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MUNDO

¿El secreto del auge turístico de Islandia? Una crisis financiera y una erupción volcánica

Islandia se convirtió en un importante destino turístico atractivo y barato, luego de la fuerte devaluación de su moneda y la erupción del volcan Eyjafjallajokull, convirtiendo al turismo como la empresa más importante de la isla.
New York Times
02 diciembre 2016 17:30 Última actualización 04 diciembre 2016 5:0
Auroras boreales en Islandia (Shutterstock)

Auroras boreales en Islandia (Shutterstock)

REIKIAVIK.- Islandia ha descubierto el secreto para una industria turística en auge: primero tener una gigantesca implosión financiera, luego una enorme explosión volcánica.

El colapso de la corona islandesa después de la crisis financiera de 2008 transformó a esta isla ártica de 35 volcanes activos, en un destino importante al volverla más barata para los visitantes.

Dos años después, hizo erupción el Eyjafjallajokull, escupiendo densas nubes de ceniza a los cielos europeos, dejando a millones de pasajeros varados en tierra durante días y las aerolíneas sufrieron pérdidas financieras. Pero la explosión puso a Islandia en el mapa.

Los medios noticiosos extranjeros se abalanzaron a la isla, proyectando a todo el mundo imágenes de paisajes espectaculares, aun cuando los periodistas pasaban apuros para pronunciar el nombre del volcán.

“Islandia ha sido salvada por la crisis y la erupción”, dijo Fridrik Palsson, quien es dueño del Hotel Ranga, un hotel de lujo a solo 31 kilómetros de las laderas del Eyjafjallajokull, el volcán de 16 letras que a menudo es acortado a E-16 por los extranjeros. “Nunca he visto que algo despegue tan rápido”, afirmó.

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HOTEL RANGA EN ISLANDIA


Hotel Ranga en Islandia (NYT)


El efecto combinado de las catástrofes ha sido una invasión a una escala posiblemente no vista desde que los vikingos incursionaron en la isla hace cientos de años.

Se espera que los turistas superen a la población local de 330 mil habitantes en una relación de 7 a 1 el próximo año, según datos oficiales. En comparación, los visitantes del año pasado a Francia superaron en número a los franceses en 2 a 1.

El turismo es ahora la industria más grande de la isla, superando a la pesca y a la fundición de aluminio, como lo había hecho el sector financiero en los años previos a la crisis.

La afluencia pudiera ser incluso más alta tras el ascenso del Partido Pirata. Con su bandera pirata negra e inclinaciones anarquistas, recientemente obtuvo más escaños en el Parlamento e incluso más atención, ayudando a pulir la imagen de Islandia como genial y alternativa.

El número de turistas ha aumentado 30 por ciento anual durante los últimos cuatro años, según el Consejo Turístico de Islandia y aportaron ingresos de tres mil 200 millones de dólares en 2015, un tercio de los ingresos por exportaciones del país.

El turismo es el empleador más grande, y muchos islandeses están invirtiendo dinero en servicios y nuevas construcciones.

Palsson, que promovía a Islandia como un lugar para ver las auroras boreales, emplea a un astrónomo en su hotel. También ha invertido en tres costosos telescopios que son lo suficientemente poderosos para que los huéspedes vean los anillos de Saturno o el difuso brillo de una estrella moribunda distante.

Landsbref, una compañía de administración de fondos que se desprendió de uno de los tres bancos islandeses quebrados, estableció un fondo turístico de 37 millones de dólares.

Reikiavik parece una versión escandinava de Singapur: compacta, limpia, ordenada y rica. Las calles están flanqueadas por casas color de crayolas y autos Mercedes. Las elegantes cafeterías venden emparedados de col rizada y dátiles, además de tocar jazz etíope.

Los restaurantes ofrecen una ingeniosa cocina nórdica, usando ingredientes locales como frailecillo y tiburón. (Un chef también anunció orgullosamente que Islandia ahora cultiva pepinos, aunque en un invernadero.)

El 101, un hotel boutique que alguna vez fue un exclusivo lugar de reunión para los banqueros (101 también es el código postal más rico de la ciudad), ahora está lleno de turistas.

En una posible indirecta a los anteriores clientes frecuentes del hotel una escultura de lo que parecería ser un banquero con un traje sastre gris cuelga de una pared, con instrucciones crípticas inscritas debajo: “Desconecte la batería, retire la parte posterior y haga girar los soportes”.

Los turistas, que vienen de lugares tan lejanos como Hong Kong, andan en busca de las auroras boreales, escalan glaciares, se sumergen en el Círculo Ártico con los frailecillos (también conocido como frailecillo atlántico), montan a caballo o toman recorridos en helicóptero escuchando los sonidos etéreos y parecidos a los de las ballenas del grupo islandés Sigur Ros.

También los fanáticos de “Game of Thrones” acuden en tropel a los escenarios de filmación en toda la isla, algunos, al parecer, genuinamente en busca de los salvajes.

En las afueras de la capital, densas columnas blancas de vapor, que son aprovechadas para las necesidades energéticas de Islandia, se elevan en el cielo, como si la tierra estuviera fumando una pipa de agua. Hay manantiales termales en todas partes, incluso en los patios de los residentes.

Pero hay una creciente preocupación de que el turismo descontrolado esté ejerciendo una carga demasiado grande en esta pequeña isla.

Los precios de las viviendas y las rentas están aumentando rápidamente, forzando a los jóvenes a vivir con sus padres. Las rentas de autos se han triplicado, congestionando el tráfico. La basura y la contaminación de la iluminación están arruinando partes del paisaje, dicen muchos islandeses.

“Es como si la ciudad ya no fuera mi ciudad”, se quejó recientemente Birgitta Jonsdottir, la lideresa del Partido Pirata. “Es como el centro de Disneylandia”.

Un sondeo en octubre realizado por la cadena nacional RUV reportó que 87 por ciento de los islandeses quiere que el gobierno eleve las cuotas o impuestos a los turistas.

Pero, el auge del turismo está inquietando a algunos islandeses y se espera que otra crisis, como la que golpeó a los bancos, es solo cuestión de tiempo y muchos dijeron que están ahorrando dinero o invirtiendo en activos seguros.

Los pesimistas dicen que todo lo que se necesita para que explote la burbuja del turismo es un repentino descenso en el número de visitantes, desencadenado por algo como una crisis financiera en el extranjero o los efectos adversos de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

“Está sucediendo en todas partes de nuevo”, dijo Kristjan Asjaersson, un taxista de 51 años de edad.

Durante el breve apogeo de Islandia, recordó haber tenido que cruzar la isla solo para entregar los peces atrapados por millonarios islandeses; habían olvidado empacar su captura antes de partir en sus jets privados.

“Demasiadas personas dependen del turismo”, dijo. “Cuando el número de turistas caiga, la economía colapsará de nuevo. Sé que sucederá. Pero estaré preparado”.

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