New York Times Syndicate

El peor enemigo de Putin se encuentra disfrutando de su exilio en Brooklyn

Mijaíl Saakashvili vive un exilio autoimpuesto en la calle North Seventh; su historia sirve como moraleja para los muchos funcionarios del gobierno estadounidense que esperaban que fuera un modelo de democracia a exportar a las exrepúblicas soviéticas.
New York Times
27 septiembre 2014 19:28 Última actualización 28 septiembre 2014 5:0
Mijaíl Saakashvili . (New York Times)

Mijaíl Saakashvili . (New York Times)

NUEVA YORK – En la feria de comida Smorgasburg en Brooklyn, Mijaíl Saakashvili caminó con tenis verde fluorescente entre hombres barbados con tatuajes y mujeres que revelaban overoles. Hacían fila en las bolitas de queso, las donas Dun-Well y otras delicias locales. El ordenó un coco. “Mi amigo, uno de los más grandes jeques de los Emiratos Arabes Unidos, le dio a Georgia 20 mil palmeras”, dijo Saakashvili, el expresidente de Georgia, dejando caer un popote dentro de la fruta abierta con machete y vació el agua con unos cuantos sorbos profundos. “Como un regalo personal”.

Saakashvili vive un exilio autoimpuesto en la calle North Seventh, donde planea un retorno triunfal, a pesar de que su caída de la gracia sirve como historia con moraleja para los muchos funcionarios del gobierno estadounidense que esperaban que fuera un modelo de democracia a exportar a las exrepúblicas soviéticas.

Desde que dejó el cargo en noviembre, este favorito de George W. Bush – cuya confrontación con el presidente Vladimir V. Putin de Rusia llevó a una desastrosa guerra en 2008 – se apoderó del departamento de su tío en una torre en la costera de Williamsburg, donde disfruta con la ya antigua tradición del barrio de la riqueza de procedencia misteriosa.

Cuando no está entreteniéndose en los cafés, anda en bicicleta por el puente o pasa noches de solteros con amigos en la terraza del hotel Wyteh, Saakashvili aprovecha el conflicto ucraniano y de su experiencia con la ira de Putin como si fuera una cuerda salvavidas para volver a cobrar relevancia política.

Es el fin de Putin”, dijo Saakashvili, de 46 años, sobre la agresión rusa en Ucrania, el tema de discusión en septiembre, cuando el presidente Petro Poroshenko se reunió con el presidente Barack Obama y dirigentes congresales en Washington. Saakashvili calificó a las acciones de Putin como “muy pero muy similares” a las que tuvo en Georgia. “Creo que cayó en una trampa”.

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REVALUACIÓN DE SU REPUTACIÓN

Sin embargo, Saakashvili, con unos kilos de más que cuando estuvo en el poder, argumenta que el conflicto debería marcar también una revaluación de su propia reputación como un dirigente temerario porque los años de pisotear a sus oponentes, de adaptar al imperio de la ley en su beneficio y provocar a Putin para hacer una guerra que resultó en la muerte, desplazamiento y empobrecimiento de miles de georgianos, eclipsaron su revolución pacífica, color de rosa, y su compromiso con las reformas. “Se debería reconsiderar”, comentó.

Saakashvili dijo que si bien lleva “un vida normal” en Brooklyn, se considera la gran cosa en Europa Oriental, y señala que en un viaje a Albania “pararon el tránsito para que pasáramos con nuestra escolta de 20 coches”. El proyecto de rehabilitación personal de Saakashvili se complicó por su popularidad erosionada en su país de origen y los cargos que le levantaron fiscales georgianos por violaciones de los derechos humanos y malversación de fondos gubernamentales.

Menospreció a los fiscales por ser títeres políticos de su némesis, el multimillonario y exprimer ministro Bidzina Ivanishvili. Algunos de los críticos de Saakashvili concuerdan en que las acusaciones dicen tanto del ansia de venganza del actual gobierno georgiano, como de él mismo. Por ahora, Saakashvili escribe sus memorias, pronuncia discursos “muy bien pagados”, ayuda a establecer una empresa emergente de investigación con sede en Washington, y visita a viejos estimuladores, como el senador John McCain y Victoria Nuland, la secretaria asistente de Estado.

