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El ‘rugby de 7’ quiere fans en todo el planeta

¿Rugby en los Emiratos Árabes Unidos? Aunque usted no lo crea, este popular deporte europeo también existe en otras coordenadas. Esto demuestra, sin duda, el gran alcance que ha tenido el rugby en el mundo. 
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26 diciembre 2014 17:40 Última actualización 27 diciembre 2014 5:0
El rugby, uno de los deportes más antiguos de Europa. (NYT)

El rugby, uno de los deportes más antiguos de Europa. (NYT)

DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos.– Unos 40 kilómetros desierto adentro al sureste de aquí, lejos de la brillante variedad de rascacielos que se elevan hacia las nubes, se ubica un destellante estadio nuevo que alberga uno de los eventos más grandes del rugby mundial.

Es, en muchas formas, completamente incongruente: El estadio está al lado de una pista de carreras de camellos y en el corazón de un país cuyo equipo nacional de rugby no existía oficialmente hasta 2011. Pero la ubicación del estadio también es perfecta.

Durante años, el rugby fue dominado principalmente por un puñado de naciones en Europa (Inglaterra, Escocia, Italia, Irlanda, Francia y Gales) y algunos más en el Hemisferio Sur (Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica). El deporte, aunque innegablemente popular, carecía de alcance.

En los últimos años, sin embargo, el rugby ha florecido mundialmente, en gran parte debido a la expansión de una forma particular del juego. El rugby de siete, una versión simplificada y de ritmo más rápido del estilo tradicional conocido como “rugby unión”, es la forma que será usada cuando el rugby haga su retorno olímpico en los Juegos de Río en 2016; una realidad que ha acelerado el cambio en el ámbito del rugby.

El crecimiento ha sido asombroso: En 2008, los 10 países principales en términos de participación de rugby eran los nueve enlistados arriba, más Argentina. Para 2010, Japón, Sri Lanka y Estados Unidos habían ascendido a los 10 principales, mientras que el número de otros países con historias de rugby mínimas estaban registrando buenos resultados en eventos internacionales tanto en el lado varonil como femenil.

“Yo era jugador de basquetbol; jugaba en el poste”, señaló en una entrevista Andrew Amonde, capitán del equipo keniano. “No empecé a jugar rugby hasta hace unos siete años. Pero desde entonces, se ha convertido en el deporte número dos en Kenia, detrás del fútbol. Ahora jugamos en frente de grandes multitudes, en los estadios grandes. Todos en Kenia saben lo que el equipo de siete está haciendo”.

La atracción para jugadores y fanáticos en países como Kenia, Portugal, China y Estados Unidos es la sencillez del rugby de siete. El rugby tradicional usa 15 jugadores por lado, y su ritmo puede ser lento, ya que los juegos se detienen frecuentemente para las jugadas organizadas como saques de banda, en las cuales un jugador en la orilla lanza una pelota entre dos líneas de jugadores contrarios, o scrums, en los cuales los jugadores de ambos equipos se empujan unos a otros en una gran masa mientras la bola rueda por debajo para reanudar el juego.

En el rugby de siete, el ritmo, el movimiento y la velocidad son las características dominantes, y puede sentirse como si hubiera hectáreas de campo abierto, ya que cada equipo solo tiene siete jugadores. En vez de los partidos de 80 minutos del rugby estándar, el rugby de siete se juega en dos mitades de siete minutos, lo que representa un ritmo vertiginoso que generalmente incluye batallas constantes uno a uno en las cuales los jugadores se menean y balancean mientras corren velozmente hacia la línea de meta.

“Es un juego de evasión”, comentó Zack Test, un ex jugador de la banca del equipo de fútbol de la Universidad de Oregón que se ha convertido en una de las principales amenazas de anotación para el equipo de Estados Unidos. “Imagine si que quitarán las líneas ofensiva y defensiva en el futbol. La velocidad que le queda es de lo que trata el rugby de siete”.

El rugby de siete no es un juego nuevo; sus raíces pueden rastrearse hasta finales del siglo XIX. Pero la mayor parte de su historia, el juego fue visto como más una forma social de rugby, algo que los equipos usarían en las sesiones de entrenamiento de fin de temporada o como un torneo ligero y animado.

La popularidad del juego empezó a crecer a fines de los años 90 y principios de la década del 2000, cuando el organismo que rige al rugby internacional, ahora conocido como Rugby Mundial, empezó una serie de eventos mundiales. El mayor aumento se dio en 2009, cuando el Comité Olímpico Internacional votó para añadir a rugby para los Juegos de Verano de 2016 y 2020.

