New York Times Syndicate

El proyecto que busca convertir cadáveres en composta

Katrina Spade ideó este proyecto como una opción ante los cementerios que cada día más llenos, así como a la cremación, nada amigable con el medio ambiente. Pero Spade encontró otro beneficio: uno espiritual, pues al conectar la muerte con el ciclo de la naturaleza ayudará a la gente a enfrentar su propia mortalidad.
Catrin Einhorn
01 mayo 2015 17:11 Última actualización 03 mayo 2015 5:0
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Composta

¿Qué tal si pudiéramos cultivar nueva vida después de muertos? preguntó Katrina. (NYT)

CULLOWHEE, Carolina del Norte – El cuerpo de la diminuta mujer de 78 años de edad, con el cabello gris que le caía sobre sus hombros rígidos, fue llevado a una ladera en la Universidad del Oeste de Carolina aun vestido con una bata de hospital azul y calcetines amarillentos.

Fue tendida sobre un lecho de virutas de madera, y luego se depositaron más sobre ella. Si todo va según lo esperado, el cuerpo se convertirá en composta.

Es un nuevo paso asombroso en el movimiento de los entierros naturales. Aun cuando más personas optan por el entierro en simples sudarios o ataúdes biodegradables, los cementerios urbanos siguen llenándose. Para los ambientalmente conscientes, la cremación es una opción problemática, ya que el proceso libera gases de invernadero.

Armados con una prestigiosa beca de investigación ambiental, Katrina Spade, una residente de Seattle de 37 años de edad con un título en arquitectura, ha propuesto una alternativa: una instalación para elaborar composta humana.

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La idea está atrayendo el interés de los activistas ambientales y científicos. La mujer puesta a descansar en virutas de madera es un primer paso en la prueba de cómo funcionaría.

“Elaborar composta hace pensar a la gente en cáscaras de plátano y café molido”, dijo Spade. Pero “nuestros cuerpos tienen nutrientes. ¿Qué tal si pudiéramos cultivar nueva vida después de muertos?”

Los científicos están de acuerdo en que los seres humanos pueden ser convertidos en composta. Incontables granjas en todo Estados Unidos, incluidas al menos un tercio de las granjas lecheras en el estado de Washington, convierten en composta los cuerpos del ganado muerto. En algunos estados, los departamentos de transporte convierten en composta a los animales atropellados.

“Estoy absolutamente segura de que puede funcionar”, dijo Lynne Carpenter-Boggs, una científica de suelos en la Universidad Estatal de Washington que forma parte del consejo asesor del Urban Death Project, una organización sin fines de lucro que fundó Spade.

El proceso es sorprendentemente sencillo: Colocar material rico en nitrógeno, como animales muertos, dentro de un montículo de material rico en carbono, como las virutas y el aserrín, añadir humedad o nitrógeno extra y hacer ajustes conforme sea necesario. La actividad microbiana empezará el procesamiento de la pila.

Las bacterias liberan enzimas que desintegran el tejido en sus partes componentes como aminoácidos y, eventualmente, las moléculas ricas en nitrógeno se unen a las ricas en carbono, creando una sustancia como el suelo.

Las temperaturas alcanzan alrededor de 60 grados centígrados, a menudo más, y el calor mata a los patógenos comunes. Si se hace correctamente, no debería haber olor. Los huesos también se convierten en composta, aunque toman más tiempo que el tejido.

Spade ha diseñado un edificio par elaborar composta humana que pretende unir la eficiencia de este proceso biológico al ritual y simbolismo que anhelan los deudos. Cada instalación de Urban Death estaría centrada en una bóveda de tres pisos a la que ella llama “el núcleo”. Los seres queridos llevarían a sus muertos, envueltos en un sudario, por una rampa circular hasta la parte superior.

Ahí, durante una ceremonia de “colocación”, los deudos pondrían el cuerpo dentro del núcleo, el cual pudiera contener quizá 30 cadáveres a la vez. En las siguientes semanas, cada cuerpo descendería por el núcleo hasta que la primera etapa de la elaboración de la composta estuviera completa. En una segunda etapa, el material sería cernido, junto con cualquier hueso restante, y la composta sería recuperada.

Spade estima que cada cuerpo, combinado con los materiales necesarios como virutas y aserrín, produciría suficiente composta para llenar un cubo de 90 por 90 centímetros.

Semanas o meses después, los sobrevivientes pudieran recoger parte de la composta para usarla como lo crean conveniente, quizá en su jardín o para plantar un árbol. Spade prevé que el resto iría a parar a parques cercanos o terrenos en conservación. La elaboración de composta por cada ser humano costaría unos 2 mil 500 dólares, una fracción del precio de un entierro convencional, estima Spade.

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Espera construir la primera instalación en Seattle, luego desarrollar un esquema que otras comunidades puedan usar para instalaciones diseñadas localmente. “Como las bibliotecas”, dijo.

