New York Times Syndicate

Ellos podrían ser la clave para la cura del cáncer

Los respondedores excepcionales son personas dentro de miles que tras recibir algún medicamento experimental logran una respuesta satisfactoria y representan una posibilidad de encontrar una solución a ese mal.
New York Times
17 octubre 2014 22:25 Última actualización 18 octubre 2014 5:0
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Grace Silva logró controlar su cáncer de tiroides anaplásico con un medicamento que estaba hecho para otro tipo de cáncer. (NYT)

Grace Silva logró controlar su cáncer de tiroides anaplásico con un medicamento que estaba hecho para otro tipo de cáncer. (NYT)

Grace Silva tiene una horrible forma de cáncer de tiroides que se considera intratable: por lo general los pacientes son enviados a un hospicio y mueren a los pocos meses de saber que tienen la enfermedad.

Pero ella todavía está viva cuatro años después de su diagnóstico.

Ella es lo que los oncólogos llaman un respondedor excepcional: alguien que desafía todas las expectativas, respondiendo de manera espectacular a un medicamento contra el cáncer, administrado no con un fundamento real, sino más por la necesidad desesperada de un médico por hacer algo.

Los anales de la medicina están llenos de historias de respondedores excepcionales, pero hasta hace poco no eran más que eso, historias.

Historias de casos que no podrían generalizarse, porque no había forma de saber por qué estos pacientes de alguna manera mejoraron cuando otros no. Pero ahora, con la llegada de la rápida y barata secuenciación de genes, el Instituto Nacional del Cáncer ha iniciado una búsqueda a nivel nacional para gente como Silva, para tratar de averiguar los cambios genéticos que les permitió responder.

En la semana The New England Journal of Medicine publicó cómo una historia clínica en la nueva era genética, concluye con una lección que puede ayudar a los médicos a tratar a miles de pacientes con otros tipos de cáncer más comunes, como el de mama y el de vejiga, e incluso ayudar a encontrar una alternativa cuando un medicamento común deja de funcionar.

La Doctora Barbara Conley, investigadora principal del nuevo estudio del instituto del cáncer, dijo que ella y sus colegas se había inspirado en un par de artículos publicados sobre respondedores excepcionales y análisis genéticos que revelaban por qué ellos reaccionaron como lo hicieron.

Un estudio del Centro de Cáncer Memorial Sloan-Kettering estaba probando una droga llamada everolimus, aprobada para cáncer de mama y de riñón. Los investigadores preguntaron si podría tratar cáncer de vejiga. Cuarenta y cinco pacientes recibieron el fármaco. Dos respondieron.

“El veredicto fue: 'Bueno, supongo que el everolimus no funciona en el cáncer de vejiga’,” dijo el doctor David Solit, el investigador principal.

Pero luego estaban esos dos pacientes, uno en particular. Su cáncer se había extendido al abdomen. Se esperaba que viviera menos de un año y no había tratamiento para ella. Pero con everolimus, sus tumores desaparecieron. “Yo estaba en una reunión clínica y todo el mundo estaba diciendo que este medicamento no funcionaba”, dijo Solit.

“Yo dije: A ella le funcionó”.

Los investigadores descubrieron por qué. Su cáncer tenía una mutación en un gen que lo hizo dependiente de una proteína, mTOR, para su crecimiento. El everolimus suprime la actividad de mTOR.

La mujer todavía está tomando everolimus y su cáncer no ha vuelto a aparecer. Entonces el grupo encontró otro respondedor excepcional, una paciente que tomaba un fármaco experimental para el cáncer de uretra, el tubo que transporta la orina del riñón a la vejiga.

“Ella no sólo respondió, sino que se curó”, dijo Solit. La compañía descontinuó la droga, ya que no estaba funcionando, excepto por ella, obligándola a dejar de tomarla. Pero el cáncer no ha regresado.

Conley en el instituto del cáncer y sus colegas decidieron revisar retrospectivamente una variedad de ensayos clínicos de drogas en fase inicial que habían sido abandonados porque, en promedio, no ayudaron a los pacientes.

¿Hubo algunos participantes que fueron ayudados, algunos respondedores excepcionales? “Sí, en realidad allí estaban”, dijo Conley. “El diez por ciento, tal vez menos, tuvo esta respuesta.”

EN BUSCA DE LOS RESPONDEDORES EXCEPCIONALES

El 24 de septiembre, el Instituto del Cáncer anunció que enviaría cartas a los oncólogos que buscaran respondedores excepcionales.

