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El tesoro de los hobbits está en Suiza

El universo fantástico de J.R.R. Tolkien tiene su museo muy cerca de Zurich, en un ambiente frío y por demás misterioso. Se trata del único recinto cultural cuya única intención es la promoción de Tolkien, sus obras, sus obsesiones y muchas cosas más. 
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03 enero 2015 17:56 Última actualización 04 enero 2015 13:12
Hobbits

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Hasta el año pasado, Jennis (con una población de 914 habitantes), a una hora al sureste de Zurich en auto, parecía cualquier otra población pequeña en la frondosa región viticultora de Bündner Herrschaft en Suiza, con viñedos ondulantes cargados de uvas pinot noir que trepaban hasta casas ribeteadas flanqueadas por maceteros de brillantes geranios. En estos días, sin embargo, hay una nueva incorporación muy notable.

Al final de Verduonig, una tranquila calle residencial, un pequeño letrero de madera que anunciaba “Museo” era el único indicio de la anomalía por delante: una estructura de piedra y ladrillo rojo cubierta de vides que parecía sobresalir de la tierra como un gran montículo, con una puerta de roble redonda y verde con picaporte de latón, y ventanas circulares que se asomaban a un jardincito de rosales.

Como reconocería cualquier fanático de J.R.R. Tolkien, era una madriguera de hobbits. La notable estructura es la asombrosa entrada al Museo Greisinger, el primer museo del mundo dedicado al universo de ficción de Tolkien: la Tierra Media.

Abierto en octubre de 2013, el museo ha visto a unos 3 mil visitantes hasta ahora, y se espera que ese número aumente con el estreno de la entrega final de la trilogía de Peter Jackson, “The Hobbit: The Battle of the Five Armies”.

El museo es la visión de Bernd Greisinger, un ex administrador de fondos que ha reunido lo que muchos expertos en Tolkien consideran el mayor tesoro de objetos coleccionables de la Tierra Media del mundo, con 3 mil 500 libros y 600 obras de arte que incluyen pinturas y dibujos de los famosos artistas tolkianos Douglas Beekman, Cor Blok y Alan Lee.

“Es el único museo cuya única intención es la promoción de Tolkien, las obras de Tolkien y las adaptaciones subsecuentes”, aseguró Shaun Gunner, presidente del club de fans basado en Gran Bretaña, la Tolkien Society. “Hay una colección sin rival de libros raros y objetos coleccionables”.

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Hobbits

El Museo Greisinger no es un museo común, sino uno rebosante de excentricidades conforme desciende en una madriguera de habitaciones inusuales a dos niveles por debajo del suelo. Para empezar, las arcadas de la madriguera de los hobbits solo miden 1.5 metros de altura; los hobbits son criaturas pequeñas, después de todo. Los visitantes también solamente pueden ver la colección durante uno de los recorridos guiados de dos horas, muchos de los cuales los realizan guías disfrazados, incluido Greisinger, en alemán, francés o italiano. Aunque esos idiomas son más fáciles de interpretar que el elvish, sin duda, también hay disponibles recorridos en inglés para grupos de 10 o más personas; todos los recorridos deben ser reservados con anticipación, por 50 francos suizos, aproximadamente lo mismo en dólares.

Quizá el aspecto más raro –y más maravilloso– del museo de 3 mil 345 metros cuadrados es que cada una de las 11 salas adicionales además de la madriguera de hobbits de tres habitaciones representa una ubicación diferente del mundo fantástico de Tolkien. Los recorridos comienzan en la madriguera de hobbits, cuyos muebles incluyen rústicas sillas de madera talladas a mano ubicadas en torno a una chimenea y un gran escritorio apilado con mapas de la Tierra Media.

“Queremos dar a la gente la sensación de que están en el lugar correcto, que se sienta como si estuviera dentro de una madriguera de hobbits”, dijo Greisinger.

Varios de los objetos coleccionables también son visibles, más notablemente un candelero del bungaló a orillas del mar de Tolkien en Poole, Inglaterra, y el calendario de Ken Rudolph de 1969, el primer calendario artístico para fanáticos de Tolkien, publicado con obras de arte firmadas por el ilustrador de Tolkien Tim Kirk.

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Sin embargo, la madriguera de hobbits representa un mero arañazo de la superficie –literalmente– del museo experimental. Sus salas subsecuentes están todas intrincadamente diseñadas y son inesperadamente poco ortodoxas en su forma y tamaño: La sala de Gondor, que se extiende a dos pisos con una escalera de espiral, celebra al gran reino de la Tierra Media con pilares blancos; la sala de Rhovanion muestra dos estatuas hechas a la medida a semejanza de las Puertas de Argonath; y una instalación de casi cuatro metros de altura de una aterradora criatura balrog domina la sala de Moria.
En mi visita a fines del verano, Greisinger y yo escrutamos algunos de los 30 libros raros en exhibición, haciendo una pausa para examinar una inscripción hecha por Tolkien para su amiga cercana Elaine Griffiths en una primer impresión extremadamente rara de una primera edición de El señor de los anillos

Es la fascinación de Greisinger por los libros de Tolkien lo que alimenta su colección de arte.

“Nuestro trabajo es encontrar los originales de las diferentes ilustraciones en los libros”, comentó. Aunque Greisinger reconoce a las películas de Peter Jackson con artículos que incluyen algunos objetos de utilería de las cintas y un guión de El señor de los anillos: la comunidad del anillo firmado por los miembros del elenco, insiste en que las películas no son el foco de atención de su museo.

“Las películas de Peter Jackson son solo una interpretación del mundo de Tolkien”, dijo. “Mi objetivo es hacer que los visitantes comprendan más del mundo de Tolkien y todo lo que está relacionado con él”.

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