Spade, que sonríe mucho, es lo opuesto a fúnebre; rebosa energía y en ocasiones tiene que recordarse a sí misma que debe hablar más despacio. Estudio agricultura sustentable antes de ir a la escuela de arquitectura. La idea de elaborar composta la inspiró el “tronco vivero”, un árbol caído en un bosque que da origen a nueva vida conforme se descompone.

Más allá de los beneficios ambientales de elaborar composta con humanos, cree que hay uno espiritual: conectar la muerte con el ciclo de la naturaleza ayudará a la gente a enfrentar su propia mortalidad y dará consuelo a los deudos.

El entierro convencional es todo menos natural. Los cadáveres son preservados con fluidos de embalsamamiento que contienen formaldehído, un cancerígeno. Son sepultados en ataúdes hechos de metal o madera, y colocado dentro de una bóveda de concreto o metal.
Las tradiciones fúnebres, aunque comunes en Estados Unidos, son relativamente nuevas, y empezaron en la Guerra Civil cuando las familias del norte necesitaron llevar a sus hombres muertos a casa desde el sur.

“El ingenio estadounidense”, dijo Gary Laderman, profesor en la Universidad de Emory que se especializa en la historia de la muerte en Estados Unidos. “Embalsamar”.

Los ritos fúnebres pueden pasar de repugnantes a normales en un periodo sorprendentemente breve, dijo James Olson, un director de funerales en Wisconsin y presidente del grupo de trabajo de sepelios verde de la Asociación Nacional de Directores de Funerales.

La cremación, por ejemplo.

“Si le hubiera dicho hace 50 años que íbamos a quemar a su ser querido a 2000 grados y pulverizar su esqueleto en una máquina y regresarle los huesos triturados”, dijo, midiendo la temperatura en grados Fahrenheit (equivalen a mil 093 centígrados), “me habría dicho: 'Qué asco’”.

Llamó al concepto de Spade “maravilloso”.

Primero, sin embargo, ella y sus simpatizantes en el Urban Death Project tendrán que superar una variedad de obstáculos. No menos el factor de la repugnancia.

Muchos estadounidenses encuentran repulsiva la mera idea de convertir cuerpos humanos en composta, una contravención de las normas culturales y religiosas. Un critico del sitio web de Urban Death comentó: “Esto DEBE ser una broma. Si no, solo hay una palabra que puede posiblemente describir sus actividades: NAUSEABUNDO”.

Otra persona escribió: “Una pila de cadáveres se llama comúnmente una 'fosa común’. Por favor, detengan lo que están haciendo”.

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Luego están las barreras legales. Las leyes estatales varían: En los últimos años, varios han legalizado la hidrólisis alcalina, en ocasiones conocida como cremación en agua, en la cual los cuerpos son disueltos en una mezcla calentada de agua y sosa caustica. Pero en muchos otros estados, los cuerpos deben ser sepultados, enterrados, cremados o donados a la ciencia.

Persisten los interrogantes sobre cómo debería usarse la composta humana. Ciertos patógenos como los priones relacionados con la enfermedad de las vacas locas, pueden sobrevivir a la elaboración de composta, y está prohibido convertir en composta al ganado que ha muerto de ciertas enfermedades.

Algunos expertos recomiendan que la composta de ganado no se extienda en campos donde se cultivan frutas y verduras para consumo humano.

Como con la cremación, la contaminación de metales pesados pudiera ser un motivo de preocupación; quizá los empastes dentales tendrían que ser retirados de los cadáveres.

“Hay muchas discusiones que realizar con la comunidad médica y el departamento de salud”, dijo Carpenter-Boggs.

Sin embargo, Spade sigue adelante con determinación.

Recientemente, ella y Cheryl Johnston, una antropóloga forense en la Universidad del Oeste de Carolina, regresaron a la estación de investigación en la ladera de universidad. Doce cadáveres yacen descomponiéndose al aire libre, cadáveres de práctica para los estudiantes de ciencias forenses que aprenden a analizar los restos. A un lado estaba el cuerpo de la mujer de 78 años de edad, que había sido donado por su familia y había yacido en virutas de madera por unas tres semanas.

Después de retirar las virutas con rastrillos, palas y cepillos, expusieron parte de la mandíbula y pecho de la mujer. La temperatura del montículo era de 10 grados centígrados.

“No ha sucedido mucho”, dijo Johnston.

Spade trató de no parecer abatida.

“No me sorprende”, dijo.

En una llamada de conferencia a la mañana siguiente, Carpenter-Boggs, la científica de suelos, sugirió añadir material rico en nitrógeno para acelerar la elaboración de composta.

Para el ganado, el estiércol sería ideal, dijo, pero eso no sería apropiado para los humanos. En vez de ello, recomendó pacas o bolitas de alfalfa.

Spade sonrió radiante. “¿Quién no quiere que le pongan a descansar en alfalfa?”, preguntó.

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