetan en países más ricos.

En enero, Médicos sin Fronteras sacó unos documentos que obtuvo, en los cuales se delinea una campaña secreta, planeada por una firma de cabildeo en Washington, contratada por la industria farmacéutica. Se propone formar una organización falsa llamada “Avanza Sudáfrica” para defender leyes sobre patentes más estrictas contra los genéricos.

Motsoaledi denunció públicamente el plan como algo “satánico” y “genocida”, y el cabildeador farmacéutico lo abandonó después de que renunciaron varios de sus miembros en protesta.

Motsoaledi dijo que tiene confianza en que al final podrá sacarle dinero suficiente al gobierno para tratar a todos.

“Si no lo hacemos”, dijo, “haremos que empeore la tuberculosis, aumente el cáncer cervical y hasta que retorne la lepra. Desde cualquier ángulo que se vea, es más barato tratar temprano a la gente. El ministerio de hacienda lo entiende. Se está facilitando que esté de acuerdo”.

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