New York Times Syndicate

El tren Yibuti-Etiopía muestra la experiencia y financiamiento de China

Tras construir una de las redes ferroviarias más extensas y modernas del mundo en su territorio, China está llevando sus prodigiosos recursos y experiencia al mundo, lo que lo está convirtiendo en el mayor socio comercial de África.
Andrew Jacobs| New York Times
24 febrero 2017 14:1 Última actualización 25 febrero 2017 4:55
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El tren de las 10:24 de la mañana que partiría de la capital de Yibuti atrajo a algunos de los personajes más renombrados del Cuerno de África en enero.

Deleitada por un coro de cantantes tribales, la multitud de líderes africanos, diplomáticos europeos e íconos del pop subió las escaleras de la estación ferroviaria recién construida y se abrió paso alegremente hacia los vagones prístinos y con aire acondicionado en que harían el viaje inaugural.

“Este es en verdad un momento histórico, un orgullo para nuestras naciones y pueblos”, dijo Haile Mariam Desalegn, el primer ministro de Etiopía, poco antes de subir al ferrocarril ⎯ el primer tren eléctrico y transnacional en África ⎯ que se dirigiría a Addis Abeba, la capital de Etiopía. “Esta línea férrea cambiará el panorama social y económico de nuestros dos países”.

Pero quizá la mayor estrella del día fue China, que diseñó el sistema, suministró los trenes e importó cientos de ingenieros durante los seis años que tomó la planeación y construcción de la línea férrea de 750 kilómetros. ¿Y el costo de 4 mil millones de dólares? Bancos chinos ofrecieron casi todo el financiamiento.

Tras construir una de las redes ferroviarias más extensas y modernas del mundo en su territorio, China está llevando sus prodigiosos recursos y experiencia al mundo.

Vagones de tren subterráneo de construcción china pronto aparecerán en Chicago y Boston, Pekín está construyendo una línea de tren de alta velocidad de 5 mil millones de dólares en Indonesia, y el gobierno chino recientemente puso en funcionamiento un nuevo servicio de carga ferroviaria entre Londres y Pekín.

Otro sistema ambicioso en preparación, la Red Ferroviaria Pan Asiática de 3 mil 900 kilómetros, vincularía a China con Laos, Tailandia y Singapur.

Pero pocos lugares están siendo reformados por el gigantesco esfuerzo de China en el extranjero como África, un continente que ha visto relativamente poca construcción ferrocarrilera nueva en un siglo.

Pese a años de crecimiento económico constante, el África subsahariana sigue limitada por un déficit de infraestructura, según el Banco de Desarrollo de África, con solo la mitad de sus carreteras pavimentadas y casi 600 millones de personas sin acceso a la luz eléctrica.

Las empresas chinas, muchas de ellas de propiedad estatal y enfrentadas a una desaceleración económica interna, han entrado en acción, gastando unos 50 mil millones de dólares anuales en puertos, autopistas y aeropuertos nuevos en todo el continente, según la Iniciativa de Investigación China-África en la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados.

Muchos de los proyectos son parte de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda de Pekín, un esfuerzo de un billón de dólares que pretende profundizar los lazos entre China y sus socios comerciales en el mundo en desarrollo.

Mucho de ese gasto se ha dirigido a proyectos ferroviarios que los planificadores esperan transformen la forma en que los africanos viajan y hacen negocios entre sí, y con el resto del mundo.

Los proyectos de construcción y financiamiento chinos incluyen un sistema de tren ligero inaugurado hace dos años en la capital etíope; un enlace ferrocarrilero de 13 mil millones de dólares entre la capital keniana, Nairobi, y la ciudad portuaria de Mombasa que abrirá a fines de 2017; y un ambicioso proyecto de modernización de trenes en Nigeria que incluye un sistema de transporte urbano para Lagos.

“Durante mucho tiempo, los ferrocarriles en toda África estuvieron renqueando y deteriorándose, pero, con los chinos, eso definitivamente está cambiando”, dijo Andrew Grantham, el editor de noticias de Railway Gazette International una publicación de la industria.

El entusiasmo de China por construir ferrocarriles, escuelas y estadios en África contrasta marcadamente con el papel de Estados Unidos, que en gran medida ha rehuido financiar infraestructura en el continente.

Una de las pocas excepciones, Energía para África, una iniciativa de 9 mil 700 millones de dólares anunciada por el presidente Barack Obama en 2013, se ha quedado corta en su objetivo de ofrecer electricidad a 20 millones de hogares en un plazo de cinco años.

