New York Times Syndicate

El resurgimiento de una guerra desplaza a miles de iraquíes

Cientos de miles de iraquíes son desplazados de sus casas al quedar atrapados por la guerra entre dos sectas: chiitas y el ISIS. Ahora, las crisis humanitarias que viven ambos países están convergiendo.
New York Times
07 julio 2014 23:44 Última actualización 08 julio 2014 5:0
Desplazados iraquíes (NYT)

Millones de sirios han huído a Irak, ahora, los iraquíes también están en movimiento. (NYT)

DARBANDIKHAN.– Conforme los rebeldes sunitas avanzaban por Irak en las últimas semanas, cientos de miles de iraquíes fueron desplazados de sus casas. Para muchos, no fue la primera vez.

Ha habido muy pocos periodos de paz prolongados en Irán en las últimas décadas, y para los civiles ha significado la huida al parecer perpetua. Más de un millón de iraquíes han sido desplazados este año, la mitad o más en las últimas semanas, dice Naciones Unidas.

Para Akheel Ahmed, un árabe sunita que huyó de su hogar en la localidad de Balad en el centro de Irak, el temor y la incertidumbre estuvieron acompañados de la familiaridad. Llegó a esta aldea montañesa junto a la frontera iraní hace unos días con sus tres hijos, la segunda vez en los años recientes en que se ha convertido en un refugiado en su propio país.

Gesticulando con las manos, describió el campo de batalla en que se ha convertido su ciudad natal.

“Aquí está el ISIS”, dijo, refiriéndose a otro nombre que recibe el grupo militante sunita Estado Islámico de Irak y el Levante, “y aquí están las milicias chiitas. Nosotros estamos en medio”.

Luego enumeró los nombres de sus hijos, para enfatizar la urgencia de su éxodo.

“Tengo un Omar, un Othman y un Asha”, dijo, todos reconocibles como nombres sunitas, lo que les hace blanco de las milicias chiitas que ahora trabajan junto al ejército iraquí. “Los matarán”.

Los rápidos avances del EIIL y otros grupos militantes sunitas por todo Irak han fusionado cada vez más la guerra civil en Siria y el levantamiento sunita violento aquí en una sola zona de batalla. Millones de sirios ya han huido a Irak, Jordania, Líbano y Turquía, y ahora los iraquíes también están en movimiento.

Los iraquíes experimentaron una enorme crisis de refugiados después de la invasión estadounidense en 2003. En esos años, muchos huyeron a Siria, pero esa ya no es una opción. Jordania, otro destino del pasado para los refugiados iraquíes está enfrentando dificultades para atender a las enormes cantidades de sirios desplazados.

“La situación está alcanzando un punto crítico”, dijo un funcionario de la ONU que habló a condición del anonimato por cuestión de política oficial. Tan mal como está Siria, la crisis aquí está creciendo día a día y excediendo las capacidades del gobierno. Efectivamente no hay un gobierno centralizado sobre todo Irak ahora y, en los últimos años, ya era relativamente débil”.

Este año, Naciones Unidas solicitó a los donantes 106 millones de dólares par atender a los casi 500 mil civiles desplazados de la provincia de Anbar, donde los militantes empezaron a capturar territorio a fines de diciembre. Solo se recaudó una pequeña porción de esa cantidad, y ahora Naciones Unidas está planeando pedir a los donantes otros 312 millones de dólares para enfrentar una nueva ola de personas desplazadas.

Aquí en esta aldea en el noreste de Irak, la escuela está en receso y las aulas se han convertido en hogar para los desplazados de este país.
Se les preguntó a un grupo de hombres que estaban de pie afuera de la escuela primaria aquí, entre ellos Ahmed, si alguno de ellos había sido forzado a huir de su casa varias veces en la última década de violencia casi incesante.

“Sí, sí, todos nosotros”, dijo uno.

Otra escuela en esta ciudad también estaba llena de refugiados, muchos provenientes de la provincia de Diyala, un área mixta fuertemente disputada por las milicias chiitas y los militantes sunitas. Uno de los refugiados era Ahmed Awad, un niño de nueve años cuyo padre, dijo, fue secuestrado recientemente frente a él por pistoleros enmascarados. Era la segunda vez en los últimos años que había sido desplazado de su casa.