Comentó que está en proceso de cambiar su estatus de turista en Estados Unidos por una visa de trabajo y, mientras, disfruta de los bares y cafés de su patria adoptiva. Ha recibido en su terraza en el techo, con vistas panorámicas de Manhattan, a David H. Petraeus, el exdirector de la Agencia Central de Inteligencia y espera a Nicolás Sarkozy, el expresidente de Francia, para finales de mes.

Mijaíl Saakashvili . (New York Times)
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SE CONVIRTIÓ EN VIRAL

Es frecuente que a Saakashvili lo noten sus compatriotas, cuyas opiniones sobre él varían.

“Está creando divisiones en la diáspora”, dijo Vajtag Gomelauri, uno de sus críticos que organizó una protesta en su contra en 2012, en Naciones Unidas, después de la revelación de las violaciones rampantes de los internos en las cárceles georgianas. Sin embargo, un grupo de estudiantes georgianos estaba ansioso por posar con él en una plataforma del metro.

“Se volvió viral”, dijo Saakashvili. Por lo general, el expresidente toma el tren L a Manhattan, donde frecuenta el Oda House en East Village (le cae bien al dueño, pero no al mesero) y Pepela, donde ordena cosecha 2004 del Orovela Saperavi, el vino tinto seco de Georgia, y donde hace poco comió con Bill Clinton.

Cuando iba Columbia, vivía en Queens, con su esposa holandesa, Sandra Roelofs, quien trabajaba en Cheesy Pizza antes de que ambos encontraran empleo en despachos de abogados en Manhattan y se mudaran al Upper West Side. “Queens es como el aspirante a ser Nueva York”, dijo Saakashvili. “Recuerdo eso amargamente. Williamsburg es como Nueva York, sin gente atractiva”.

Mijaíl Saakashvili . (New York Times)

Mientras hablaba, miraba más allá del puente de Williamsburg. Hoy día, Roelofs sigue en Tiflis, la capital de Georgia, con su hijo más chico. El mayor, Eduard, rompió una vez el récord mundial en velocidad al teclear en una iPad, está en el Colegio Swarthmore en Pensilvania.

Saakashvili dijo que espera la renovación de su titularidad como “estadista sénior” en Tufts, pero la universidad dijo que la relación concluyó en mayo. Además, Saakashvili dijo que no buscó trabajo en su alma mater, Columbia, pero un exprofesor dijo que gente cercana había preguntado si habría algún puesto en la facultad de derecho. Lincoln Mitchell, un crítico de Saakashvili, quien fuera profesor adjunto en Columbia, dijo que dirigentes de esa facultad tenían inquietudes. “¿Lo acusaría un tribunal internacional?”, recordó Mitchell que se preguntaban. “Y preocupación por su comportamiento personal”. En agosto, fiscales georgianos acusaron a Saakashvili de usar dinero público para pagar, entre otras cosas, gastos de hotel para un estilista personal, el hotel y los pasajes para dos modelos de modas, inyecciones de Botox y remoción de vello, la renta de un yate en Italia y la compra de obras de arte de la artista londinense Meredith Ostrom, quien hace impresiones en el lienzo con el cuerpo desnudo y pintado.

También lo acusaron de violentas medidas enérgicas contra un mitin político de oposición en 2007. De ser condenado, Saakashvili podría cumplir una sentencia de hasta 11 años de cárcel. También se le acusa de usar dinero público para llevar a Dorothy Stein, su masoterapeuta, en avión a Georgia, en 2009.

Él dijo que Stein le dio masaje “solo una vez”, pero ella comentó que recibió 2,000 euros por masajearlo múltiples veces, incluido uno característico suyo: “masaje a mordidas”. “Me dio un montón de regalos”, contó Stein, quien divide su tiempo entre Berlín y Hoboken. “Me dijo: 'Oh, a mi esposa no le importa’. Me dio un collar de oro con una especie de pendiente religioso, que, obviamente, no me pongo porque mi dios es Frank Zappa”.

Saakashvili dijo que los cargos solo demuestran que es el blanco de una cacería política de brujas. “Si no puedes encontrar, para alguien que estuvo en el poder nueve años en un país postsoviético, cualquier cosa conectada con la corrupción o el enriquecimiento es buena”, dijo, y agregó: “Eso me enorgullece”.

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