En cuanto al comercio, China superó a Estados Unidos en 2009 para convertirse en el mayor socio comercial de África.

Sigue siendo poco claro cómo podría cambiar ese cálculo bajo el gobierno del presidente Donald Trump. Él ha cuestionado los beneficios de los acuerdos de libre comercio y un cuestionario que su equipo de transición envió al Departamento de Estado el mes pasado expresaba escepticismo respecto de los esfuerzos de desarrollo y ayuda extranjera en África.

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Eso preocupa a algunos funcionarios y expertos veteranos africanos, que temen la pérdida de la influencia y generosidad estadounidenses, y de la buena voluntad que a menudo se produce a través de los proyectos de infraestructura que se necesitan desesperadamente.
Amadou Sy, director de la Iniciativa de Crecimiento en África del Instituto Brookings, dijo que Estados Unidos también estaba dejando pasar las oportunidades de cultivar clientes leales.

“Si se buscan nuevos mercados, África es el lugar donde hay que estar”, dijo. “Pero, en este momento, Estados Unidos no está aprovechando el enorme potencial de África. En comparación, los chinos están ahí, y están dispuestos a correr riesgos”.

China está invirtiendo más de 14 mil millones de dólares aquí en Yibuti, un pequeño país geopolíticamente estratégico asolado por una pobreza y desempleo crecientes. Los proyectos incluyen tres puertos, dos aeropuertos y un ducto que traerá agua desde Etiopía, su vecino sin costas y una potencia económica regional que depende de los puertos de Yibuti para 90 por ciento de su comercio exterior.

No todos se sienten cómodos con la visión de China. A algunos les preocupa la influencia que China ejerce y lo que suceda cuando los países se retrasen en los pagos de los créditos.

Para Yibuti, la deuda es especialmente abrumadora, pues representa el 60 por ciento de su producto interno bruto. Pero Ilyas Moussa Dawaleh, el ministro de Finanzas del país, restó importancia a esas preocupaciones, diciendo que la estimulante tasa de crecimiento de 6.7 por ciento del país le permitiría cumplir con sus pagos de préstamos.

“Si no corremos este riesgo ahora y desarrollamos nuestra infraestructura, seguiremos atascados en la pobreza”, dijo. “Regrese en unos años, y encontrará que Yibuti se ha convertido en el centro logístico del continente”.

A otros les preocupa la falta de transparencia del gobierno yibutiano, sus impulsos autoritarios y un legado de corrupción oficial. Mohamed Daoud Chehem, un líder de la acosada oposición de Yibuti y ex candidato presidencial, dijo que la falta de información sobre las condiciones de los préstamos de China planteaba dudas sobre potenciales actividades ilícitas.

“Estamos hablando de miles de millones de dólares y de una completa opacidad”, dijo. “¿Ha habido sobornos a funcionarios gubernamentales? No hay forma de saberlo”.

Otros se preguntan qué sucederá con el sistema después de que se vayan los chinos. Los imperialistas europeos en África construyeron una madeja de líneas férreas, la mayoría de las cuales cayó en el deterioro en las décadas posteriores a que sus colonias lograron la independencia.

Aunque los trabajadores de China hicieron gran parte del trabajo técnico y de ingeniería, miles de obreros yibutianos y etíopes fueron contratados para tender vías y cavar túneles, ayudando a desactivar parte del resentimiento local que ha plagado a otros proyectos chinos en África.

El sistema será operado por conductores chinos por cinco años y luego entregado a ciudadanos locales, muchos de ellos capacitados en China.
Después de una bulliciosa ceremonia de inauguración bajo el achicharrante sol, solo los asistentes mejor conectados tuvieron autorización para abordar el tren, el cual se llenó de aplausos y canciones mientras salía de la estación.

Daha Ahmed Osman, un especialista técnico de 34 años de edad que trabaja para el gobierno yibutiano, mostró una amplia sonrisa mientras veía el árido y ásperamente hermoso paisaje que pasaba por las ventanillas del tren.

Predijo que el nuevo tren transformaría a Yibuti y a Etiopía, y eventualmente a toda África. “Tenemos que agradecer esto a los chinos, porque nos compartieron su dinero y su tecnología”, dijo. “Más que cualquier cosa, les agradecemos por mostrar confianza en nosotros”.

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