Su hermano mayor, Dia Awad, estaba de pie cerca y explicó por qué huyeron en 2007, recitando las razones tan casualmente como si estuviera leyendo una lista de compras de abarrotes.

“La guerra sectaria”, dijo. “Al Qaeda. Enfrentamientos. Volaron en pedazos nuestra casa”.

Muchos de los iraquíes desplazados han llegado a la región curda autónoma aquí en el norte. Dispersos en toda la región hay decenas de miles de refugiados sirios, algunos de ellos niños que mendigan en las vías de tránsito en la capital, Irbil. También hay personas que huyeron de los combates en Anbar a principios del año.

La región, aunque relativamente pacífica y próspera, ha estado inmersa en una pelea por los ingresos petroleros con Bagdad, que ha suspendido sus pagos de presupuesto al gobierno curdo. Eso ha producido una crisis fiscal y limitado significativamente la capacidad de la región para hacer frente al desafío de los refugiados. Líderes curdos, aunque reciben elogios por sus puertas abiertas, también recelan de permitir el ingreso de demasiados árabes en el territorio, especialmente si son varones solteros en edad de combatir.

Los curdos de Irak han estado desde hace tiempo en conflicto con las poblaciones árabes por el territorio, y en medio de los combates actuales han tratado de ampliar su enclave autónomo e incrementar su control sobre el mismo.

“No me dejarán entrar porque soy árabe”, dijo un hombre, cerca de un retén en la carretera entre Irbil y Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, que ha estado en manos de militantes.

En el otro lado de la región curda, cerca de la frontera siria y a varias horas en auto a través de las montañas y montes bajos, destartalados campamentos de tiendas de campaña han sido establecidos como casas temporales para los desplazados, muchos de ellos de las minorías vulnerables de Irak: cristianos, turcomanos y yazidis.

En uno de los polvorientos y sofocantes campamentos, donde había solo suficiente comida y agua pero pocos suministros médicos, Semira Ali, una mujer turcomana, estaba sentada con su gran familia. Eran originarios de Tal Afar, una ciudad cercana que fue el sitio de fieros combates entre militantes sunitas y el ejército, y esta no era la primera vez que huían. Fue en 2005, cuando los estadounidenses bombardearon la ciudad. La segunda vez fue en 2006, en la cúspide de la guerra sectaria. La tercera vez fue en junio.

Otro turcomano, Jassim Aziz Muhammed, estaba de pie cerca y dijo que su gente estaba atrapada entre las dos sectas en guerra. “Estamos en medio de los chiitas y el ISIS, y no sabemos lo que está sucediendo”, dijo.

Irak enfrenta un futuro sombrío, con el aparente desarrollo de una nueva guerra civil sectaria y la posibilidad de su fracturación en identidades de fe y etnicidad, en vez de nacionalidad. Los desplazados, también, enfrentan las mismas divisiones.

Aquí en Darbandikhan, la mayoría de los desplazados son árabes sunitas que huyen de las milicias o los ataques aéreos gubernamentales. Están enojados por las circunstancias actuales, pero expresan quejas más profundas arraigadas en la historia, que dejan poco espacio para la reconciliación entre la minoría sunita de Irak y su mayoría chiita.

Ahmed, reflejando una creencia ampliamente sostenida en la población sunita de este país, dijo en desafío de los hechos que su secta es una mayoría en Irak. En muchas formas, los sunitas de Irak nunca han aceptado el nuevo orden político que se dio tras la invasión estadounidense, que derrocó al gobierno dominado por sunitas de Saddam Hussein y condujo, a través de elecciones democráticas, al dominio chiita.

Para un nuevo líder de Irak, dijo, “aceptaríamos a un curdo, un cristiano o incluso un judío”.

Pero no, afirmó, un chiita.

“Nos consideran infieles”, dijo. “Y nosotros los consideramos infieles”.

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