Esperan obtener muestras de tumores de 300 de estos pacientes, dijo Conley, y quieren encontrar 100 cuyas muestras de tumor contengan suficiente tejido para análisis. Hasta el momento, han examinado los datos clínicos de tres casos que fueron enviados.

Dos de ellos realmente son respondedores excepcionales, dijo.


EL POR QUÉ, ES EL RETO

Ahora el reto será averiguar por qué. Esto puede no ser fácil, dijo el doctor Charles Perou, profesor de oncología molecular en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

A veces, dijo, los investigadores podrán ver cientos de mutaciones en un cáncer y ninguno explicará la respuesta de un paciente a un fármaco. “Te quedas rascándote la cabeza”, dijo.

En ese sentido, señaló, ciertamente puede ver por qué el New England Journal of Medicine decidió publicar la historia de Silva.

“Es un ejemplo increíblemente interesante de la genética molecular y la respuesta a los fármacos y la resistencia”, dijo Perou.

UN EXPERIMENTÓ QUE LE SALVÓ LA VIDA

Los síntomas de Silva comenzaron en 2010 con el cuello y la garganta muy hinchados. Vio a su médico, quien le dio antibióticos, pero la condición se repitió una y otra vez. “Fui a mi médico y le dije: 'Esto no es normal’,” recordó.

Por último, Silva, quien tiene 58 años y vive en Dartmouth, Massachusetts, terminó en el Instituto del Cáncer Dana-Farber en Boston donde recibió una noticia terrible. Tenía cáncer de tiroides anaplásico. Es, dijo el Doctor Jochen Lorch, su oncólogo en el Dana Farber, “uno de los peores tipos de cáncer que se puede contraer”.

Los cirujanos extrajeron la glándula tiroides y el tumor que crecía allí y le dieron a Silva quimioterapia y radiación, pero el cáncer volvió a aparecer casi inmediatamente en sus pulmones y creció rápidamente, una situación típica.

“Sólo hay un máximo de tumor que el cuerpo puede soportar”, dijo Lorch. “Los tumores se comen todos los nutrientes alrededor, los pacientes pierden peso muy, muy rápidamente y hacen agujeros en la superficie de los pulmones. Los pacientes mueren muy rápidamente”.

Pero Dana-Farber estaba comenzando un estudio de everolimus en pacientes con cáncer de tiroides porque los estudios con ratones indicaron que podría funcionar. Los investigadores decidieron incluir siete pacientes con cáncer de tiroides anaplásico razonando que no había otros tratamientos para ellos. Para sorpresa de todos, Silva, pero ninguno de los otros pacientes con cáncer anaplásico, respondió inmediatamente.

Sus tumores se redujeron a casi nada y se quedaron así durante 18 meses. Eso, dijo el Dr. Nikhil Wagle, otro de los médicos de Silva en el Dana-Farber, “es simplemente insólito.”

Los investigadores secuenciaron los genes de su tumor y descubrieron por qué. Al igual que había sucedido con el paciente de cáncer de vejiga en el Memorial Sloan-Kettering, una mutación hizo al cáncer dependiente de mTOR, y la droga, casualmente, sofoca la producción de esa proteína.

Luego sus tumores comenzaron a crecer de nuevo. Silva aceptó hacerse otra biopsia y análisis genético para averiguar por qué la droga había dejado de funcionar. Resultó que una segunda mutación en el gen de la mTOR estaba dejando que su cáncer evadiera la droga y creciera.

Esa mutación nunca se había visto en un ser humano, a pesar de que hasta ahora los investigadores han determinado las secuencias genéticas de decenas de miles de tipos de cáncer.

Pero hace 20 años, se había visto en la levadura.

Un fármaco experimental, que Silva pronto recibirá como parte de un ensayo clínico, supera el efecto de la mutación, deteniendo el crecimiento del cáncer, al menos en los estudios de laboratorio.

El everolimus, sin embargo, es utilizado por miles de pacientes con cáncer de mama y riñón.

¿Por qué, entonces, nadie vio la mutación que puede impedir que funcione? La respuesta, dijo Lorch, es que el análisis genético real que reveló por qué el everolimus dejó de funcionar era “en realidad muy complejo”. Sin embargo, dijo, ahora que se conoce el cambio genético que conduce a la resistencia, los investigadores pueden buscar solo esa mutación. “Es casi seguro que el mecanismo de resistencia no solo se aplica a nuestro caso”, dijo Lorch.

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