Repentinamente, el reflector sobre el juego se volvió más brillante, y aumentó rápidamente el interés en eventos como el celebrado en Dubái recientemente, que fue parte de un proceso de calificación olímpica. Algunos países, incluidos Rusia y China, rápidamente hicieron del rugby una parte del plan de estudios de educación física en las escuelas en un intento por acelerar el desarrollo del deporte.

“Jugué rugby antes, pero no había muchas de nosotras”, indicó Sun Tingting, la capitana del equipo femenil chino. “La posibilidad de las Olimpiadas cambió todo. Sería el honor de nuestras vidas estar en las Olimpiadas, y no habíamos imaginado que fuera posible antes”.
Ese incentivo aparece en todas partes. Sonny Bill Williams, uno de los jugadores más prominentes de Nueva Zelandia, es una de varias estrellas que se espera cambien al rugby de siete en preparación para las Olimpiadas. Funcionarios deportivos canadienses están invirtiendo más de un millón de dólares al año en el desarrollo del rugby, y Estados Unidos tiene a sus jugadores de rugby de siete trabajando de tiempo completo en el Centro de Entrenamiento Olímpico en Chula Vista, California.

Pedro Netto, el entrenador del equipo de Portugal, que tiene aspiraciones olímpicas más modestas, dijo que esperaba juntar a su equipo de jugadores amateurs mucho más a menudo conforme se acerquen los Juegos, y dijo que el comité olímpico de su país, que generalmente tiene pocos recursos, le había dado una cantidad de dinero modesta para ayudarle.

“Estamos usándolo para ir con los jefes de los jugadores y pedirles que permitan que los jugadores salgan a campamentos de entrenamiento más prolongados y a torneos”, dijo Netto. “No es perfecto, pero el rugby de siete es un juego donde cualquiera puede ganar. Nuestro equipo es prueba de ello”.

Mark Egan, el jefe de competiciones y desempeño de Rugby Mundial, dijo que nunca había habido alguna duda de que el rugby de siete era la mejor forma del juego para ser incluida en las Olimpiadas. Aunque los puristas preferirían el rugby de 15 hombres, protagonizar un torneo de 12 equipos en un juego en el cual dos juegos a la semana es considerado lo máximo no era factible, dijo. En el rugby de siete, los equipos pueden jugar tres partidos al día.

El rugby de siete también cierra la diferencia de géneros también, dijo Egan, haciéndolo particularmente atractivo para las Olimpiadas. Egan estimó que 160 de los 204 países con comités olímpicos también tenían federaciones de rugby, con naciones como Ecuador, Guatemalay El Salvador habiendo establecido recientemente organismos directivos en gran parte debido a la sencillez del deporte.

“No tenemos garantizado un lugar en las Olimpiadas más allá de 2020”, dijo Egan. “Sabemos que tenemos que ofrecer un producto de calidad, y pensamos que el rugby de siete ofrece una verdadera sensación de festival; un juego abierto, accesible y entretenido para hombres y mujeres que es fácil de entender pero sigue siendo divertido para los espectadores”.

La escena del Sevens Stadium aquí fue emblemática de ese sentimiento. inaugurado en 2008, el complejo tenía la capacidad para albergar a 100,000 fanáticos – la mayoría de ellos expatriados – para el evento de tres días, que incluyó torneos para equipos juveniles y de adultos junto con partidos profesionales de hombres y mujeres. Muchos fanáticos llegaron disfrazados – había un grupo particularmente impresionante de “storm troopers” de “Star Wars” que mantuvieron sus máscaras pese al sol abrasador – y las gradas estuvieron llenas durante un día de acción que se extendió por casi 12 horas.

Como siempre, hubo sorpresas, el mayor rasgo del rugby de siete quizá sea su “volatilidad”, según Mike Friday, el entrenador del equipo varonil de Estados Unidos, y los resultados pueden ser difíciles de predecir. Un novato equipo brasileño llevó a Francia al límite, y Canadá venció inesperadamente a Gales; las mujeres rusas casi derrotaron a Nueva Zelandia e Inglaterra, y Escocia dejó aturdido a Samoa, una de las potencias del deporte pese a su diminuta población. En los últimos años, Kenia ha derrotado a Nueva Zelanda y Australia en el rugby de siete, aunque este año el equipo varonil de Sudáfrica y el femenil de Nueva Zelanda se llevaron a casa los trofeos.

“Lo que hace el rugby de siete es permitir que cualquier país piense que tiene una posibilidad real”
, aseguró Friday, quien también a entrenado a Inglaterra y Kenia. 

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